Murió Bobby Fischer, el genio más controvertido del ajedrez
El norteamericano fue campeón del mundo entre 1971 y 1975. Estaba exiliado en Islandia, enfermo y acusado de traición.
El estadounidense Robert Fischer, campeón del mundo de ajedrez entre 1972 y 1975, un hombre de fuerte temperamento, hosco y ermitaño, pero un verdadero genio, falleció ayer en Reykjavik, Islandia, a los 64 años. Hasta su edad al morir, uno por cada casilla del tablero, estuvo ligada al ajedrez. El gran maestro, quien ganó notoriedad durante la Guerra Fría tras vencer al soviético Boris Spassky, en 1972, murió de una enfermedad no revelada, informó a la prensa su vocero. Luego se supo que era una enfermedad renal. Fischer obtuvo la ciudadanía de Islandia en 2005, como un modo de evitar ser deportado a Estados Unidos, donde era acusado de traición.
A los 15 años se convirtió en el Gran Maestro más joven de la historia, tras ocupar el quinto puesto en el Internazional de Potoroz, en la ex Unión Soviética.
La genialidad de Fischer, nacido un 9 de marzo de 1943 en la ciudad de Chicago, tiene como punto de partida a un coeficiente intelectual de 184, cuando el denominador común del resto de los mortales posee uno de entre 100 y 110. Su padre, Gherard Fischer, fue un físico alemán que se refugió en Estados Unidos y que abandonó en 1945 a su familia. La madre de Fischer era una enfermera judía, criada en Suiza, llamada Regina Wender, quien además tuvo una hija llamada Joan, seis años mayor que Robert.
Precisamente su hermana Joan, quien prácticamente lo crió cuando se trasladaron a Brooklyn (Nueva York), le regaló a Bobby un juego de ajedrez.
Ambos aprendieron a jugar y a mover las piezas leyendo las instrucciones de la caja que contenía el tablero.
A los 7 años se unió al club de ajedrez de Brooklyn, donde su presidente, Carmine Nigro, se encargó personalmente de su formación. Esa obstinación y amor por el ajedrez lo llevó a convertirse a los 14 en campeón de los Estados Unidos y a los 15 en Gran Maestro, en el torneo interzonal de Potoroz (Yugoslavia).
En 1971 Fischer estuvo en Buenos Aires (visitó cinco veces nuestro país, incluso llegó a la región) jugando el match que lo clasificó para enfrentar al soviético campeón Boris Spassky en la búsqueda del título mundial.
Fisher venció al armenio Tigran Petrossian, en la sala Martín Coronado del Teatro General San Martín, al sumar 6 puntos y medio en la novena partida. Pero la gloria llegó para Fischer el 1 de setiembre de 1972 cuando luego de 21 partidas, se consagró campeón mundial superando a Spassky en Reykjavik.
Fischer lloró de alegría, debido a que había cumplido el sueño de ser monarca mundial y romper la hegemonía soviética en el ajedrez, entre 1948 y 1972. Ese fue el final de su carrera y su última partida oficial.
En 1975 tuvo que defender el título frente al aspirante ruso Anatoly Karpov, pero sus exigencias fueron inaceptables para la FIDE y esta lo despojó del título por incomparescencia. En 1992 Fisher jugó un encuentro de exhibición conmemorando los 20 años del match ante Spassky (nacionalizado francés) y el mismo se desarrolló en la antigua Yugoslavia, venciendo nuevamente a su rival. Le costó caro ese viaje al genio, pese a que ganó tres millones de dólares.
Estados Unidos había bloqueado Belgrado y su viaje a Yugoslavia fue considerado como una traición a su país y pasó a ser fugitivo del FBI y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). No se supo nada más de él hasta 2004 cuando Fischer pretendía viajar a Filipinas desde Japón y fue detenido en Narita por usar un pasaporte cancelado por el gobierno americano.
Los japoneses lo encarcelaron esperando el pedido de extradición de Estados Unidos, pero en diciembre de 2004 el gobierno islandés aceptó darle asilo político a Fischer y escapar a la extradición a Estados Unidos.
Fischer soportó las presiones del gobierno de su país y el 9 de marzo de 2005 recibió en la cárcel un pasaporte islandés como regalo por su 62 cumpleaños. El parlamento islandés aprobó conceder la ciudadanía islandesa al genio Fischer y fue puesto en libertad por Japón y deportado a Islandia.
En noviembre pasado su salud provocó que fuese internado en un Hospital de Islandia. Sus problemas físicos y de paranoia se habían agravado en los últimos años. (Télam)
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