Manuel Belgrano y la educación

Su proyecto de enseñanza global proponía no solamente la adquisición de conceptos como un mero fin, sino como un medio para generar con ello un proyecto de vida.

Por Armando Mario Márquez

Atravesamos otro mes de junio, ese mes tan llamado a recordar a uno de nuestros mejores hombres: don Manuel Belgrano y, seguramente, aulas, atriles y estrados serán utilizados para reseñar su vida, tanto pública cuanto privada, puesto que en ambas facetas nos dejó ejemplaridad y enseñanzas.

Hoy, en esta alusiva recordación, quiero destacar su compromiso y su labor en favor de la Educación, aspecto tal vez menos conocido de su frondosa trayectoria, pero no menos exento de pujanza y pasión, como todo aquello que hizo por su patria. Allá vamos.

Nos posicionaremos exclusivamente en su labor al frente del Consulado de Buenos Aires, en funciones desde el 4 de junio de 1794, con veinticuatro años recién cumplidos, tras haber concluido sus estudios mayores en España -Universidades de Salamanca y Cádiz-.

Desde tal organismo:

• Propició la enseñanza gratuita para los sectores pobres, con la creación de escuelas de primeras letras en todas las ciudades del territorio, con el objetivo de “atacar así el analfabetismo”.

• Bregó por la modernización e industrialización en materia de agricultura y ganadería.

• Contempló la formación específica en materia comercial, en particular con especialización en el área marítima, por la propia atribución funcional del organismo, con la proyectada Escuela de Comercio.

• Apoyó plausibles iniciativas periodísticas y su enseñanza.

• Se preocupó de la educación de las minorías, con muy novedosas ideas pedagógicas tendientes a mejorar las condiciones de acceso al sistema formativo y, por ende, la calidad de vida de aquellos sectores más humildes y marginados, por tales:

• Materiales y útiles de enseñanza para quienes no podían acceder a ellos

• Escuelas para niñas, una revolucionaria originalidad para la época,

• Espacios educativos y formativos para niños de raza negra y mulatos.

• Paralelamente a lo expuesto, la creación de un plan de contención social y económica para grupos sociales marginados.

• Fundó la Escuela Nacional de Náutica, que lleva hoy su nombre, leyendo de los fines de su creación: “esta Escuela tiene por principal objetivo el estudio de la Ciencia Náutica, proporcionando por este medio a los jóvenes una carrera honrosa y educativa”.

• Inició las instituciones educativas de nivel medio de enseñanza de diversos artes y oficios, con orientación laboral posterior, por caso la Academia de Geometría y Dibujo, y la ideada Escuela de Arquitectura y Proyecto.

De la lectura de lo descripto precedentemente advertimos que el proyecto de enseñanza global de Belgrano excedía lo meramente educativo para orientarse a lo formativo: no solamente la adquisición de conceptos como un mero fin, sino como un medio para generar con ello un proyecto de vida que le permitiese al educando encausar laboralmente los conceptos adquiridos.

Fue así que, a raíz de su copiosa y destacada labor en ese organismo, uno de nuestros mayores educadores, José D. Forgione lo definió como “el primer pedagogo criollo” y, también, “precursor de la instrucción pública”:

Nuestro prócer, con su sabiduría, concretaba con su labor por la Educación el sabio proverbio oriental que enseña que “si una persona tiene hambre, no le des un pescado, enséñale a pescar”.

Que ello no se olvide.

* Integrante de la Junta de Estudios Históricos del Neuquén. Miembro del Instituto Belgraniano.


Atravesamos otro mes de junio, ese mes tan llamado a recordar a uno de nuestros mejores hombres: don Manuel Belgrano y, seguramente, aulas, atriles y estrados serán utilizados para reseñar su vida, tanto pública cuanto privada, puesto que en ambas facetas nos dejó ejemplaridad y enseñanzas.

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