Neuquén: Divertidos sí, pero bien separados

En la ciudad de Neuquén existían lugares recreativos exclusivos para hombres y otros para mujeres. Ellos preferían las carreras, la taba y la timba. Ellas las tertulias.





No todo era trabajo y esfuerzo en la capital neuquina. El entretenimiento, la diversión y el intercambio social estaban muy presentes. Pero eso sí, separados, cada uno por su lado, no vaya a ser cosa…

Si bien existían lugares de esparcimiento para toda la familia, como los bailes populares o las kermeses, hay una clara línea divisoria entre los espacios a los que podían concurrir los hombres y aquellos exclusivos para mujeres.
Los bares, las canchas de pelota paleta o de bochas eran rectángulos solo para hombres. Adentro o en los alrededores tampoco faltaban las apuestas y los juegos de azar.

Uno de los juegos que más corría en la zona del Bajo era la taba. Solo hacía falta un terreno baldío, un pala para emparejar el suelo y una taba. Pero no era todo tan sencillo, muchas veces caía la policía en plena “tabeada” y los echaba del lugar, previa amenaza de llevarlos presos. Es que entre taba y taba, no faltaba aquel que decidía vender vino o levantaba apuestas.

Y eso sucedía también en los juegos de pelota paleta o bochas. “Timba acá hubo por todos lados. Cuatro tipos paleteando, pero cien jugando afuera”, rescataron de varios testimonios los autores del trabajo “Neuquén. Ciudad Imaginaria. Ciudad Real”, publicada por la Universidad Nacional del Comahue.

Los naipes, los dados, el truco eran fijas en los bares del Bajo neuquino. “Según el recuerdo de algunos pobladores era famosa la casa de don López, un bar ubicado sobre calle Misiones, la cancha de bochas propiedad del intendente del ferrocarril, la cancha pelota propiedad de don Lanchas (entre Misiones y Alcorta) y los bares de doña Clementina Arias y el Turco Abraham, donde se jugaba al sapo”, agregaron los historiadores.

Y si de mujeres hablamos, los lugares habilitados para el esparcimiento eran la confitería Ideal y el hotel Confluencia, ámbitos de reunión para chicas y señoras de los sectores sociales medios. Allí se organizaban tertulias o “tes danzantes”.

“Por otra parte, aquellas que integraban los sectores populares no contaron con un espacios exclusivo de diversión y recreación pero muchas frecuentaban el café Armonía, ubicado en calle Sarmiento. La mayoría se encontraba inmersa en el mundo del trabajo como una necesidad de supervivencia y ocupaban en ello la mayor parte del día”, consta en los escritos.

Y así se divertían los hombres por un lado y las mujeres por otro.
Excepto cuando era época de carnavales, kermeses y fiestas populares. Allí, dejaban de existir las condiciones de género, como debería haber sido siempre.


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