Nuevo modelo

La "cohabitación" requerirá muchísimo tacto de Cavallo . Sería difícil que De la Rúa lograra recuperar autoridad suficiente para imponerse.

Redacción

Por Redacción

Fiel a su índole particular, el presidente Fernando de la Rúa ha permitido que las dudas en cuanto a la conformación exacta del nuevo gobierno hayan prolongado un poco más el clima de incertidumbre que se apoderó del país – y del «riesgo país» – no bien José Luis Machinea decidió poner fin a su gestión como ministro de Economía, pero los más dan por descontado que ya se ha iniciado una etapa muy distinta de la anterior en la que el protagonista será Domingo Cavallo. Por cierto, a esta altura cualquier alternativa a este esquema desataría una crisis política y económica muy grave de consecuencias acaso imprevisibles pero con toda seguridad sumamente negativas. Es que, mal que les pese a una lista larga de caciques radicales, entre ellos el ex presidente Raúl Alfonsín, y de operadores frepasistas, tanto los «mercados» como la opinión pública han llegado a la conclusión de que la incorporación al gobierno de Cavallo vale más que la supervivencia de la Alianza. Con razón o sin ella, creen que su ingreso hará posible la recuperación de la Argentina de la depresión en la que se ha sumido, mientras que la eventual reafirmación del poder del «ala política» aliancista sólo serviría para sembrar desesperación. Asimismo, aunque algunos referentes radicales y frepasistas han estado procurando presionar a De la Rúa para que intente plasmar un gobierno de unidad nacional sin Cavallo, los más atribuyen su hostilidad hacia el ex superministro a su rencor personal y sospechan que en el fondo algunos radicales preferirían verlo trastabillar que tener que reconocer que ha contribuido de manera decisiva al eventual éxito del país.

Desde hace algunos días, los líderes radicales más renombrados han estado haciendo gala de su confusión frente a los cambios debatiendo temas como la conveniencia de respaldar al gobierno que está formándose o de oponérsele, la actitud a asumir frente a Cavallo, y así por el estilo. Parecería que aún no se han enterado de la magnitud de su propio fracaso. Sin embargo, el que no sólo haya sido llamativamente mediocre la gestión de un gobierno esencialmente radical sino que también los aportes «doctrinarios» de las figuras principales del partido hayan resultado contraproducentes debería haberles enseñado que a menos que su movimiento pueda actualizar su ideario a fin de adaptarlo al mundo de nuestros días sería mejor declararlo muerto.

Todo hace pensar que de ahora en adelante el «hombre fuerte» del gobierno no será el presidente sino quien hará las veces de primer ministro. Aunque De la Rúa continúe cumpliendo un papel importante, su función se parecerá más a la desempeñada por los monarcas y jefes de Estado europeos que reinan pero no gobiernan. Demás está decir que la «cohabitación» así supuesta requerirá muchísimo tacto por parte de Cavallo y también de otros ministros, pero en vista del fracaso evidente de la gestión de la Alianza original y de su propio carácter vacilante, sería difícil que De la Rúa logre recuperar la autoridad suficiente como para imponerse a los que en teoría serán sus subordinados.

La misión del nuevo gobierno no puede sino consistir en reducir el gasto público hasta niveles tolerables sin desanimar tanto a la ciudadanía que la economía se hunda por completo. Siempre y cuando las autoridades consigan convencer a la población de que una política facilista de la clase que están proponiendo muchos radicales traería desgracias incomparablemente peores que las previstas por quienes han estado protestando contra los recortes anunciados por el ya ex ministro Ricardo López Murphy, dicha tarea no debería resultarles tan difícil como tantos suponen. Después de todo, aunque ha sido ensordecedor el griterío desatado por los contrarios a la medidas, el ajuste que ha propuesto dista de ser tan drástico como muchos dicen creer: en opinión de algunos economistas, dadas las circunstancias es el mínimo concebible y para que el país pueda alcanzar el equilibrio deseable sería necesario podar con mayor severidad los costos extravagantes de la política. Por eso es probable que Cavallo se esfuerce por encajarlo en un «plan de crecimiento» que, claro está, parecería mucho más atractivo que el ejercicio básicamente fiscalista ideado por López Murphy aunque en el fondo no fuera demasiado distinto.


Fiel a su índole particular, el presidente Fernando de la Rúa ha permitido que las dudas en cuanto a la conformación exacta del nuevo gobierno hayan prolongado un poco más el clima de incertidumbre que se apoderó del país - y del "riesgo país" - no bien José Luis Machinea decidió poner fin a su gestión como ministro de Economía, pero los más dan por descontado que ya se ha iniciado una etapa muy distinta de la anterior en la que el protagonista será Domingo Cavallo. Por cierto, a esta altura cualquier alternativa a este esquema desataría una crisis política y económica muy grave de consecuencias acaso imprevisibles pero con toda seguridad sumamente negativas. Es que, mal que les pese a una lista larga de caciques radicales, entre ellos el ex presidente Raúl Alfonsín, y de operadores frepasistas, tanto los "mercados" como la opinión pública han llegado a la conclusión de que la incorporación al gobierno de Cavallo vale más que la supervivencia de la Alianza. Con razón o sin ella, creen que su ingreso hará posible la recuperación de la Argentina de la depresión en la que se ha sumido, mientras que la eventual reafirmación del poder del "ala política" aliancista sólo serviría para sembrar desesperación. Asimismo, aunque algunos referentes radicales y frepasistas han estado procurando presionar a De la Rúa para que intente plasmar un gobierno de unidad nacional sin Cavallo, los más atribuyen su hostilidad hacia el ex superministro a su rencor personal y sospechan que en el fondo algunos radicales preferirían verlo trastabillar que tener que reconocer que ha contribuido de manera decisiva al eventual éxito del país.

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