Neuquén después de la pandemia



CÉSAR GASS*


La incapacidad de no haber diversificado la producción y nunca pensar seriamente en un fondo anticíclico nos lleva a observar que la emergencia nos tomó desprotegidos.


Estamos en plena cuarentena, pero ¿alguien se preguntó qué Neuquén vamos a encontrar? Seguramente uno muy distinto al actual, no en cuanto a la infraestructura o en lo edilicio, sino en cuanto a nuestra vida a futuro. Al enorme Sigmund Freud alguna vez le preguntaron: ¿cómo se mide la velocidad de la mente? Y respondió: “Es la rapidez con que el hombre se adapta a una nueva realidad”. Pero no hay una ciencia del “futurismo”. Seguramente no estará más el kiosco que nos surtía de golosinas o diarios y encontraremos todos los lugares gastronómicos. ¿Pequeños y medianos empresarios y aun los grandes subsistirán? ¡El año pasado Neuquén era la mejor provincia! Hoy ya no la reconocemos como tal.

Un ejercicio interesante es ver los posibles escenarios que se nos presentan: así en materia sanitaria habrá que evaluar el impacto de la pandemia y la respuesta que pudo brindar nuestro maltrecho sistema de salud (otrora reconocido en nuestro país y Latinoamérica). En ese sentido habrá que tender a un plan sanitario integral, en forma gradual a través de metas interinas y finales, proyectadas en un cronograma temporal. La telemedicina en una provincia con grandes distancias es fundamental desarrollarla con toda su complejidad. Ahora me preguntarán ¿y la conectividad necesaria de la que carecen muchas localidades de la provincia? Es cierto, no se hizo con el barril ¡a casi 100 dólares!

En materia económica, una provincia endeudada y sin dinero para seguir pagando una fiesta clientelar y populista. Con el aislamiento social obligatorio que impide a vastos sectores de la economía funcionar las consecuencias serán notorias: pérdida de ingreso de los sectores informales, ruptura de la cadena de pagos, mayor déficit fiscal y consecuentemente mayor endeudamiento y más desempleo; también empresarios que deberán reinventarse. Como aprendizaje quedará nítida la necesidad de una administración prudente.

La incapacidad de no haber diversificado la producción y nunca pensar seriamente en un fondo anticíclico nos lleva a observar que la pandemia nos tomó desprotegidos. En Educación esa falta de conectividad de la que hablamos impide interactuar tecnológicamente, y con las consecuencias de vulnerabilidad para estudiantes que necesitan prioritariamente del conocimiento, que nos daría más rédito que los recursos naturales. Neuquén es una provincia que la pensamos poderosa, omnipotente, pero hoy tiene las arterias obstruidas. Esta simple reflexión, o como el cubo mágico, que girándolo se pueden mirar distintos futuros escenarios, nos convoca a todos. El Neuquén que viene será distinto, nosotros tendremos comportamientos diferentes. La riqueza fácil del petróleo, que ahora no lo es, hay que convertirla en un desafío de construcción del conjunto. En lo social, los países que salieron de crisis profundas lo hicieron priorizando el interés colectivo para luego ser beneficiarios individualmente. Vamos a tener que ordenarnos mentalmente. Sindicatos, gobiernos, partidos políticos; esta crisis nos atravesó a todos. La respuesta surgirá de un acuerdo amplio para aplicar verdaderas políticas de Estado. Para no convertirnos en víctimas de nuestras propias tramas.

*Diputado provincial, presidente de la UCR Neuquén


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