Rescuers work on the rubble of a collapsed building in Caraballeda, La Guaira state, Venezuela, on June 30, 2026, following the June 24 twin earthquakes. (Miguel Medina/Pool Photo via AP)

Terremotos en Venezuela: las causas detrás de la devastación

La tragedia provocada por los terremotos tiene origenes naturales, como las características geológicas del país y el “doblete sísmico” que se produjo. Pero el nivel de destrucción obedece también a la mala administración y corrupción de varios gobiernos.

Un grupo de rescatistas cierra la operación en los escombros de lo que fue un edificio. Los sensores que antes mostraron señales de vida ya no arrojan nada: el silencio se convierte en resignación en Venezuela.

Dedicaron 30 horas de trabajo, que terminaron sin rescates. Apenas unas horas atrás, otra brigada celebraba el salvamento de un hombre de 43 años que sobrevivió ocho días bajo los escombros de los terremotos que devastaron el balneario de La Guaira. El hedor a muerte que impregna el lugar sorpresivamente no se siente.

La última evaluación no arroja señales de vida. Los socorristas se alejan un poco de la estructura y discuten en círculo.

Hernán Sandoval aún tiene esperanzas de que su hijo Ronald, de 8 años, y sus dos sobrinos aparezcan con vida. “Dios, ¿por qué te llevas a mi hijo si es un ángel?”, se pregunta este marinero de 26 años, que ha ido a hospitales, albergues, y buscado por redes.

No hay nada que hacer. Se levanta la operación.

(AP Photo/Ariana Cubillos)

La noche del miércoles del 24 de junio, el suelo venezolano no solo tembló; literalmente se desgarró, en un fenómeno que los expertos describen como un evento sin precedentes en la historia reciente de la región. Pero el trágico saldo provisional de más de 2.500 muertos y miles de desaparecidos, no fue producto solo de un evento geológico : el fenómeno sísmico excepcional golpeó a una nación cuya infraestructura y tejido social ya se encontraban en estado de colapso.

El “Doblete” letal


Lo que ocurrió en las profundidades de la falla de Boconó y los sistemas de San Sebastián y Oca-Ancón fue lo que los científicos denominan un “doblete sísmico”. No se trató de un terremoto seguido de réplicas menores, sino de dos eventos de magnitud masiva (7,2 y 7,5) ocurridos con apenas 39 segundos de diferencia.

Marcos Ferreira, geofísico e investigador del Servicio Geológico de Brasil, explica la violencia de este fenómeno : “Es como si yo estuviera gritando y luego alguien empezara a gritar también. Eso amplifica la vibración y aumenta el peligro potencial”. Esta liberación de energía, acumulada durante más de un siglo en el límite de fricción entre las placas del Caribe y la Sudamericana, fue superficial, entre los 10 y 22 kilómetros de profundidad. Al ser tan cercanos a la superficie, los sismos impactaron con una violencia directa que no permitió la disipación de la energía.

La enorme fuerza de estos movimientos fueron letales para las características de muchas construcciones de edificios de varios pisos, tanto en la zona balnearia como en la capital venezolana.

Eduardo Miranda, profesor de ingeniería en la Universidad de Stanford, advierte que la combinación es fatal: “Las plantas blandas son un enorme problema en todo el mundo… y en Venezuela son particularmente frecuentes. Si se combinan suelos más blandos con plantas blandas, los edificios pueden colapsar” en caso de sismos violentos como los ocurridos.

Este diseño de “planta blanda” -edificios con plantas bajas abiertas para estacionamientos sostenidas por columnas delgadas- provocó fallas de “colapso tipo sándwich o panqueque”.

David Cocke, ingeniero estructural, señala que muchas de estas torres de concreto antiguas colapsaron “como un acordeón” debido a que “simplemente no tienen las conexiones de acero de refuerzo más modernas”.

Lo más alarmante es que la devastación no se limitó a las construcciones viejas de las décadas de 1950 y 1960.

Juan Carlos Vielma, ingeniero civil venezolano, expresó su perplejidad ante el desplome de estructuras nuevas: “ Entre los edificios colapsados, más de uno fue diseñado y construido recientemente de acuerdo con las normas vigentes”. Los modelos de inteligencia artificial de Microsoft analizaron imágenes de Catia La Mar y determinaron que alrededor de un tercio de las casi 30.000 estructuras de la ciudad resultaron dañadas.

Khaterine Roa llora mientras miembros del Departamento de Bomberos del Condado de Los Ángeles buscan sobrevivientes en un edificio que se derrumbó durante los terremotos que azotaron La Guaira, Venezuela, el martes 30 de junio de 2026. (AP Foto/Matías Delacroix)

La crisis preexistente


Si la geología puso la fuerza, la crisis económica y humanitaria que sufre Venezuela en las últimas dos décadas bajo el régimen chavista puso la mortandad.

