Reforma laboral: modernizar sí, desequilibrar no

El proyecto no elimina derechos fundamentales, pero desplaza el eje de protección. el riesgo es una mayor asimetría.

La modernización del régimen laboral es necesaria, pero su éxito dependerá de cómo se regulen los acuerdos y se proteja el equilibrio entre empresa y trabajador.
La reforma laboral que se discute en el Senado vuelve a poner sobre la mesa un debate inevitable: ¿estamos defendiendo derechos o estamos defendiendo un sistema que ya no responde a la realidad productiva argentina?

Mi postura es clara. Estoy a favor de modernizar el régimen laboral. El esquema actual fue diseñado para otra estructura económica, con otro tipo de empleo y otra dinámica productiva.
Hoy convivimos con más del 40 por ciento de informalidad, baja generación de empleo privado formal y una litigiosidad que muchas veces desalienta la contratación, especialmente en pequeñas y medianas empresas.

Un derecho laboral que protege intensamente a quienes ya están dentro del sistema formal, pero no logra integrar a millones de trabajadores, necesita ser revisado.
La reforma mantiene la indemnización por despido, un mes por año trabajado, pero redefine su base de cálculo y ordena los mecanismos de actualización de créditos laborales.

Esto aporta previsibilidad. Y en Argentina, la previsibilidad no es un detalle técnico, es una condición necesaria para invertir y contratar.

También considero positivo el esquema de banco de horas y mayor flexibilidad en la organización de la jornada. Las economías modernas requieren adaptabilidad.

No toda hora adicional debe resolverse automáticamente con un pago inmediato si puede compensarse con descanso. En muchos sectores, especialmente en pymes con estacionalidad, esta herramienta puede ser razonable y funcional.

Del mismo modo, la reducción de la litigiosidad y la definición más precisa de responsabilidades en tercerizaciones pueden aliviar un sistema que muchas veces se volvió excesivamente judicializado.
Para una pyme, el problema no es solamente pagar una indemnización, sino enfrentar la incertidumbre de un proceso que puede volverse imprevisible.

También es importante aclarar algo que ha circulado con confusión. La reforma no habilita el despido por lesiones o accidentes sufridos fuera del ámbito laboral. El régimen de enfermedades y accidentes inculpables se mantiene.

Si un trabajador sufre una lesión practicando deporte o en cualquier actividad personal, conserva su derecho a licencia paga y a la reserva del puesto durante los plazos legales. La empresa no puede despedir con causa por ese motivo. En este punto, el núcleo protector del derecho laboral no se modifica.
Ahora bien, mi apoyo no es acrítico.

El punto central no es si debe existir flexibilidad, sino cómo se regula. El banco de horas y los acuerdos de compensación solo serán equilibrados si existen reglas claras, límites objetivos y controles efectivos.

Asimetrías estructurales


En un país con asimetrías estructurales entre trabajador y empleador, confiar únicamente en el acuerdo voluntario puede ser insuficiente.
Además, la reforma parece asumir que la rigidez normativa es el principal obstáculo al empleo formal. No estoy convencido de que sea el único factor.

La presión impositiva, la inestabilidad macroeconómica, la falta de crédito y la baja productividad también inciden de manera determinante.

Sin políticas complementarias como incentivos concretos para la primera contratación, reducción focalizada de cargas para microempresas, fortalecimiento del seguro de desempleo y capacitación laboral, la flexibilización puede no traducirse automáticamente en más empleo.
Modernizar es necesario. Pero modernizar bien implica equilibrar.

No creo que la solución sea conservar intacto un régimen que muestra signos de agotamiento. Tampoco creo que la competitividad deba basarse en debilitar la protección laboral. La clave está en diseñar un sistema que combine previsibilidad para quien invierte y seguridad para quien trabaja.

La reforma no elimina derechos fundamentales, pero desplaza el eje de protección. Si no se regula con claridad y se controla con eficacia, el riesgo es que la flexibilidad se traduzca en mayor asimetría. Modernizar exige responsabilidad política, no solo voluntad de cambio.

*Estudiante avanzado de ciencias políticas


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