Motor roto

Redacción

Por Redacción

Es de esperar que resulte ser algo más que una ilusión la idea de que las economías de los países emergentes se hayan “desacoplado” de los ya emergidos, y que por lo tanto puedan prosperar aun cuando los ricos dejen de consumir con el vigor frenético al que nos tienen acostumbrados. A juzgar por los datos más recientes, Estados Unidos corre riesgo de entrar nuevamente en recesión en los meses próximos, mientras que, a lo mejor, la Unión Europea y Japón enfrentan años de estancamiento y, a lo peor, les aguarda un eclipse definitivo al envejecer cada vez más la población e intensificarse la competencia de países en que los salarios son muy inferiores a los habituales en los países desarrollados. Hasta hace muy poco, los problemas económicos del mundo rico repercutían en seguida en el resto del planeta cuyas exportaciones, fuera de recursos naturales o bienes manufacturados, dependían del consumo de los norteamericanos, europeos y japoneses, pero gracias al crecimiento industrial vertiginoso de China y, en menor medida, la India, ha sido relativamente leve en América Latina, África y Asia el impacto de la crisis que fue desatada por el colapso financiero de la segunda mitad del 2008. De no ser por eso, las noticias procedentes de Estados Unidos obligarían a nuestro gobierno, y a los de muchos otros países, a prepararse para un futuro difícil porque el motor supuesto por el consumo primermundista se habría roto. En opinión de casi todos los economistas norteamericanos, tanto opositores republicanos como demócratas que apoyan al gobierno del presidente Barack Obama, ha aumentado en su país el riesgo de una recaída recesiva. A pesar de los “paquetes de estímulo” de dimensiones apenas concebibles con los cuales el gobierno ha procurado reavivar la economía, en los meses últimos se han creado muy pocos empleos nuevos y otros indicadores –salvo los relacionados con el sector financiero que, para indignación de muchos, está floreciendo–, son igualmente deprimentes. Por lo demás, en muchas partes de Estados Unidos, las autoridades locales han tenido que reducir drásticamente los servicios públicos por falta de dinero, contribuyendo así a difundir la impresión de que la superpotencia está en decadencia y que el gobierno de Obama ha resultado incapaz de frenar el deterioro. Los gobiernos estaduales y municipales son reacios a aumentar los impuestos por temor a las consecuencias políticas, ya que en noviembre se celebrarán elecciones parciales, pero a menos que lo hagan, tendrán que aplicar ajustes draconianos que podrían enojar todavía más a los votantes. Según las encuestas de opinión, es más que probable que los demócratas pierdan el control de la cámara baja y es posible que lo pierdan también en el Senado. En tal caso, Obama podría emular a otro presidente demócrata, Bill Clinton, que reaccionó ante un revés similar deslizándose hacia la centroderecha, o insistir en la estrategia estatista que ya le ha costado el apoyo de muchos que lo habían respaldado en el 2008, lo que podría tener consecuencias muy graves para una gestión que al iniciarse motivó la euforia triunfalista de los progresistas no sólo en Estados Unidos sino también en muchas otras partes del mundo. Bien que mal, la mayoría de los norteamericanos se opone a lo que cree es el intervencionismo excesivo del gobierno en asuntos que a su entender son propios del sector privado. Asimismo, teme que las deudas colosales que está acumulando el gobierno, cuyo acreedor principal es China, terminarán asfixiando la economía de su país. Puede que dicha forma de interpretar lo que está ocurriendo en Estados Unidos sea ingenua, como dicen los partidarios de Obama, pero no le convendría continuar desafiando la opinión del grueso de sus compatriotas que atribuye la prosperidad sin precedentes que alcanzó su país antes de la crisis, pero que puede estar en peligro, a su compromiso entusiasta con el capitalismo liberal y da por descontado que “socialismo” es sinónimo de depauperación. En países de tradiciones políticas y económicas como el nuestro, a pocos se les ocurriría calificar de “socialistas” o “izquierdistas” las reformas impulsadas por Obama, pero sucede que lo son conforme a las pautas norteamericanas, razón por la que en las ya inminentes elecciones parciales su partido podría sufrir una derrota sumamente dolorosa.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Co-directora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Lunes 16 de agosto de 2010


