“No se puede”
¡No se puede! La desconocida iracundia con la que el presidente abrió las sesiones del Congreso fue la señal de largada de una campaña donde el eslogan se dejó entrever: “Vótennos a nosotros o vuelven Cristina y la corrupción”. El cuco puede funcionar con el tan mentado “círculo rojo” o con el núcleo duro de votantes del PRO, cuya confianza en Macri quedó herida por el escándalo que generó la condonación de deuda del Correo Argentino al holding de su familia. De ahí los anuncios de decretos contra los conflictos de intereses, antes de que Avianca y los peajes de la Panamericana viren también en escándalo. Pero difícilmente alcance para retener al resto de sus adherentes. Como subrayó con su habitual agudeza el analista Martín Rodríguez en el sitio La Política Online, el equipo que hizo campaña diciendo que “sí se puede” gobernó estos 15 meses preconizando lo que “no se puede”. A los afiliados de La Bancaria, entre quienes se impuso sin dudas en 2015 la fórmula Macri-Michetti pese a que su líder Sergio Palazzo hizo campaña por Daniel Scioli, el Gobierno les intentó bloquear la paritaria. A los maestros, muchos de los cuales no olvidan que Cristina Kirchner les enrostró sus jornadas de cuatro horas y sus falsos “tres meses de vacaciones” hace cinco años, también en medio de una negociación empantanada, los abroqueló en su contra al convocar a esquiroles (rompehuelgas) en las redes sociales. Metalúrgicos, mecánicos, confeccionistas, zapateros, estatales y otros empleados castigados y tachados (más o menos explícitamente) de inútiles en el último año son parte de la misma lista de desencantados. Ese descontento se asoma en compulsas de imagen como las que le mostró alarmado Jaime Durán Barba a la mesa chica del oficialismo la semana pasada. Pero asoma con más nitidez en mediciones como la que ayer difundieron la Universidad de San Martín y la consultora Ibarómetro, sobre 1.400 encuestados en el distrito donde se jugará la madre de todas las batallas de octubre. Entre noviembre y febrero, la proporción de quienes declararon tener un amigo o familiar que perdió el empleo subió del 51 al 58%. De los que conservan el suyo, los que temen perderlo aumentaron del 45 al 55%. El 76%, además, siente que cayó el poder adquisitivo de su salario en el último año. Y el 69% prevé otro recorte para 2017. A menos que se crea a la altura y en las circunstancias de Winston Churchill en 1940, cuando avisó a sus compatriotas que no tenía más para ofrecerles que “sangre, sudor y lágrimas”, el presidente deberá ilusionar un poco más al electorado respecto de su futuro inmediato. Si no lo logra, serán cada vez menos los que no le aflojen. El fundador de AEA que quisiera una política económica más acorde a la era Trump se sintió despreciado porque Macri no pronunció la palabra “industria” en su discurso. La misma desazón reina en el Comité Ejecutivo de la Unión Industrial, cuyo presidente Adrián Kaufmann no pudo ocultar durante la visita presidencial a Madrid su enojo por el protagonismo que le robó su ya designado sucesor, el abogado laboralista Daniel Funes de Rioja, en medio de las crecientes quejas de los rubros fabriles que no recobran vigor. “En la UIA ya no hay una grieta. Hay un cráter”, sintetizó uno de los directivos que más se resisten a Funes de Rioja, avalado por grupos poderosos como Techint. Igual que en los gremios, el malhumor entre los industriales empieza a emerger incontenible, como agua bajo las baldosas en plena inundación.
Joaquín Bertrán
DNI 5433822
“A menos que se crea a la altura y en las circunstancias de Winston Churchill en 1940, el presidente deberá ilusionar un poco más al electorado respecto de su futuro inmediato”.
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- “A menos que se crea a la altura y en las circunstancias de Winston Churchill en 1940, el presidente deberá ilusionar un poco más al electorado respecto de su futuro inmediato”.