“Neuquén… ciudad”
Llego en avión a mi ciudad y debo descender. Llueve, estoy a muchos metros de la entrada al aeropuerto. ¿Corro? No puedo, tengo mi bolso y valija de mano. Me mojo y digo: “He vuelto a la anormalidad, el jardín de pastos secos me recibe, sucio”. Por fin salgo y con el vehículo en el que me fueron a buscar comienza la tarea de esquivar los pozos y las zanjas mal tapadas hechas por quién sabe quién y que ahí quedaron cubiertas por tierra que con el tiempo sale y así quedaron. Voy mirando a ambos lados y veo ¿grafitis? Casi todo lugar disponible con escrituras de todo tipo y también algo de cartelería de las elecciones del año pasado. Al siguiente día salgo en mi caminata diaria. ¿Y las veredas? Rotas, pozos, zanjas y basura por doquier. En muchos lugares desciendo a la calle para caminar mejor y veo a una madre con su hijito en el cochecito también por la calle, por los pozos o por los vehículos estacionados (creen que con todo derecho ya que es la entrada a su garaje) que no permiten el paso de los peatones. Mientras, me entretengo escuchando los bocinazos de los impacientes que temen llegar tarde ¿a la partera? y de paso alguno me grita: “¡Andá por la vereda, viejo pelot…!”. Vehículos estacionados en doble fila, algunas veces que esperen o se desvíen; otros hablan por teléfono, algunos fuman con la otra mano mientras manejan y me pregunto cómo hacen los cambios de marcha y sujetan el volante, señoras manejando en ojotas y/o tacos altos, lo que puede ocasionarles un enredo en los pedales… todo esto puede provocar un accidente. Sumemos a todo esto que en determinadas calles el peatón debe ser malabarista para cruzar, dado que quienes doblan en la esquina (algunos si lo hacen) te “tiran el auto encima” y cruzá si podés. También debo reconocer que muchos peatones no respetan los semáforos y además cruzan las calles por cualquier lugar. Gracias a una hija que vive en Quito, Ecuador, pudimos visitar ese hermoso país (que nosotros creemos de cuarta), donde vi respeto, orden, limpieza, no bocinas, no autos en doble fila, no paredes sucias y escritas, con un centro histórico muy cuidado y ordenado y todos orgullosos de su pasado. Estoy de nuevo en mi Neuquén, ciudad sucia y desordenada, donde como en los viejos tiempos se arreglan las calles en épocas de elecciones y, sin la comparación con Quito, conozco varias ciudades de nuestro hermoso país que son muy cuidadas y limpias, donde hasta se lustran las veredas. En fin, será como alguien dijo, “es lo que hay”, pero yo –humildemente– creo que los de cuarta somos nosotros porque permitimos todo esto. Luis Ricardo Koenig, DNI 4.183.375 – Neuquén
Luis Ricardo Koenig, DNI 4.183.375 – Neuquén
Llego en avión a mi ciudad y debo descender. Llueve, estoy a muchos metros de la entrada al aeropuerto. ¿Corro? No puedo, tengo mi bolso y valija de mano. Me mojo y digo: “He vuelto a la anormalidad, el jardín de pastos secos me recibe, sucio”. Por fin salgo y con el vehículo en el que me fueron a buscar comienza la tarea de esquivar los pozos y las zanjas mal tapadas hechas por quién sabe quién y que ahí quedaron cubiertas por tierra que con el tiempo sale y así quedaron. Voy mirando a ambos lados y veo ¿grafitis? Casi todo lugar disponible con escrituras de todo tipo y también algo de cartelería de las elecciones del año pasado. Al siguiente día salgo en mi caminata diaria. ¿Y las veredas? Rotas, pozos, zanjas y basura por doquier. En muchos lugares desciendo a la calle para caminar mejor y veo a una madre con su hijito en el cochecito también por la calle, por los pozos o por los vehículos estacionados (creen que con todo derecho ya que es la entrada a su garaje) que no permiten el paso de los peatones. Mientras, me entretengo escuchando los bocinazos de los impacientes que temen llegar tarde ¿a la partera? y de paso alguno me grita: “¡Andá por la vereda, viejo pelot...!”. Vehículos estacionados en doble fila, algunas veces que esperen o se desvíen; otros hablan por teléfono, algunos fuman con la otra mano mientras manejan y me pregunto cómo hacen los cambios de marcha y sujetan el volante, señoras manejando en ojotas y/o tacos altos, lo que puede ocasionarles un enredo en los pedales... todo esto puede provocar un accidente. Sumemos a todo esto que en determinadas calles el peatón debe ser malabarista para cruzar, dado que quienes doblan en la esquina (algunos si lo hacen) te “tiran el auto encima” y cruzá si podés. También debo reconocer que muchos peatones no respetan los semáforos y además cruzan las calles por cualquier lugar. Gracias a una hija que vive en Quito, Ecuador, pudimos visitar ese hermoso país (que nosotros creemos de cuarta), donde vi respeto, orden, limpieza, no bocinas, no autos en doble fila, no paredes sucias y escritas, con un centro histórico muy cuidado y ordenado y todos orgullosos de su pasado. Estoy de nuevo en mi Neuquén, ciudad sucia y desordenada, donde como en los viejos tiempos se arreglan las calles en épocas de elecciones y, sin la comparación con Quito, conozco varias ciudades de nuestro hermoso país que son muy cuidadas y limpias, donde hasta se lustran las veredas. En fin, será como alguien dijo, “es lo que hay”, pero yo –humildemente– creo que los de cuarta somos nosotros porque permitimos todo esto. Luis Ricardo Koenig, DNI 4.183.375 - Neuquén
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