Es de esperar que resulte ser algo más que una ilusión la idea de que las economías de los países emergentes se hayan “desacoplado” de los ya emergidos, y que por lo tanto puedan prosperar aun cuando los ricos dejen de consumir con el vigor frenético al que nos tienen acostumbrados. A juzgar por los datos más recientes, Estados Unidos corre riesgo de entrar nuevamente en recesión en los meses próximos, mientras que, a lo mejor, la Unión Europea y Japón enfrentan años de estancamiento y, a lo peor, les aguarda un eclipse definitivo al envejecer cada vez más la población e intensificarse la competencia de países en que los salarios son muy inferiores a los habituales en los países desarrollados. Hasta hace muy poco, los problemas económicos del mundo rico repercutían en seguida en el resto del planeta cuyas exportaciones, fuera de recursos naturales o bienes manufacturados, dependían del consumo de los norteamericanos, europeos y japoneses, pero gracias al crecimiento industrial vertiginoso de China y, en menor medida, la India, ha sido relativamente leve en América Latina, África y Asia el impacto de la crisis que fue desatada por el colapso financiero de la segunda mitad del 2008. De no ser por eso, las noticias procedentes de Estados Unidos obligarían a nuestro gobierno, y a los de muchos otros países, a prepararse para un futuro difícil porque el motor supuesto por el consumo primermundista se habría roto. En opinión de casi todos los economistas norteamericanos, tanto opositores republicanos como demócratas que apoyan al gobierno del presidente Barack Obama, ha aumentado en su país el riesgo de una recaída recesiva. A pesar de los “paquetes de estímulo” de dimensiones apenas concebibles con los cuales el gobierno ha procurado reavivar la economía, en los meses últimos se han creado muy pocos empleos nuevos y otros indicadores –salvo los relacionados con el sector financiero que, para indignación de muchos, está floreciendo–, son igualmente deprimentes. Por lo demás, en muchas partes de Estados Unidos, las autoridades locales han tenido que reducir drásticamente los servicios públicos por falta de dinero, contribuyendo así a difundir la impresión de que la superpotencia está en decadencia y que el gobierno de Obama ha resultado incapaz de frenar el deterioro. Los gobiernos estaduales y municipales son reacios a aumentar los impuestos por temor a las consecuencias políticas, ya que en noviembre se celebrarán elecciones parciales, pero a menos que lo hagan, tendrán que aplicar ajustes draconianos que podrían enojar todavía más a los votantes. Según las encuestas de opinión, es más que probable que los demócratas pierdan el control de la cámara baja y es posible que lo pierdan también en el Senado. En tal caso, Obama podría emular a otro presidente demócrata, Bill Clinton, que reaccionó ante un revés similar deslizándose hacia la centroderecha, o insistir en la estrategia estatista que ya le ha costado el apoyo de muchos que lo habían respaldado en el 2008, lo que podría tener consecuencias muy graves para una gestión que al iniciarse motivó la euforia triunfalista de los progresistas no sólo en Estados Unidos sino también en muchas otras partes del mundo. Bien que mal, la mayoría de los norteamericanos se opone a lo que cree es el intervencionismo excesivo del gobierno en asuntos que a su entender son propios del sector privado. Asimismo, teme que las deudas colosales que está acumulando el gobierno, cuyo acreedor principal es China, terminarán asfixiando la economía de su país. Puede que dicha forma de interpretar lo que está ocurriendo en Estados Unidos sea ingenua, como dicen los partidarios de Obama, pero no le convendría continuar desafiando la opinión del grueso de sus compatriotas que atribuye la prosperidad sin precedentes que alcanzó su país antes de la crisis, pero que puede estar en peligro, a su compromiso entusiasta con el capitalismo liberal y da por descontado que “socialismo” es sinónimo de depauperación. En países de tradiciones políticas y económicas como el nuestro, a pocos se les ocurriría calificar de “socialistas” o “izquierdistas” las reformas impulsadas por Obama, pero sucede que lo son conforme a las pautas norteamericanas, razón por la que en las ya inminentes elecciones parciales su partido podría sufrir una derrota sumamente dolorosa.

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