“No somos los radicales quienes gobernamos usando agresivos ministros”
Días atrás en un medio local, después de transitar con la lectura de algunos titulares, fue inevitable que una nota quedara atrapada en mi retina. Más allá de que sean innumerables los asuntos que me preocupan, esto me dio la motricidad para expresarme y contarles algunas cosas. Muchos sabemos que lo esencial pasa inadvertido, no así la palabra o la causa que genera divisiones. Leer por ejemplo que el radicalismo es causal de un mal determinado resulta manosear a toda una institución sin medir las consecuencias y hasta a veces sonaría a un desconocimiento previo. En lugar de generalizar y acusar a una institución, debería apuntarse a los responsables directos, ponerlos ante el magistrado, proveer de pruebas contundentes y dejar que la Justicia cumpliera su trabajo. No me paro en estas líneas para hacer una defensa a determinadas personas, lo hago sobre los contenidos ideológicos que son los que mantienen viva por generaciones la conducta y la moral. Estoy de acuerdo con muchos alegatos que se plantean y marcan fuertes emergentes en lo institucional y lo social. Es de hipócrita no ver estos focos ígneos y de mucha soberbia no plantear al menos una solución. Todos estos elementos que pertenecen al Estado patrimonial deberían ser los artífices para que el gobierno cumpla con los deberes, y obligaciones que le competen. Como lo dijo el gran historiador y escritor don Félix Luna (1925-2009): “Pocos países en el mundo se jactan, por tener un partido político centenario, como lo es la Unión Cívica Radical”, por su historia social y por sus fuertes contenidos democráticos, entre tantas cualidades… Estas descalificaciones trilladas son ambigüedades que se plantean y dejan en claro una actividad partidaria de maliciosa política. Es importante acceder a la historia con un sentido de aprendizaje y corrección; en lugar de darle crédito al resabio. Por ejemplo, no podemos rever y analizar por qué la crisis del 2001 sin tener en cuenta que veníamos de un desmantelamiento del país y una década de voraz ultraneoliberalismo, ¿fue acaso el menemismo o el peronismo? ¿Quiénes se opusieron a la ley y democratización de los gremios, que quisiera promulgar Alfonsín?, hoy los mismos forman parte en la toma de decisiones del Estado, cuando el pueblo eligió representantes y los gremios deberían abocarse a la defensa de los derechos que le fueron otorgados. Desde la década del 90 hasta los días de hoy no han cesado los decretos, mientras el pueblo carece de sus derechos y garantías. No somos los radicales quienes gobernamos con una actitud facciosa usando agresivos ministros y masas antagónicas con diferentes nombres para violar la Constitución. ¿Acaso es el kirchnerismo o el peronismo? Pero éstas son las cosas que nos enseñan y suman en nuestro haber, por eso cuando se pisa el barro hay que hacerlo despacio… repartamos la culpa y replantémonos si es el radicalismo una aguerrida oposición que revela la intransigencia moral del deber constitucional… Yrigoyen, en aquellos tiempos, vio la educación como un deber y un derecho para todos, plasmó la equidad en guardapolvos blancos y la igualdad entre las razas. Dejemos por un rato la historia y hagamos de lado tantos “ismo” y hablemos de política y rol del Estado… que es lo que el pueblo necesita y espera. En lugar de fútbol gratis se me ocurre, por ejemplo, destinar esos millones a la distribución equitativa de la riqueza; por ejemplo, crear guarderías gratuitas en los barrios, para que nuestras madres se encuentren con la dignidad del trabajo y nuestros hijos sean tratados con la pedagogía y la educación que por ley les corresponde. Se me ocurre también acercar los centros de salud, instituciones y servicios de seguridad, basados en una planificación continua de estudios técnicos y razonables. Ricardo Almonacid, DNI 22.122.648 Bariloche
Días atrás en un medio local, después de transitar con la lectura de algunos titulares, fue inevitable que una nota quedara atrapada en mi retina. Más allá de que sean innumerables los asuntos que me preocupan, esto me dio la motricidad para expresarme y contarles algunas cosas. Muchos sabemos que lo esencial pasa inadvertido, no así la palabra o la causa que genera divisiones. Leer por ejemplo que el radicalismo es causal de un mal determinado resulta manosear a toda una institución sin medir las consecuencias y hasta a veces sonaría a un desconocimiento previo. En lugar de generalizar y acusar a una institución, debería apuntarse a los responsables directos, ponerlos ante el magistrado, proveer de pruebas contundentes y dejar que la Justicia cumpliera su trabajo. No me paro en estas líneas para hacer una defensa a determinadas personas, lo hago sobre los contenidos ideológicos que son los que mantienen viva por generaciones la conducta y la moral. Estoy de acuerdo con muchos alegatos que se plantean y marcan fuertes emergentes en lo institucional y lo social. Es de hipócrita no ver estos focos ígneos y de mucha soberbia no plantear al menos una solución. Todos estos elementos que pertenecen al Estado patrimonial deberían ser los artífices para que el gobierno cumpla con los deberes, y obligaciones que le competen. Como lo dijo el gran historiador y escritor don Félix Luna (1925-2009): “Pocos países en el mundo se jactan, por tener un partido político centenario, como lo es la Unión Cívica Radical”, por su historia social y por sus fuertes contenidos democráticos, entre tantas cualidades... Estas descalificaciones trilladas son ambigüedades que se plantean y dejan en claro una actividad partidaria de maliciosa política. Es importante acceder a la historia con un sentido de aprendizaje y corrección; en lugar de darle crédito al resabio. Por ejemplo, no podemos rever y analizar por qué la crisis del 2001 sin tener en cuenta que veníamos de un desmantelamiento del país y una década de voraz ultraneoliberalismo, ¿fue acaso el menemismo o el peronismo? ¿Quiénes se opusieron a la ley y democratización de los gremios, que quisiera promulgar Alfonsín?, hoy los mismos forman parte en la toma de decisiones del Estado, cuando el pueblo eligió representantes y los gremios deberían abocarse a la defensa de los derechos que le fueron otorgados. Desde la década del 90 hasta los días de hoy no han cesado los decretos, mientras el pueblo carece de sus derechos y garantías. No somos los radicales quienes gobernamos con una actitud facciosa usando agresivos ministros y masas antagónicas con diferentes nombres para violar la Constitución. ¿Acaso es el kirchnerismo o el peronismo? Pero éstas son las cosas que nos enseñan y suman en nuestro haber, por eso cuando se pisa el barro hay que hacerlo despacio… repartamos la culpa y replantémonos si es el radicalismo una aguerrida oposición que revela la intransigencia moral del deber constitucional… Yrigoyen, en aquellos tiempos, vio la educación como un deber y un derecho para todos, plasmó la equidad en guardapolvos blancos y la igualdad entre las razas. Dejemos por un rato la historia y hagamos de lado tantos “ismo” y hablemos de política y rol del Estado… que es lo que el pueblo necesita y espera. En lugar de fútbol gratis se me ocurre, por ejemplo, destinar esos millones a la distribución equitativa de la riqueza; por ejemplo, crear guarderías gratuitas en los barrios, para que nuestras madres se encuentren con la dignidad del trabajo y nuestros hijos sean tratados con la pedagogía y la educación que por ley les corresponde. Se me ocurre también acercar los centros de salud, instituciones y servicios de seguridad, basados en una planificación continua de estudios técnicos y razonables. Ricardo Almonacid, DNI 22.122.648 Bariloche
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora