Dos desafíos en el horizonte
Responder a grupos temporarios sectoriales como un esquema que suple la más natural polarización política es parte de la estrategia neuquinizada. El liderazgo natural ahora asiste a ser reactivo o estratégico y por eso se plantea un proyecto a mediano plazo con fuerte protagonismo estatal
A dos años de haber asumido, el gobernador Rolando Figueroa llega a la apertura de su tercer período de sesiones con un capital político que no es menor: haber leído antes que otros el agotamiento de un sistema.
Las coaliciones políticas en tránsito
Su decisión de romper con la lógica histórica del Movimiento Popular Neuquino, que durante décadas concentró poder y hasta fabricó su propia oposición, le permitió construir una coalición amplia y generar expectativas reales de cambio.
Ese gesto inicial se apoyó en un relato de diferenciación que tuvo correlato en algunas políticas concretas: recorte de planes sociales, obras públicas fuera del eje petrolero y una promesa de tolerancia cero frente al uso irregular de fondos.
Esa narrativa todavía sostiene parte de su legitimidad, pero ya no alcanza por sí sola.
La transformación del Estado provincial
El primer gran desafío es, claramente, hacia adentro del Estado provincial.
Neuquén mantiene una matriz fuertemente estatista, con alta tolerancia social a empresas públicas, entes descentralizados y estructuras que suplen donde el privado no llega o no quiere llegar.
Las 21 empresas y organismos estatales, la política habitacional, el debate sobre la gratuidad de los servicios, la competencia entre empleo público y privado, y el sostenimiento del sistema jubilatorio con fondos de ahorro, forman parte de un mismo problema: cómo modernizar sin romper.
El diagnóstico sobre ineficiencias está hecho desde hace tiempo, pero ahora se vuelve inevitable pasar del discurso a reformas concretas.
El dilema de la caja previsional
La deuda histórica de la caja previsional, cubierta durante décadas con recursos del Tesoro que se restaban a otras áreas, muestra que pagar, ahorrar y administrar no siempre fue compatible.
Figueroa deberá decidir si avanza en cambios estructurales —con el costo político que eso implica— o si administra el statu quo con retoques graduales.
El segundo desafío es estrictamente político y quizás más delicado.
En un contexto de alta sensibilidad social, promesas exigidas al detalle y tolerancia cero al incumplimiento, el riesgo no es solo perder apoyo, sino fragmentarlo en múltiples grupos circunstanciales de presión.
Los riesgos de la fragmentación política
En La era del hartazgo se advierte que la polarización constituye un elemento central en las democracias, evitando que se conviertan en un conjunto de grupos de interés fluidos.
Esa frase resume un riesgo concreto para el gobierno neuquino: que la coalición que lo llevó al poder se diluya en demandas sectoriales, temporales y muchas veces incompatibles entre sí.
Cuando cada tema genera su propio “grupo de referencia”, la gestión pierde capacidad de conducción.
En ese escenario, Figueroa enfrenta una tensión central: sostener la lógica de coalición amplia sin caer en una suma dispersa de reclamos.
Hacia un liderazgo estratégico
Gobernar con base en consensos móviles puede ser una fortaleza en el inicio, pero también una debilidad si no se transforma en un proyecto estable.
La experiencia muestra que, en Neuquén, el respaldo no es incondicional ni duradero; se renueva todos los días en función de resultados concretos.
El desafío político es, entonces, pasar del liderazgo reactivo al liderazgo estratégico, ordenar prioridades y aceptar que no todos los compromisos pueden cumplirse al mismo tiempo.
Dos años después, el gobernador ya no gobierna sobre expectativas, sino sobre balances parciales.
El futuro del modelo de provincia
Hacia adentro, debe redefinir el rol del Estado sin romper el contrato social implícito de una provincia pro estatal.
Hacia afuera, necesita evitar que la fragmentación y el hartazgo reemplacen a la coalición que lo llevó al poder.
Entre la reforma y la prudencia, entre la polarización productiva y la dispersión improductiva, se juega buena parte del futuro político de su gestión.
Y, también, del modelo de provincia que Neuquén pretende construir en la próxima década.
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