Obispos contra las cuerdas

Por Redacción

Es poco probable que los obispos locales, para no hablar de sus superiores en el Vaticano, hayan tomado demasiado en serio las credenciales teológicas o éticas del ex presidente Néstor Kirchner, el que, al celebrar el triunfo en el Senado del proyecto a favor de los matrimonios homosexuales, les aconsejó “modernizar” la Iglesia Católica para que “no repita los viejos pecados”, pero no pueden sino sentirse consternados por la derrota penosa que acaban de experimentar en la arena política. Por pretender representar valores eternos, instituciones religiosas como la liderada aquí por el cardenal Jorge Bergoglio son de naturaleza conservadora, razón por la que les es sumamente difícil “modernizarse”, sobre todo si hacerlo supone el abandono de doctrinas que han reivindicado desde hace muchos siglos, pero no cabe duda de que su negativa a adaptarse a una época que, mal que les pese, se ve signada por la irreligiosidad, les ha costado buena parte de la influencia que se habían acostumbrado a ejercer. Si bien antes de votar los senadores a favor del proyecto de legalizar el matrimonio gay los católicos militantes habían confiado en contar con el apoyo de legisladores procedentes de aquellas provincias del interior que supuestamente se destacan por su piedad, el resultado del debate les recordó que hoy en día incluso los habituados a intentar llamar la atención a lo “profunda” que es su fe católica por suponer que los ayudaría a la hora de votar no se creen obligados a respetar principios que según las autoridades eclesiásticas son de importancia fundamental. Aunque según las estadísticas disponibles el 75% de los argentinos sigue siendo católico, la verdad es que en la mayoría de los casos se trata a lo sumo de cierta adhesión sentimental, ya que los creyentes auténticos que, por lo tanto, respetarían la autoridad moral de los clérigos conforman una minoría ya muy reducida. La voluntad reciente de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su marido, además de muchos otros legisladores, de tratar a la Iglesia como una agrupación anticuada de actitudes trogloditas, para emplear la definición elegida por uno de los voceros más vehementes de la pareja, el senador rionegrino Miguel Pichetto, refleja la pérdida de poder de una institución que durante casi doscientos años fue capaz de insistir en que todos los presidentes se afirmaran católicos aun cuando fuera de dominio público que no lo eran. Entre otras cosas, suele atribuirse la caída del presidente Juan Domingo Perón a la reacción, comprensible por cierto, de los católicos luego de la quema de una docena de templos por parte de sus simpatizantes, pero aunque los Kirchner se las han arreglado para figurar, a juicio de obispos que comparten el espíritu maniqueo que es tan característico del matrimonio presidencial, como aliados del demonio en su guerra con Dios, la Iglesia ya no está en condiciones de movilizar extensos sectores sociales en contra de un gobierno que le es hostil. Por fortuna, el conflicto entre los Kirchner y la Iglesia no ha dado pie a actos de violencia, pero así y todo es de prever que los obispos hagan un esfuerzo por recuperar su capacidad para influir en política. Tendrán que intentarlo ya que la alternativa sería resignarse a la impotencia. Una forma de hacerlo consistiría en presionar a los políticos asegurándoles que el electorado, que en su opinión se vio madrugado por los impulsores de las bodas gay que consiguieron su propósito antes de que la gente común tuviera tiempo en que reaccionar, también criticará con mayor ferocidad todavía las deficiencias sociales de un “modelo” económico que, lejos de ayudar a que se reduzca la brecha entre los muy pobres y los demás, ha servido para ampliarla. Como ya habrá entendido el cardenal Bergoglio, las diatribas contra la desigualdad económica suelen ser bien recibidas por casi todos, salvo los integrantes del gobierno de turno, mientras que las pronunciadas con el propósito de reivindicar posturas religiosas tradicionales parecen tan anacrónicas que mofarse de ellas es muy fácil. Con tal que sus portavoces se limiten a temas económicos, pues, la Iglesia aún puede hacerse oír, pero si se les ocurre dar importancia a sus dogmas, pronto descubren que hasta para quienes asisten a misa las opiniones así supuestas parecen propias del medioevo.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 768.803 Director: Julio Rajneri Co-directora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación de Editorial Río Negro SA – Domingo 18 de julio de 2010


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