“Nuestros queridos viejos”

Muchos de nosotros hemos sido enseñados sobre el respeto a todas las personas pero sobre todo a los mayores o viejos, como les decimos y a veces se escucha como respuesta a un “¡Hola, viejo! ¿Cómo estás?” “¡Viejos son los trapos!”, y de verdad no es con el fin de ofenderlos sino simplemente una expresión. Si bien es cierto que no podemos detener el tiempo, tampoco podemos volver el tiempo atrás; es claro que vamos para el mismo lado. Debemos darles a nuestros queridos viejos todo el afecto que merecen, respetar sus decisiones y ayudarlos en todo lo que sea posible, entendiendo que tienen derechos como todos nosotros. En un mundo en desarrollo, al igual que en los países de altos ingresos, millones de personas mayores ven denegados sus derechos. Experimentan el aislamiento, la pobreza, la discriminación y hasta la violencia y el maltrato y tienen un acceso limitado a los servicios sociales y de salud, a la información y a la protección legal. Si bien el mundo carece aún de un instrumento legal vinculante para estandarizar y proteger los derechos de nuestros viejos, hace unos años, entre el 2010 y el 2011, la Asamblea General de la ONU creó un grupo de trabajo especial con un horizonte claro: darles a nuestros viejos una convención internacional como la que ya protege los derechos de grupos como niños y niñas, mujeres, personas con discapacidad y trabajadores y trabajadoras. La discriminación por razones de edad, la negligencia, el abuso y la violencia contra nuestros viejos representan en la actualidad algunas de las más graves violaciones a los derechos humanos y, como hace notar la ONU, la situación se ve agravada por el fenómeno adicional de “invisibilidad” de la población con más de 60, 70 u 80 años, personas que van quedando fuera de la dinámica económica y social, especialmente cuando viven en instituciones geriátricas –y no estoy en contra de aquellas instituciones que cuidan muy bien a nuestros viejos, pero hemos visto en algunas ocasiones el maltrato que reciben y nos duele y nos embarga la impotencia frente a esos malos tratos–. Nuestros viejos merecen que se les reconozcan sus derechos y ser escuchados… ¡cuántos de nosotros seríamos enriquecidos en conocimiento si prestáramos atención a sus consejos y apreciaciones! ¿Te has detenido a observarlos caminar? ¿Has visto la mirada que tienen? ¿Viste sus manos? ¿O vives tan apresurado que en muchas ocasiones pasas al lado de alguno de ellos y ni siguieras lo saludas? Nuestros queridos viejos son parte de todos nosotros y debemos valorarlos. En la vejez piadosa hay “sabiduría, hay entendimiento, hay solidez, hay instrucción y experiencia”. Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová. Ariel Alejandro Garabito DNI 23.480.995 Godoy

Ariel Alejandro Garabito DNI 23.480.995 Godoy


Muchos de nosotros hemos sido enseñados sobre el respeto a todas las personas pero sobre todo a los mayores o viejos, como les decimos y a veces se escucha como respuesta a un “¡Hola, viejo! ¿Cómo estás?” “¡Viejos son los trapos!”, y de verdad no es con el fin de ofenderlos sino simplemente una expresión. Si bien es cierto que no podemos detener el tiempo, tampoco podemos volver el tiempo atrás; es claro que vamos para el mismo lado. Debemos darles a nuestros queridos viejos todo el afecto que merecen, respetar sus decisiones y ayudarlos en todo lo que sea posible, entendiendo que tienen derechos como todos nosotros. En un mundo en desarrollo, al igual que en los países de altos ingresos, millones de personas mayores ven denegados sus derechos. Experimentan el aislamiento, la pobreza, la discriminación y hasta la violencia y el maltrato y tienen un acceso limitado a los servicios sociales y de salud, a la información y a la protección legal. Si bien el mundo carece aún de un instrumento legal vinculante para estandarizar y proteger los derechos de nuestros viejos, hace unos años, entre el 2010 y el 2011, la Asamblea General de la ONU creó un grupo de trabajo especial con un horizonte claro: darles a nuestros viejos una convención internacional como la que ya protege los derechos de grupos como niños y niñas, mujeres, personas con discapacidad y trabajadores y trabajadoras. La discriminación por razones de edad, la negligencia, el abuso y la violencia contra nuestros viejos representan en la actualidad algunas de las más graves violaciones a los derechos humanos y, como hace notar la ONU, la situación se ve agravada por el fenómeno adicional de “invisibilidad” de la población con más de 60, 70 u 80 años, personas que van quedando fuera de la dinámica económica y social, especialmente cuando viven en instituciones geriátricas –y no estoy en contra de aquellas instituciones que cuidan muy bien a nuestros viejos, pero hemos visto en algunas ocasiones el maltrato que reciben y nos duele y nos embarga la impotencia frente a esos malos tratos–. Nuestros viejos merecen que se les reconozcan sus derechos y ser escuchados... ¡cuántos de nosotros seríamos enriquecidos en conocimiento si prestáramos atención a sus consejos y apreciaciones! ¿Te has detenido a observarlos caminar? ¿Has visto la mirada que tienen? ¿Viste sus manos? ¿O vives tan apresurado que en muchas ocasiones pasas al lado de alguno de ellos y ni siguieras lo saludas? Nuestros queridos viejos son parte de todos nosotros y debemos valorarlos. En la vejez piadosa hay “sabiduría, hay entendimiento, hay solidez, hay instrucción y experiencia”. Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová. Ariel Alejandro Garabito DNI 23.480.995 Godoy

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