Día Nacional del Agua: ¿Celebración o apremiante desafío?

La fecha tiene por objetivo no sólo promover un consumo racional y un aprovechamiento equilibrado sino también para evitar su deterioro y derroche.

¡Cada 31 de marzo, conmemoramos el día nacional del agua!

Después del aire, el agua es nuestro recurso más valioso, subespecie de ‘oro azul’ al que más de dos mil quinientos millones de personas en el planeta no tienen acceso directo. No sólo es insustituible para la vida sino también hace a una cuestión sanitaria, social y cultural decisiva.
Antes que nada, estamos hablando de un derecho humano fundamental, de un recurso natural crecientemente escaso, pero también de un derecho humano cínicamente mercantilizado, víctima de toda procrastinación sobre educación constitucional ambiental para usos y consumos responsables, (Vg., la implementación edilicia y en infraestructuras de doble cañería, una con agua potabilizada, la otra sin esa cualidad, etc.) ello en categoría de deber humano desafiante para disuadir y evitar, concienzudamente, toda malversación y derroche de este vital recurso sin sustituto conocido.

Es y fue objetivo de esta efeméride (que data del año 1963), acentuar la importancia de los recursos hídricos de nuestro país, para promover no sólo un consumo racional y un aprovechamiento equilibrado, sino también para evitar su deterioro y derroche conforme así fuera determinado constitucionalmente en 1994.

En efecto, consecuente y textualmente, según el artículo 41 de nuestra Constitución Nacional, “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley. Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales…” (sic).

El día nacional del agua se instauró en el año 1963, oportunidad en que la ciudad de Córdoba fue escenario de una reunión para celebrar el 25º Aniversario de la creación de la entonces Dirección General de Hidráulica de dicha provincia. Esa reunión constituyó en la práctica el Primer Congreso Nacional del Agua. Allí se aprobó la propuesta de establecer el 31 de marzo como el Día del Agua, ya que en esa fecha se había creado dicho organismo provincial. Siete años después se concretó, por Resolución del entonces Ministerio de Obras y Servicios Públicos de la Nación Nº 1630/70, que se debía celebrar el 31 de marzo como el «Día Nacional del Agua», a instancias del Subsecretario de Recursos Hídricos el bien renombrado Dr. Guillermo Cano. El objetivo era acentuar la importancia de los recursos hídricos de nuestro país, para promover no sólo un consumo racional y un aprovechamiento equilibrado, sino también para evitar su deterioro. Dicho objetivo tiene en estos tiempos más relevancia y está plenamente vigente. Se expresaba en esa época la necesidad de … “Estimular en todos los habitantes la responsabilidad en el uso de los recursos hídricos del país, así como un mayor conocimiento y la conservación a conciencia de los mismos”. Finalmente, el 30 de marzo de 1973, por Decreto del poder ejecutivo Nº 2481/73 se instituye la fecha 31 de marzo como «Día Nacional del Agua” a pedido del Comité Permanente de los Congresos Nacionales del Agua.

A todo esto y no obstante la abundancia de recursos hídricos con que fue dotado nuestro territorio patrio, pensamos que antes de celebrar, penosamente sobran los motivos para inquietarnos y mucho cuando aproximada, cruel e indolentemente, tres millones de argentinos carecen de excusados con retretes, lavabos y sanitarios dignos, mínimamente apropiados; cuando el 27.5 % de los 45.376.763 millones de habitantes (personas humanas) no tiene acceso a la red pública de agua y cinco de cada diez no tienen cloacas. Así, estas situaciones impactan negativa y nefastamente en la salud pública provocando, en particular, morbilidades que afectan, especialmente a niños, minusválidos y adultos mayores.

Finalmente, insisto entonces sobre la importancia crucial, urgente y decisiva de fortalecer la educación ambiental para promover y fomentar usos, consumos y hábitos sustentables, más cooperativos, menos desaprensivos, transformando nuestro itinerario hídrico en pos de lograr ´ciudadanía ambiental´, es decir, ciudadanos comprometidos y corresponsables con el medioambiente y la biodiversidad.

Al fin y al cabo, directa e indirectamente está en juego el cuidado duradero de nuestra Casa común; sin más distracciones.

*El autor de esta columna de opinión es experto CONEAU en Cooperativismo.


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