Europa, un continente que necesita migrantes, pero los resiste
Desempeña un papel cada vez más importante, al compensar parcialmente los efectos negativos del envejecimiento demográfico y de la reducción de la población activa. Pero su población apoya medidas muy restrictivas propuestas por la ultraderecha.

Adrien de Calan
La población de la Unión Europea está a punto de alcanzar su máximo histórico y comenzará a disminuir en las próximas décadas, afirma un informe publicado este martes, que pone de relieve los desafíos que plantea el envejecimiento poblacional.
En la actualidad, la UE tiene una población de 450,6 millones de habitantes, y seguirá aumentando ligeramente hasta 2029, cuando alcanzará unos 453,3 millones, antes de iniciar un descenso lento pero sostenido, indicó el martes el Centro Común de Investigación (CCR), un instituto adscrito a la Comisión Europea.
Baja natalidad
Para 2050, Europa contará con unos 445 millones de habitantes, y para el 2100 la cifra caerá hasta los 398,8 millones, un nivel de población comparable al de la segunda mitad de la década de 1970.
En tanto, los europeos viven más tiempo que nunca.
La esperanza de vida alcanzó los 81,5 años en 2024, gracias a los avances de la medicina y la mejora de las condiciones de vida. De aquí a 2050, casi uno de cada tres habitantes de la UE tendrá 65 años o más, frente a uno de cada cinco en la actualidad.
De cara a 2100, la esperanza de vida podría superar los 90 años para las mujeres y los 86 años para los hombres.
Estos cambios plantean “importantes desafíos”, como la escasez de mano de obra, una mayor presión sobre las finanzas públicas, tensiones en los sistemas de salud, educación y formación, así como sobre la cohesión territorial, reconoce la UE.
Sin embargo, también crean nuevas oportunidades de mercado en torno a la denominada economía plateada (silver economy), centrada en productos y servicios destinados a las personas mayores.
Inmigración, una “necesidad”
El informe señala que la inmigración “desempeña un papel cada vez más importante en la evolución de la población, al compensar parcialmente los efectos negativos del envejecimiento demográfico y de la reducción de la población activa”, aunque por sí sola no puede modificar de forma significativa la trayectoria demográfica de la UE.
“La migración es una necesidad”, declaró la comisaria de la UE para el Mediterráneo, Dubravka Suica, a la prensa.
En Europa, las mujeres tienen cada vez menos hijos, una tendencia que se arrastra desde los años 1960. La tasa de fecundidad cayó a 1,34 hijos por mujer en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 necesario para mantener estable la población sin migración.
La edad media de la población europea era de 44,9 años en 2025, pero existen grandes diferencias entre los países del bloque.
“Estamos viviendo vidas más largas y sanas que nunca, uno de nuestros mayores logros. Pero el cambio demográfico está remodelando nuestras sociedades, nuestras economías y nuestros mercados de trabajo”, explicó Suica en un comunicado. “Debemos actuar ahora para convertir esta transformación en una oportunidad”, agregó.
Medidas restrictivas
Sin embargo, este enfoque choca con una fuerte resistencia entre la población y los dirigentes. Los legisladores europeos dieron hace unas semanas su visto bueno definitivo a normas migratorias más estrictas, que otorgarán a las autoridades poderes de detención mucho más amplios y permitirán la creación de centros de deportación fuera del bloque. El voto tuvo lugar en un contexto de endurecimiento de la política migratoria de los gobiernos europeos ante los cambios al respecto en la opinión pública, que han impulsado los avances electorales de la extrema derecha en todo el continente.
Además de los centros de retorno, las nuevas medidas establecen la estricta obligación para los migrantes sujetos a expulsión de abandonar el territorio y cooperar con las autoridades para ello.
Quienes no lo hagan, o quienes representen un riesgo para la seguridad o se considere que podrían darse a la fuga, podrán ser detenidos hasta dos años.
Estas disposiciones han provocado la indignación de organizaciones de derechos humanos y de políticos de izquierda.
Las voces críticas incluyen a la Iglesia. El papa León XIV viajó a principios de julio, dos semanas después de que la Unión Europea aprobara las nuevas normas migratorias, a la isla italiana de Lampedusa para rendir homenaje a los migrantes que arriesgan sus vidas en la travesía por el Mediterráneo, en un claro mensaje contra estas políticas. Tras hacer una ofrenda floral, se dirigió a la “Puerta de Europa”, un monumento dedicado a las víctimas, donde oró en soledad sobre una roca frente al mar, con la sotana azotada por un fuerte viento. Situada entre Túnez y Malta, Lampedusa se ha convertido en uno de los principales símbolos de la crisis migratoria en Europa con miles de muertos en esta ruta.

Adrien de Calan
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