Inmodesto Lucero, amo de la soberbia

Carta de Lector

Por Carta de lector

Alejandro De Muro

DNI 5.081.245

MÚÑIZ, BUENOS AIRES

Después de leer las siguientes expresiones le quedará, a cada uno, determinar si Inmodesto Lucero es un personaje ficticio o real. Si sus dichos configuran un cúmulo de desvaríos o un reflejo cabal de sí mismo. Si es una figura aislada o concuerda con varios de los que pululan a nuestro lado. Incluso, finalmente, si algunos no pertenecemos a su arrogante cofradía.

Nuestro protagonista siempre tuvo muy en claro cuáles eran las materias que debían aprobarse para obtener el título de Soberbio. Hoy no sólo se ha graduado sino que ya transita por la maestría, según afirma. Hasta se ha inventado un nombre para armonizar con la que considera una auténtica y nada desdeñable condición.

Un comité de notables evaluó sus dotes intelectuales. Lo acusó de presumido. La réplica no se hizo esperar; argumentó que la opinión infalible y el discernimiento atinado siempre lo habían caracterizado. “¿Cómo imputarme tal mote -se preguntó- si nunca fallo y acompaño mi andar con sabias decisiones?” En ese marco de sinceramiento, los infundios jamás le hicieron mella.

Lamentó la envidia que despertaban tantos halagos recibidos. “¿Por qué rechazarlos -dijo- si todos se ajustan a la verdad?” Inmodesto Lucero resolvió, por decisión propia, que la soberbia dejara de ser pecado capital para él y se convirtiera en personal e incuestionable cualidad. Al cabo de su declaración censuró la hipocresía de quienes lo denuestan pero aspiran a emularlo.


Alejandro De Muro

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