Venezuela enfrentó este desastre con un sistema de salud desmantelado, donde los hospitales carecían de insumos básicos como gasas o anestesia para atender la ola inicial de heridos. El éxodo de más de 7 millones de profesionales redujo drásticamente el personal calificado para emergencias. La falta de mantenimiento e inversión también se hizo evidente en los minutos posteriores al sismo. El país carece de un sistema tecnológico de alerta temprana. Además, los cuerpos de rescate, como Protección Civil y Bomberos, operaban con equipos obsoletos y sufrieron la falta de combustible y maquinaria pesada. En muchas zonas, los ciudadanos tuvieron que remover escombros con sus manos desnudas ante la parálisis logística del Estado.

La precariedad también se reflejó en el cumplimiento de las normas de construcción, que en una región sísmica como la venezolana debieran ser particularmente estrictas. La corrupción y la falta de fiscalización permitieron el uso de materiales de baja calidad y cemento degradado en muchos desarrollos habitacionales recientes. Al mismo tiempo, la pobreza extrema empujó a millones de familias a construir viviendas vulnerables en laderas inestables y cerros, donde los movimientos telúricos provocaron licuefacción del suelo y deslaves destructivos.

Rescue workers search through the rubble of a building destroyed by the earthquakes in La Guaira, Venezuela, Thursday, July 2, 2026. (AP Photo/Matias Delacroix)

Escombros y preguntas


Casi 200 edificios colapsaron totalmente en La Guaira y a la vecina Caracas, según las cifras oficiales. Un estudio de la NASA calcula que pueden ser hasta 58.000 las edificaciones afectadas.

La catástrofe ha dejado a ciudades enteras a oscuras, incomunicadas y con sus servicios básicos en ruinas. El colapso financiero y el deterioro institucional anularon cualquier capacidad de prevención, transformando un fenómeno natural severo en una tragedia social de magnitudes incalculables. En la actualidad, mientras el Servicio Geológico estima un 99% de probabilidad de réplicas significativas, Venezuela se enfrenta indefensa a las consecuencias de la devastación.

La lección es amarga: en un país con una estructura de fallas tan compleja como la de los Andes venezolanos, la negligencia en la construcción y la erosión de las instituciones son tan letales como la tectónica de placas.

Y la ola de indignación social ante la inacción estatal , la falta de planificación y las arbitrariedades podría tener consecuencias políticas impredecibles.

. (Miguel Medina/Pool Photo via AP)

Con miles de familias en la calle, crece el malestar


En las calles de las ciudades afectadas por el sismo sigue la búsqueda de supervivientes, pero poco a poco la atención gira hacia los miles que quedaron en la calle y para quienes no hay suficiente refugio, alimento ni medicinas, según advirtió el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Muchas de esas personas permanecen en estacionamientos, canchas deportivas o precarios campamentos a la intemperie. “Aquí no estaba entrando nada (de ayuda). Anoche comenzaron a traernos agua (…). El sol nos está quemando, la mayoría no tiene carpas”, relató Fátima Berroterán, de 56 años, residente de un condominio de La Guaira que sufrió daños.

“Nos hacen falta medicamentos. Aquí hay muchas personas discapacitadas, la mayoría de los que viven aquí vienen damnificados de la tragedia de Vargas”, añadió la mujer sobre otro desastre en la zona en 1999 por aludes de lodo y piedra.

El gobierno contabiliza casi 13.000 damnificados por los terremotos, cifra muy lejana del estimado de la ONU de hasta siete millones de personas en esa condición.

Muchos de ellos denuncian negligencia de las autoridades, mientras opositores exiliados pidieron el miércoles a Estados Unidos apartar de la reconstrucción al gobierno, al que acusan de corrupto.

El oficialismo, que estrechó relaciones con Washington tras la captura de Nicolás Maduro en enero, anunció un “proceso acelerado de construcción de vivienda”. Será una labor titánica, pues unos 58.000 edificios resultaron dañados o destruidos, según observaciones satelitales de la NASA. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU solicitó a la comunidad internacional 50 millones de dólares para asistir a unas 500.000 personas durante tres meses.

Antes de la tragedia, la ONU cifraba en casi 8 millones las personas que necesitaban ayuda humanitaria en Venezuela, sumida en una grave crisis. Su oficina para los refugiados alertó sobre tensiones en aumento por el acceso “limitado” a la ayuda.

A la urgencia de alimento y refugio se suma el riesgo de epidemias. La Organización Mundial de la Salud advirtió de la “presión extrema” sobre los servicios sanitarios y el riesgo de enfermedades virales o infecciosas que se pueden prevenir con vacunas.

Un total de 27 países han movilizado cerca de 2.000 efectivos apoyados por unos 160 perros para buscar sobrevivientes, según la ONU.

El organismo anunció que suministrará 10.000 bolsas mortuorias, aunque espera que el balance final sea inferior. Asimismo, cifra las pérdidas en 6.700 millones de dólares, 6% del PIB del país petrolero.


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Un grupo de rescatistas cierra la operación en los escombros de lo que fue un edificio. Los sensores que antes mostraron señales de vida ya no arrojan nada: el silencio se convierte en resignación en Venezuela.

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