No hay muchas salidas



La convocatoria de acreedores es una figura legal que se utiliza para sanear las cuentas de una institución o empresa.

Con una deuda que supera los 800.000 pesos e ingresos embargados por los distintos juicios, el Club Cipolletti enfrenta un futuro sin muchas alternativas. Y la convocatoria de acreedores es una de ellas.

Con esta opción, el club podría reestructurar sus deudas, liberar los embargos y licuar gran parte de los pasivos.

Dentro de este esquema, la institución disminuiría la deuda del club cerca del 30%, ya que la misma no es exigible judicialmente por carecer de documentación. Y frente a todo esto, el fútbol continuaría jugándose como si no hubiese pasado absolutamente nada.

Pero también tiene su parte negativa el hecho de entrar en una convocatoria. Los activos que presenta hoy Cipolletti superan holgadamente el millón de pesos. Por lo tanto, muchos de los acreedores no estarían dispuestos a aceptar una convocatoria si no existe un programa que garantice ingresos adicionales aparte de los magros ya existentes.

De no llegar a un acuerdo, una negativa de los acreedores significa la posibilidad de quiebra y, por sobre todo, la posibilidad de cobro, ya que a la fecha la deuda no supera los activos de la institución.

Los acreedores no van a estar dispuestos a prorrogar la crisis económica del club ya que, de mantenerse en los próximos cinco años, la deuda se triplicará y los activos no garantizarán estos pasivos.

Conclusión: los acreedores no podrán cobrar lo que el club les adeuda.

La salida está entonces en bus-car ingresos adicionales que le permitan al club hacer una reestructuración de pasivos creíble para los acreedores. Por ahora, no se ve otra salida.

Javier Lojo


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