Monedas que se encogen

Por Redacción

Luego de una etapa signada por el triunfalismo, los gobiernos de muchos países “emergentes”, entre ellos el nuestro, se han visto obligados a moderar sus pretensiones y permitir que sus monedas se devalúen. El mes pasado, el peso oficial perdió el 3% de su valor frente al dólar estadounidense; de mantenerse tal ritmo, la caída anual superaría el 35%. También están batiéndose en retirada el real brasileño, la rupia india y la lira turca. Detrás del repliegue generalizado de las monedas de países que hasta hace poco parecían destinados a continuar expandiéndose con rapidez por mucho tiempo más está la conciencia de que el titular de la Reserva Federal estadounidense, Ben Bernanke, cree que pronto será necesario poner fin al período de dinero insólitamente barato que se adoptó a mediados del 2008, cuando una crisis financiera de dimensiones alarmantes amenazaba con provocar una gran depresión mundial. Los inversores reaccionaron buscando oportunidades para lucrar en los países calificados de “emergentes”, cuyos gobiernos, como es natural, atribuyeron la llegada de cantidades impresionantes de dinero fresco a su propia habilidad, felicitándose por haber armado “modelos” que, afirmaban, eran claramente superiores a los construidos por los países ricos. Aunque la Argentina no recibió muchas inversiones significantes, se vio beneficiada por el optimismo generado por la abundancia de liquidez, además, desde luego, por los precios altísimos que alcanzaron en los mercados internacionales commodities agrícolas como la soja. En nuestro caso, la resistencia del gobierno a devaluar se basa en la preocupación por el previsible impacto inflacionario y en el efecto negativo que tendría sobre la balanza comercial, ya que para funcionar el “aparato productivo” necesita importar insumos imprescindibles. Asimismo, el déficit energético está volviéndose cada vez más oneroso. Con todo, a diferencia de lo que sucedió en otros países “emergentes”, merced al aislamiento financiero las empresas locales no pudieron acumular deudas gigantescas en dólares o euros, razón por la que el panorama es muy distinto del enfrentado en el 2001 y 2002. En otras partes del mundo, empero, los gobiernos no prestaron la debida atención a nuestra experiencia desafortunada. Como muchos políticos y empresarios aquí que se resistían a entender que obligaciones que son llevaderas en circunstancias determinadas pueden resultar insoportables si todo cambia, sus equivalentes turcos e indios y, si bien en menor medida, brasileños, apostaron a que se perpetuaría el “nuevo paradigma” posibilitado por la política de tasas de interés muy bajas en América del Norte, Europa y Japón, combinada con la insaciabilidad importadora de China. En la actualidad, tienen motivos de sobra para temer haberse equivocado. El gobierno de la India, un país de más de 1.200 millones de habitantes que, por haberse anotado últimamente tasas de crecimiento elevadas, forma parte de la agrupación un tanto arbitraria de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), que según algunos futurólogos no tardaría en reemplazar a los ya ricos como “locomotoras” de la economía internacional, está procurando defender el valor de la rupia por miedo a las consecuencias de una devaluación para una población mayormente pobre y para la nueva clase media, pero puede que el país más perjudicado por el cambio de clima resulte ser Turquía. El conflicto entre el gobierno islamista del premier Recep Tayyip Erdogan y sectores laicos que se oponen a lo que toman por un intento de aumentar el poder, a su juicio ya excesivo, de los religiosos, se ha intensificado mucho en los meses últimos. Puesto que la popularidad de Erdogan se ha debido en buena medida a que el auge económico ha coincidido con su década en el poder, de concretarse el desplome que tantos prevén las repercusiones se sentirían no sólo en Turquía sino también en otras partes del Oriente Medio en que, con la ayuda de comentaristas norteamericanos y europeos, se ha difundido la idea de que un gobierno de islamistas “moderados” sea más que capaz de impulsar un milagro económico. Dicha ilusión fue debilitada por la debacle protagonizada por el egipcio Mohamed Morsi. De precipitarse Turquía en una crisis parecida a la argentina, de once años atrás, las perspectivas ante la región más peligrosa del mundo se harían aún más sombrías de lo que ya son.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.031.695 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Viernes 6 de septiembre de 2013


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