Las tres palancas para la reelección que están en duda
Milei necesita una economía de precios estables y crecimiento homogéneo, apoyo exterior solvente y una extensión de la paciencia social.
Javier Milei consiguió en el Congreso el único objetivo posible tras el derrumbe político de Manuel Adorni: nivelar para abajo. Esto es: diluir la figura devaluada del jefe de Gabinete en el mismo caldo con sus opositores menos creíbles.
Desde la tribuna se encargó de señalar a Myriam Bregman, la política de ultraizquierda que promueve una rebelión social de facto contra el modelo de democracia vigente. Y después de la interpelación, instruyó al Gobierno para que levante el perfil de una denuncia contra Rodolfo Tailhade, el diputado kirchnerista que llegó a su banca desde el comando de contrainteligencia de la Side.
Para rescatar a su vocero, Milei invirtió un alto capital político. Ordenó a todo el gobierno copar las gradas en Diputados y para blindar la operación lanzó una retahíla de insultos guionados a los cronistas parlamentarios que lo esperaban a la salida.
En un intento por atenuar ese daño, permitió luego que regresen los periodistas acreditados a la Casa Rosada. El Presidente cree que la presión política sobre Adorni cederá de a poco, por una mezcla inevitable de resignación social y polución informativa.
El problema político central que Milei advierte es otro: el cambio de clima por el deterioro de las expectativas económicas. Eso traslada las preocupaciones a un plano distinto del griterío en el Congreso. Lo complicado es la combinación del rebrote inflacionario con un modelo de crecimiento que todavía no incluye a los conglomerados demográficos más densos.
El equipo económico no cesa de subrayar algunos grandes números favorables. Es cierto que el Banco Central acumuló más de 7.000 millones de dólares en el primer cuatrimestre. En abril superó el 70% de la meta de compra de reservas fijada para todo el año.
Con el programa fiscal todavía equilibrado, el FMI le concedió a Luis Caputo el acuerdo técnico que fue a gestionar en Washington. La demora en la recomposición de reservas era una crítica frecuente de los economistas al Gobierno.
Un dato relevante es que la captación de dólares no proviene de los mercados de deuda, sino que asoma desde los sectores dinámicos de la economía. Como señala el economista Fernando Marengo, esta novedad tiende a consolidar el cambio de régimen económico: cualquier gobierno futuro necesitará que el sector energético, el minero en crecimiento y el agro sigan generando divisas.
Eso sólo puede expandirse en un contexto de equilibrio fiscal, estabilidad de precios y libertad de comercio. El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea puede ensanchar en más de 75%, en cinco años, el volumen de las exportaciones nacionales con ese destino.
Insumo clave
Pero hay un insumo clave para ese proceso: la garantía de continuidad política para el modelo económico, a largo plazo. El riesgo país no baja porque todavía existen dudas sobre la paciencia social y la pericia del Gobierno para retener respaldo político.
Milei está obligado a ofrecer señales de que la inflación volverá a bajar y de que el modelo de crecimiento no naufragará por la falta de una estrategia de reconversión asistida para los sectores menos dinámicos: la industria y los servicios orientados al mercado interno. Sin esas señales, la reelección de Milei siempre será una duda descontada por los mercados en la tasa de riesgo país.
Además de la economía, el otro factor de apalancamiento elegido por el Presidente ha sido la política exterior, su alineamiento incondicional con Donald Trump.
Trump tiene su frente interno agitado por las elecciones legislativas de noviembre y acaba de darle un nuevo giro a la guerra contra Irán. Al filo de los plazos legales vigentes en su país, Trump le notificó al Capitolio que las hostilidades en Medio Oriente han cesado.
En verdad, la guerra en Medio Oriente no ha concluido. Tras la fase militar inicial y el contraataque iraní en el estrecho de Ormuz, la guerra cambió. Trump le arrebató a Irán la titularidad del bloqueo. A la apuesta iraní de un daño económico mundial disparado desde el precio del petróleo, EEUU le devolvió con un rediseño audaz de los flujos de energía global.
Como apuntó recientemente Financial Times, los sucesivos shocks en los mercados de energía global -desde la invasión rusa a Ucrania, a la intervención en Venezuela y ahora en el Golfo, la disrupción de estos flujos ha fortalecido la condición de EEUU como proveedor geopolíticamente seguro.
Es posible una paradoja: que Trump consolide ese aspecto estratégico de la economía norteamericana, pero se arriesgue a una derrota electoral por la creciente impaciencia social por la guerra.
Milei tiene allí un espejo para calcular hasta dónde eleva el costo de sus apuestas políticas, como la que hizo para sostener a Manuel Adorni. Aunque en el plano interno todavía enfrenta una oposición inorgánica.
La discusión entre los adversarios de Milei oscila entre dos polos: los que proponen el armado de un amplio frente opositor multipartidario, con eje en el peronismo, y los que impulsan la candidatura de algún nuevo outsider, capaz de captar el clima de época.
El riesgo del rejunte acecha en la primera opción. La imitación torpe del método Milei amenaza a la segunda. Sigue sin asomar una propuesta económica alternativa y ese vacío alimenta el encapsulamiento del gobierno y la profusión de aventureros en su seno.
Siguen apareciendo a diario funcionarios de furioso discurso libertario, dispuestos a sacar ventaja del Estado benefactor que venían a destruir.
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