El primer colectivo que llegó a los cuarteles del Ejército en Neuquén

Hasta la década del 50, el transporte de pasajeros solo realizaba el recorrido desde la Confluencia hacia el centro de la ciudad de Neuquén. Fue Serafín González quien se animó a más.




Eran los años 50 en la capital neuquina. Ya existía por entonces un servicio de transporte urbano de pasajeros con un recorrido afectado solo al área que hoy conocemos como microcentro.
Pero de a poco la ciudad iba creciendo en extensión territorial y en actividades. Y comenzó a surgir la necesidad de ampliar el servicio más allá del poblado céntrico.

Y allí aparece en esta historia don Serafín González, quien prestaba el servicio de pasajeros desde la Confluencia hasta Neuquén. Es decir desde la cercanía del puente carretero hasta el centro urbano.
El 15 de febrero de 1950 solicitó mediante nota formal que se guarda en el Archivo Histórico Municipal, permiso para extender el recorrido hasta los cuarteles del Ejército. En la misma adjuntaba el plano del recorrido proyectado, frecuencias y precio de cada etapa del viaje.

Desde el centro hacia el cuartel salía siete veces diarias, con un último recorrido a las 20. El servicio también tenía su cabecera en la escuela 107, en Confluencia, desde donde realizaba otras siete salidas más.


Desde la colonia hacia el centro, las salidas y llegadas eran solo cinco. “Días domingos y feriados, no corre el de las 8 y el de las 19.40 saldrá a las 20.30 y otro a las 21.30 de Neuquén al Cuartel”, decían los anuncios de la época.
En el proyecto que González presentó en el municipio, explicaba que “el servicio se iniciaría con un solo vehículo por el momento, con el propósito de ampliarlo con más, si las necesidades del tránsito así lo exigieran”.

En la nota se aclaraba además, que el Comandante de los Cuarteles y el gobernador habían dado su aprobación para la extensión del servicio.
Las características del coche que pondré para ese fin son las siguientes: chasis internacional K4, modelo 1942, con capacidad para 20 pasajeros sentados y 20 más parados, en caso de necesidad, con rodado de gomas duales”, agregaba don Serafín en su solicitud.
Finalmente, un años después el empresario transportista lograba la autorización correspondiente y se habilitaban los nuevos recorridos.


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