Chihuídos una espera peligrosa

Por Daniel Baum

De la mano de Agua y Energía Eléctrica de la Nación, allá por el año 1977, parecía resucitar aquel viejo proyecto de construir la represa Chihuidos sobre el río Neuquén. Sin embargo, los antecedentes se remontaban a 1965-1967, cuando ese organismo comenzó los estudios para desarrollar un aprovechamiento hidroeléctrico a la altura de Bajada del Agrio y regular al mismo tiempo las crecidas del río.

Aunque todo indicaba que el proyecto avanzaría, ocurrió exactamente lo contrario. La iniciativa volvió a quedar paralizada y, además, la prioridad otorgada a la construcción de las represas El Chocón, Piedra del Águila, Alicura en el río Limay y Planicie Banderita sobre el río Neuquén, hizo pensar que Chihuidos terminaría definitivamente archivado.

Esa percepción se consolidó aún más con la construcción de otras obras sobre el río Limay, como Pichi Picún Leufú y Arroyito.

Sin embargo, en 2006 el proyecto volvió a tomar impulso, aunque con una concepción diferente. Se optó por desarrollar primero Chihuídos II, una obra de menor envergadura considerada más viable desde el punto de vista técnico y financiero, sin abandonar el proyecto original que pasó a denominarse Chihuídos I.

Durante el tercer mandato del gobernador Jorge Sobisch se dictó el decreto que adjudicó la construcción de Chihuídos II a la UTE integrada por IMPSA y Lagarde. La oferta ascendía a 711 millones de dólares y contemplaba un plazo de ejecución de cuatro años. El esquema de financiamiento preveía un aporte de 129 millones de dólares por parte de la Provincia y de 103 millones de dólares por parte del Gobierno nacional, lo que requería la aprobación previa de la Legislatura neuquina.

Esa aprobación nunca llegó. El mandato de Sobisch concluyó en diciembre de 2007 y, al asumir Jorge Sapag el decreto fue dejado sin efecto. El nuevo gobierno provincial sostuvo que la prioridad debía ser la construcción de Chihuídos I, ya que, por su mayor escala de generación permitiría producir energía a un menor costo por megavatio.

En honor a la verdad, nadie impulsó con tanta determinación la concreción de Chihuidos I como el ex gobernador Jorge Sapag. Durante su gestión se avanzó en varios planos, se proyectó y trabajó la relocalización de aquella parte de la localidad de Quili Malal que sería afectada por el embalse, como así en la aprobación legislativa de todos los instrumentos necesarios para la construcción de la obra.

A pesar de ese esfuerzo provincial y de las reiteradas promesas de los sucesivos gobiernos nacionales, Chihuídos I continúa, hasta hoy, esperando convertirse en una realidad.

El peligro de la demora

Si bien es cierto que nadie puede predecir cuando podría ocurrir la “máxima crecida probable” (CMP) del río Neuquén, también es cierto que algún día podría acontecer. Una contingencia natural extrema, que según parámetros de diseño utilizados en ingeniería hidráulica podría alcanzar a 23.000 m3 por segundo combinando factores meteorológicos y climáticos, sería muy peligroso descartarla para siempre.

Cuando el ingeniero Elías Sapag como presidente de Emidro SEP y representante de Neuquén en la AIC planteaba en la legislatura del Neuquén la importancia de Chihuídos I como factor de regulación del caudal del río Neuquén, algunos minimizaban su argumentación diciendo que se magnificaba el peligro de crecidas.

Es preocupante que no se piense en el desastre que podría ocurrir si llegara a acontecer un episodio superior al del año 2006 cuando estuvo complicada la represa Portezuelo Grande.

En pleno invierno del año 2006 una crecida del río Neuquén puso en jaque al dique compensador Protezuelo Grande llegando su caudal a los 10.300 m3/s, lo que pudo controlarse a duras penas derivando esa crecida a los lagos Barreales y Mari Menuco.

Aprender de la experiencia ajena

Siendo Carlos Reuteman gobernador de Santa Fé se produjo en su ciudad capital y en localidades aledañas una de las principales inundaciones de su historia, producto de una crecida del río Salado alimentada durante cinco días por precipitaciones que llegaron a acumular 1.400 mm.

El desastre generado, dejó un importante número de víctimas fatales y causó grandes daños materiales, que evaluaciones posteriores establecieron un costo que superaba los U$S 1.500 millones de dólares.

Investigaciones realizadas sobre esta catástrofe determinaron que una de las causas principales estuvo dada por las obras inconclusas en el sistema de defensa del gran Santa Fé. Obras planificadas que no se venían ejecutando con la continuidad necesaria y que se fueron demorando entre otras causas por subestimar la posibilidad de que se produjeran crecidas extremas del río Salado y su sistema hidrográfico.

Cuidar las economías regionales

Considerando los desastres en vidas y materiales que podrían sufrir las poblaciones de Añelo, El Chañar, Vista Alegre, Centenario, Neuquén Capital y las localidades de la provincia de Río Negro que viven en la margen Este del río Neuquén, la obra de Chihuídos es imprescindible.

Solo pensando en el daño que podría causar una crecida extrema a las actividades hidrocarburífera y agropecuaria, deberían priorizar las obras de los Chihuídos y ponerlas en las agendas gubernamentales, tanto provincial como nacional.

Una represa multipropósito

Sin dudas, el proyecto hidroeléctrico Chihuídos I, que está diseñado con una capacidad de potencia de 637 MW y con la posibilidad de generar 1750 GWh de electricidad por año, servirá también para controlar las crecidas del río Neuquén y la posibilidad de poner miles de hectáreas bajo riego en el centro geográfico de la provincia.

Aprovechar el caudal del río Neuquén para la diversificación productiva de la provincia retomando la construcción de obras de riego, sería una muy buena utilización de solo una parte de la actual renta petrolera.

Si vemos la transformación económica que aconteció como consecuencia de haber construido sistemas de riego como fueron el dique Ballester en Vista Alegre-Barda del Medio, o el canal de riego La Picasita en el departamento Picún Leufú, o el canal de riego Sauzal Bonito/El Chañar, solo por citar los más importantes podemos imaginar lo que significaría contar con nuevos canales de riego a partir de la construcción de la represa Chihuídos I.

*Exconvencional Constituyente, exsenador, exdiputado nacional y provincial.


De la mano de Agua y Energía Eléctrica de la Nación, allá por el año 1977, parecía resucitar aquel viejo proyecto de construir la represa Chihuidos sobre el río Neuquén. Sin embargo, los antecedentes se remontaban a 1965-1967, cuando ese organismo comenzó los estudios para desarrollar un aprovechamiento hidroeléctrico a la altura de Bajada del Agrio y regular al mismo tiempo las crecidas del río.

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