Opinión: las futbolistas y un partido que se juega en todos lados





Lejos de las contratapas de las revistas deportivas y con los pies en el barro adentro de las canchas. Las mujeres ganamos visibilidad como deportistas y en el ámbito futbolístico, para derrotar la imagen que siempre quisieron imponernos dentro de la industria: como “esposas de los jugadores” o “bombas sexuales” para seducirlos a ellos.

Con gran esfuerzo y valentía, las pibas muestran desde el juego que el protagonismo se gana a fuerza de calidad y valentía en cada uno de los rincones. En un ámbito en el que crecen día a día, el sueño de la profesionalización está cumplido en el discurso, pero aún faltan construir las bases sólidas para erradicar las desigualdades dentro y fuera de los clubes.

La importancia de celebrar este año el día de la futbolista es justamente avanzar en la inclusión, para que las más grandes puedan vivir del deporte al igual que sus pares varones y para que las más chicas puedan empezar a despuntar en las canchas desde la edad en que así lo deseen.
También es para pensar en apostar a la disciplina, más allá de los réditos económicos. Tenemos el mismo derecho de jugar a la pelota como de consumir el fútbol femenino en la televisión.

La televisación del último torneo nacional, previo a la pandemia, fue un triunfo enorme y ampliamente celebrado. La aparición de las chicas jugando trajo aparejadas otras discusiones, en las que mete su aguijón el mercado y la presión de ser redituables; ese es aún un frente abierto en el que todavía hay que seguir ganando terreno en el debate.

Hoy la adrenalina de jugar se mezcla con la de poder acceder a más y mejores derechos. Como está comprobado en la práctica, la estrategia ofensiva es la única posible para avanzar en la igualdad y equilibrar así la cancha.


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