Opinión publicada

Los invitamos a leer los artículos “Bóvedas”, de Luis Bruchstein; “Una década de batalla kirchnerista por la historia”, de Eduardo Fidanza; y “Kirchnerismo: las ideologías aún con vida”, de Ignacio Ramírez.

Por Redacción

Luis Bruschtein, en Página 12, en una nota titulada “Bóvedas”, atribuye al Grupo Clarín la responsabilidad por las denuncias de corrupción que se han formulado. Señala que “en este año electoral el multimedio lanzó una ofensiva con denuncias sobre corrupción, una detrás de otra que se repiten hasta el cansancio, se autoentrevistan, se tejen sobreentendidos y van conformando un imaginario de bolsas repletas de dólares argentinos circulando en aviones por todo el planeta y bóvedas con millones de euros. Un imaginario infantil, casi ingenuo sobre la corrupción, las bolsas y las bóvedas son imágenes burdas, la corrupción no es tan obvia, es más sutil. Pero lo que se busca es un efecto. Hablar de asientos contables no tiene el mismo impacto que hablar de decenas de bolsas llenas de dinero viajando de un lado a otro, atravesando aduanas, una imagen imposible pero más efectista. Igual que las bóvedas, como si los corruptos acumularan en el colchón y no en fondos de inversión, en bonos o acciones que son más aburridos para mostrar. La imagen de bóvedas repletas de millones es la del Tío Patilludo que tenía una bóveda con un trampolín para zambullirse en los billetes. Una de las fuentes más importantes de esas denuncias, el ex vicegobernador santacruceño Eduardo Arnold, dijo que a Kirchner le gustaba tanto la plata que le instalaron una bóveda en el mausoleo donde están sus restos, en Santa Cruz”. Para leer el artículo completo, hacé clic.

Eduardo Fidanza en La Nación, brinda su interpretación sobre la década kirchnerista. Señala que “tal vez sin saberlo, Kirchner se aventuró a contar la historia argentina al modo de Walter Benjamin, convirtiéndola en la aventura de los oprimidos. Abrazó a los humillados del presente económico y a los ofendidos del pasado político. Y señaló a los responsables de su sufrimiento: la represión militar de los 70 y el neoliberalismo de los 90. Con esta operación quebró el vínculo entre pasado y presente que había establecido la democracia a partir de 1983: el pasado era la dictadura, el presente eran las instituciones. Con Kirchner, el pasado regresó en bloque como experiencia trágica, sin distinción de régimen político. Así, los militares de la dictadura y los neoliberales de la democracia resultaron (y resultan) homologados. Según la interpretación del régimen, fueron equivalentes y produjeron lo mismo: desaparecidos, desempleados, explotados. Por eso, el 24 de marzo de 2004, a poco menos de un año de asumir la presidencia, Kirchner desconoció los juicios a los militares en los 80 como un logro de la democracia incipiente. Para el kirchnerismo no hubo gesta democrática hasta un día como hoy, hace diez años”. Añade que “una década después la realidad se trastocó dramáticamente: al agonismo redentor del primer Kirchner, le siguieron la consagración autorreferencial de Cristina y la decadencia del modelo. El tiempo ya no es propicio, es adverso, aunque el Gobierno lo niegue. En esas condiciones, insistir en las batallas por la historia puede ser un error. Y asumir la defensa sesgada de los humillados puede tener consecuencias paradójicas. Hoy el pasado sigue incrustado en el presente, obturando el futuro. Y los que apostaron por los oprimidos no logran explicar por qué algunos compañeros de ruta amasaron fortunas incalculables y corruptas, propias de los opresores”. Para leer el artículo completo, hacé clic.

Ignacio Ramírez, en Página 12, afirma que “conocida al menos parte de la anatomía ideológica de nuestra sociedad, resulta sencillo advertir que las victorias políticas kirchneristas no constituyen un rayo en un cielo estrellado. El kirchnerismo ha logrado rehabilitar y fortalecer valores subyacentes de la cultura política argentina ligados al rol del Estado, a la búsqueda de la igualdad y a la pertenencia latinoamericana. Asimismo, ha conseguido articular consensos en torno de la política de derechos humanos y del matrimonio igualitario, temas que –en contra de lo que se cree– no rankeaban muy alto entre las demandas y preocupaciones de los argentinos hace diez años. En síntesis, durante la última década se ha configurado un nuevo ecosistema cultural en el que se conjuga el regreso de las mayúsculas (Política, Ideologías, Estado) con una serie de rasgos culturales propios de la atmósfera simbólica de los tiempos posmodernos. La tesis que hemos intentado compartir sostiene que el kirchnerismo expresa –es causa y consecuencia– un consenso ideológico, cuya vigencia impide hablar de cambio de clima o fin de ciclo”. Para leer el artículo completo, hacé clic.


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