Cuidacoches y limpiavidrios: una propuesta cooperativa

Hay que evitar que las personas vulnerables queden a merced de falsas entidades solidarias. Merecen una salida laboral genuina.

Por Roberto Fermín Bertossi

Los limpiavidrios ven con preocupación que quieran prohibir la actividad. (Foto: Cecilia Maletti).

En líneas generales, los conocidos o denominados en Córdoba como “naranjitas” y distintos apodos en otras regiones del país, son cuidacoches, limpiavidrios y ordenadores de tránsito que visten chalecos naranjas, dedicados -básicamente- a gestionar flexiblemente el estacionamiento en la vía pública. Se dividen en autorizados legales (cooperativas reguladas por municipios, etc.) e ilegales/informales. La mayoría son seres humanos desocupados, trabajadores vulnerables, a menudo mujeres único sostén de hogar o personas mayores que dependen de esta actividad intermitente como exclusiva fuente de ingresos para satisfacer o atemperar mínimamente sus necesidades básicas.

En nuestro caso y antes que nada, hablar de “naranjitas” es hablar de “personas humanas” empobrecidas, sin oportunidades (y también algún que otro “vago” ) que pueden estar o quedar a merced de caricaturas o simulacros de cooperativas.

Organizaciones solidarias civiles que pudieran terminar siendo gestionadas, y efectivamente lideradas, no por quienes efectivamente trabajan autónoma e independientemente en ellas , sino explotadas por algún dirigente social o puntero político, algún otro turbio y especulativo entramado de abusos o fraudes laborales de políticos y autoridades gubernamentales, gestado entre funcionarios, “casta” o rosca política, etc.

En principio y focalizadamente en este caso, la cooperativas surgen como única respuesta pública estatal a una lacerante falta de trabajo, alimentos, medicamentos, habitación, abrigo, etc., en este fragilísimo segmento de la sociedad. Hoy, las habilitaciones estatales o contrataciones para cuidado de vehículos, limpieza de parabrisas, lavado informal de coches estacionados, etc.; generalmente son improvisadas.

Se habilitan cooperativas irregulares y de antecedentes incomprobables, al menos en términos permanentes, inmediatos y con todo reproche sobre la recurrente opacidad al omitir contrastarlas periódicamente con mínimas exigencias legales y administrativas en vigor. Es algo que inadmisiblemente suele incumplir la propia autoridad de supervisión y aplicación cooperativa pertinente.

Es cvierto que múltiples y diversos abusos/extorsiones, exacciones y hasta violencia de supuestos “cuidacoches” en todo el país, vinieron generando estigmatización, la separación del espacio público, la acción policial, con resonancia periodística y judicial en los últimos años. Pero ello dejó demasiados damnificados, que nunca encontraron respuesta satisfactoria en las autoridades o responsables del espacio público para trabajar honestamente en el estacionamiento de vehículos.

No en vano, ya es una acuciante problemática social y humana que tiene en vilo -con razón y sensibilidad inclusiva-, a las más altas autoridades gubernamentales, de la sociedad civil y de organizaciones sociales de reconocida trayectoria y solvencia. Es un desafío al que debemos superar encontrando una salida mancomunada, digna y satisfactoria, consistente y duradera tanto como sea posible, al menos si en espíritu y en verdad, somos o queremos ser una solidaria comunidad cooperativa.

No hemos sido capaces de hacer el único cooperativismo de trabajo verdadero (sin empleados como tales, sino sólo con asociados empresarios de su propio trabajo personal e independiente, con paulatina y simultánea formación y capacitación cooperativa regular y permanente ) una obligación ineludible del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) compartida con las reparticiones locales de aplicación cooperativa. Y podríamos recaer en seudo cooperativistas de trabajo que ni saben de qué se trata ser tales, o que figuran testimonialmente integrando varias cooperativas; extravagantemente en las mismas narices de todos.

Entonces, deben permitirse solamente auténticas cooperativas en tanto generadoras -directa e indirectamente- de trabajo genuino, inspiradas en una necesidad real y natural como la que se vive en estos tiempos de crisis, desocupación y escasa o nula oferta laboral. Malversar su espíritu solo revela el estado de descomposición de autoridades, poderes y de una dirigencia tan incapaz como inescrupulosa, excluyentemente cruel e insensible.

De ninguna manera debemos permitir que nadie malverse o prostituya el trabajo cooperativo ni que deshonre su bien ganado prestigio mediante el vil y artero envilecimiento de actores y dirigentes sociales, civiles o políticos, públicos y privados.

Finalmente, verificables y verosímiles cooperativas de trabajo para ‘naranjitas’, si; pero en cuanto tales, ni más ni menos. El Estado local, provincial o nacional, debiera asegurar su promoción y fomento sostenido, junto a una apropiada asistencia, difusión y fiscalización que garantice y encarne humanizada e inclusivamente su carácter y finalidades.

* Abogado y experto en cooperativismo.


Los limpiavidrios ven con preocupación que quieran prohibir la actividad. (Foto: Cecilia Maletti).

En líneas generales, los conocidos o denominados en Córdoba como “naranjitas” y distintos apodos en otras regiones del país, son cuidacoches, limpiavidrios y ordenadores de tránsito que visten chalecos naranjas, dedicados -básicamente- a gestionar flexiblemente el estacionamiento en la vía pública. Se dividen en autorizados legales (cooperativas reguladas por municipios, etc.) e ilegales/informales. La mayoría son seres humanos desocupados, trabajadores vulnerables, a menudo mujeres único sostén de hogar o personas mayores que dependen de esta actividad intermitente como exclusiva fuente de ingresos para satisfacer o atemperar mínimamente sus necesidades básicas.

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