Muchos se preguntan cuánto durará el efecto de la visita de Obama a Cuba
En abril será el congreso del PC en La Habana.
AP
WASHINGTON (AP)- Por unos pocos días, el presidente Barack Obama fue el hombre de Estados Unidos en La Habana, con retos al gobierno cubano que dejaron atónitos a los ciudadanos cubanos, los que hablaron abiertamente en las calles sobre las posibilidades de cambios políticos. El llamado público de Obama a un futuro de mayor democracia, pronunciado en presencia del presidente Raúl Castro, marcó una divisoria de aguas en un país donde no se toleran cuestionamientos a la autoridad del gobierno. Las décadas de encono parecieron cosa del pasado cuando Obama y Castro intercambiaron bromas en un partido de béisbol. Empresas estadounidenses asistieron en masa, festejando las nuevas posibilidades de llevar dólares a la isla. Cuando los jubilosos colaboradores de Obama abordaban el avión presidencial, apareció Castro para despedir a su colega estadounidense. Para la Casa Blanca fue la confirmación del éxito de la visita. Pero después de la partida de Obama de la isla quedó flotando una pregunta crucial: ¿Cuánto durará? “No nos engañemos pensando que de repente van a tolerar el disenso”, dijo Michael Posner, ex subsecretario de estado para los derechos humanos y la democracia. “Éste es un régimen sometido al ostracismo. Están en el poder desde hace mucho tiempo. No tienen instintos reformistas. Va a ser una pelea”. Los primeros indicios podrían aparecer el mes próximo durante el Congreso del Partido Comunista en La Habana, un foro en el que se anuncian los cambios importantes. Un anuncio de mayores libertades políticas o medidas económicas reformistas indicaría que la estrategia de Obama empieza a dar frutos. Bajo los reflectores de la atención mundial, Castro hizo poco por desautorizar a Obama, quien goza de enorme popularidad en Cuba. Las imágenes de un joven presidente negro paseando por La Habana Vieja parecían resonar con un pueblo racialmente diverso, en fuerte contraste con el anciano Castro. Pero en los próximos días se apagarán los reflectores y Castro podrá volver a lo de siempre si eso es lo que quiere. Aunque ha tomado medidas modestas para abrir la economía y flexibilizar algunas restricciones sociales, no hay señales de un plan para hacer los cambios en el sistema unipartidista pregonados por Obama. En Estados Unidos la normalización de relaciones bilaterales no careció de riesgos políticos. Los partidarios de mantener el embargo comercial acusaron a Obama de gratificar a un gobierno represivo. El tema resuena en la campaña presidencial, donde el precandidato republicano Ted Cruz, hijo de padre cubano, está furioso con la política de Obama. “Hoy es un día triste en la historia de Estados Unidos”, dijo Cruz cuando Obama llegó a la capital cubana. Por su parte, el favorito Donald Trump jura que logrará un acuerdo mejor. Los dos aspirantes a la candidatura demócrata, Hillary Clinton y Bernie Sanders, apoyan la política de Obama.
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