Una escapada cerca, a lo natural: chacras, granjas y turismo rural en Cordero y Barda del Medio
A pocos kilómetros de la ciudad, el turismo rural crece con fuerza en Contralmirante Cordero y Barda del Medio. Granjas educativas, proyectos agroecológicos y experiencias simples invitan a volver a lo esencial.

El camino se abre como una línea baja entre chacras, bardas y ese viento leve que en el Alto Valle nunca termina de irse del todo. A unos 30 kilómetros de Neuquén y Cipolletti, Contralmirante Cordero y Barda del Medio aparecen como un lugar donde el tiempo no se detiene, pero cambia de ritmo. Acá no hay apuro. La gente que llega los fines de semana busca algo difícil de explicar, un sabor, una escena, un silencio y se encuentra con historias. Historias que no están en carteles ni en folletos, sino en las manos que trabajan la tierra, en los corrales, en una olla al fuego o en un caballo que se deja ver entre los álamos.
El intendente Horacio Zúñiga, habla como quien camina su propio territorio. “Venimos desarrollando hace varios años nuestro producto turístico. Empezamos con el museo, con las visitas guiadas, y ahora estamos impulsando el turismo rural, que para nosotros tiene una potencialidad enorme”.
Lo dice y se apoya en lo que pasa todos los fines de semana: autos que llegan, familias que bajan con mate en mano, chicos que corren sin preguntar. “Estamos en crecimiento. La gente nos visita, va a los emprendimientos. Entonces decidimos respaldar esto desde el municipio, acompañar, ordenar, ayudar a que todo lo que se produce acá se pueda mostrar mejor”.

La recorrida empieza por lo más simple y, tal vez, lo más profundo: la tierra. Paola Nahuelquir, licenciada en Turismo, recibe a los visitantes y traduce ese mapa disperso en nombres propios: chacras agroecológicas, granjas educativas, lugares para comer, dormir, quedarse un rato más de lo previsto. “Acá podés ver cómo se producen alimentos pensando en el ambiente y en la salud, recorrer corrales, dormir en un glamping de lujo, comer pescado frito en un parador”, dice.
Un nombre, dos personas
El auto bordea el canal rumbo a Marnes (Mari y Néstor). La mañana tiene sonido de animales y risas. Allí los reciben Néstor y Mari. “Esto es una granja educativa. Queremos que los chicos conozcan lo que es la vida rural”. No hace falta mucho más. Los patos, los conejos, los pavos reales y los chivitos hacen el resto. Todo ocurre en un entorno que parece pensado para desacelerar: sombra, pasto, juegos.

Mari completa la escena desde otro lugar, más íntimo, más cercano a lo que pasa cuando nadie está mirando. “Al principio nos preguntábamos qué queríamos lograr. Y la respuesta era simple: que los chicos la pasen bien. Después, lo que pasó nos sorprendió”.
Se ríe cuando cuenta lo de la casita de muñecas, ese espacio mínimo que terminó siendo el centro de todo. “Van a ver los animales, recorren, pero después se quedan ahí. Quieren llevarse los conejos, jugar”, y la palabra jugar, en épocas de infancias conectadas a pantallas, se vuelve enorme.
La experiencia en Marnes tiene un orden, pero no se siente rígida. Néstor la explica: hay cuatro estaciones, se dividen a los chicos en grupos que rotan, con tiempos que se repiten. “Unos amasan pan, otros van a la huerta, otros con los animales y otros salen en una chata antigua tirada por tractor a dar un paseo. Después van pasando por todo”.

El recorrido dura unas cuatro horas, pero nadie parece mirar el reloj. Al final, comen lo que hicieron, se tiran en el pasto y aprenden lo que es el trabajo en la chacra.
Alimentos sanos
Unos kilómetros más allá, sobre la ruta 151, la entrada a Janus se anuncia con un cartel discreto, un camino de tierra y la sensación de que hay algo que sucede más adentro. Jorge Aragón los recibe con alegría. Con su mujer, ambos ingenieros agrónomos, llegaron a esa chacra hace 15 años con una idea clara: recuperar la comunidad como base, producir alimentos sanos para los vecinos, como lo hacían sus abuelos y los pioneros del valle frutícola.

Habla de alimentos, pero también de decisiones. “Buscamos producir comida sana, vital, para consumo local. Creemos que otra forma de vivir es posible acá, en el Alto Valle”, dice. No lo plantea como una consigna, sino como algo que ya está en marcha. En la chacra, todo parece responder a esa idea: los cultivos, los tiempos, la forma en que se organiza el trabajo.
La visita a Janus no es un recorrido cerrado. Es más bien una invitación a quedarse un poco más. “La idea es que cada experiencia sea personalizada, explica Jorge, que la gente pueda recorrer, preguntar, entender”. Se puede comer lo que se produce ahí mismo, pasar la tarde, quedarse a dormir. Hay camping, hay alojamiento, pero sobre todo hay una lógica: que el visitante no sea un espectador.

“Esto es turismo rural en serio. Queremos que la gente entienda de dónde vienen los alimentos, qué implica sostener esto”. Mientras habla, alguien corta verduras. Nada parece armado para la foto y, sin embargo, todo es profundamente fotogénico.
Ese lugar, además, sigue tomando nuevos rumbos. Jorge cuenta que impulsó un proyecto aprobado en diciembre para transformar parte de las 8 hectáreas de Janus en una pequeña comunidad productiva: 20 familias vivirán en lotes propios y trabajarán en conjunto otras tierras para producir alimentos para autoconsumo y venta local.
En Contralmirante Cordero y Barda del Medio no hay grandes monumentos ni promesas exageradas. Hay algo más difícil de construir: una forma de estar. Y este paseo con termina aquí, continuará para ir a visitar el Glamping, una bodega y Nada.

Cómo coordinar las visitas
En Agroturismo Marnes la propuesta es simple y tentadora: ir a pasar el día sin apuro, entre espacios verdes amplios, hamacas que invitan a quedarse, una cancha de fútbol que siempre junta gente y la compañía cercana de los animales de granja. Se puede llevar comida y cocinar ahí mismo, armar un cumpleaños, una reunión con amigos o cualquier excusa que tenga como único requisito disfrutar del aire libre. Para coordinar la visita, se los encuentra en redes como @agroturismo_marnes.
Visitar Janus es, desde el proyecto piden coordinar previamente la visita, ya sea a través de su formulario de contacto disponible en @janusbio o por WhatsApp al +54 9 299 5711049, de modo de organizar cada encuentro y garantizar que quienes llegan puedan integrarse, aunque sea por un rato, a la vida cotidiana de esta pequeña comunidad rural.

El camino se abre como una línea baja entre chacras, bardas y ese viento leve que en el Alto Valle nunca termina de irse del todo. A unos 30 kilómetros de Neuquén y Cipolletti, Contralmirante Cordero y Barda del Medio aparecen como un lugar donde el tiempo no se detiene, pero cambia de ritmo. Acá no hay apuro. La gente que llega los fines de semana busca algo difícil de explicar, un sabor, una escena, un silencio y se encuentra con historias. Historias que no están en carteles ni en folletos, sino en las manos que trabajan la tierra, en los corrales, en una olla al fuego o en un caballo que se deja ver entre los álamos.
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