Otra vez recelos con Lula da Silva



Los tiempos se aceleran y el círculo se va estrechando en derredor de la Argentina.

La paciencia de la comunidad financiera internacional ya marcó un límite y no parece haber más margen. De allí que con mucho sigilo, el gobierno y sus bancos agentes están diseñando una nueva arquitectura para salir del default, a pesar de lo dicho por el presidente Kirchner en Nueva York.

Con un tono más conciliador que en la edición anterior, Kirchner se presentó ante la comunidad de negocios de Manhattan para tratar de romper el hielo que rodea a la Argentina.

El escenario ya no fue el Waldorf Astoria, el elegante hotel de la Park Avenue, sede y alojamiento de los principales jefes de Estado del mundo y de magnates. La concurrencia, si bien fue mayor que en la anterior visita, no superó los 200 asistentes. Las diferencias se hicieron notar de manera muy evidente.

Al presidente del Brasil, Luiz da Silva, le tendieron la mesa en el Waldorf y allí asistieron más de 1.500 empresarios ávidos por conocer los próximos pasos que dará Planalto. También en las Naciones Unidas, las diferencias entre Brasilia y Buenos Aires quedaron muy expuestas. Mientras Kirchner centró su discurso exigiendo reformas ya practicadas hace tres años en el FMI, Da Silva sólo hizo una mención ligera del organismo financiero. No era el lugar ni el tiempo adecuado.

Brasil es, en la actualidad, para los países centrales, el único referente con capacidad de liderazgo serio en Sudamérica. Tiene hoy una silla en el Consejo de Seguridad como miembro no permanente y aspira a tener una fija cuando amplíen la mesa chica de la ONU.

Es cierto que todavía existen riesgos sobre la economía brasileña y los temores sobre un eventual default no son pocos. Pero el gobierno responde con más ortodoxia: al riesgo de un quebranto, la respuesta es un aumento del superávit fiscal que comprometerá con el FMI. Este es otro rasgo distintivo que percibió la comunidad financiera. El giro que dio Da Silva a su gestión de la mano de la diplomacia brasileña le está dando claros resultados y permite al vecino país, afianzar su liderazgo continental, para enfrentar las durísimas negociaciones en la mesa global.

Las diferencias fueron palpables y todo ello generó irritación en la administración K. donde se asegura que habrá un fuerte apercibimiento hacia el Palacio San Martín por como quedó expuesta la figura presidencial, en el trato respecto de su par brasileño. "En la gira por China ocurrió algo similar, Lula recibió un trato y Kirchner otro", protestan.

Desde hace tiempo, en la Casa Rosada se ve con preocupación el desempeño de la diplomacia argentina. Algunos, para ser suaves, la califican como una gestión lábil, otros prefieren un cambio de timón y hablan de remociones en capitales claves como Londres, Washington, Bruselas, Madrid y Brasilia.

Sin hacer esfuerzos por comprometerse a algo más allá de las posibilidades del país, Kirchner evitó confrontar con la liturgia financiera durante el almuerzo con el Council aunque tampoco hizo demasiados esfuerzos por estrechar vínculos. Sólo se mostró enfático para dispersar las versiones sobre una nueva propuesta a los acreedores, algo que los que están encima de las negociaciones no creen y rechazan. "Eso es para la tribuna, la negociación con los bonistas viene muy complicada, por más que el gobierno quiera crear un clima triunfalista", se escuchó decir a importantes banqueros. (DyN, Miguel Rouco)

Nota asociada: El gobierno no utilizará más del 3% del superávit para pagar deuda  

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