Palabras y hechos
Las medidas que está impulsando Cavallo lo ubican a la "izquierda" de sus antecesores López Murphy y Machinea.
Radicales de opiniones tradicionalistas como el ex presidente Raúl Alfonsín, el gobernador chaqueño Angel Rozas y sus muchos allegados en el aparato partidario aún no han logrado digerir la reentronización de Domingo Cavallo como superministro. Tampoco han entendido el significado de lo que el nuevo responsable de manejar la economía se ha propuesto hacer. Como Rozas subrayó hace un par de días, estos radicales se creen «progresistas» y por lo tanto adversarios naturales de Cavallo, quien, según el gobernador, siempre ha representado a «sectores de privilegio, sectores financieros», no a «la gente». Sin embargo, a esta altura nadie puede ignorar que el conjunto de medidas que está impulsando Cavallo lo ubica bien a la «izquierda» no sólo de su antecesor inmediato Ricardo López Murphy, sino también de José Luis Machinea, funcionario que hasta los días finales de su gestión disfrutó del apoyo de los alfonsinistas. ¿Se sentirán impresionados los progresistas radicales por este pormenor? En algunos casos, puede que sí, pero a juzgar por las aseveraciones un tanto rencorosas de sus jefes, la mayoría lo tratará como un detalle anecdótico.
Por ser cuestión de un pragmático, a Cavallo no le importará demasiado el lugar que a juicio de los demás políticos le corresponde en el tablero ideológico, pero puesto que dirigentes influyentes toman muy en serio tales asuntos, no extrañaría que en las próximas semanas sus simpatizantes intentaran convencer a la ciudadanía de que los viejos esquemas teóricos de los críticos del ministro están tan desactualizados como las «doctrinas» en las que se inspiran. Lo que sí extrañaría, en cambio, sería que cualquier esfuerzo en dicho sentido incidiera en el pensamiento de los dirigentes políticos o de los muchos intelectuales «izquierdistas» que se enorgullecen de su presunto compromiso con «la gente» y nunca dejan pasar una oportunidad para decirlo. A Cavallo le ha resultado maravillosamente fácil provocar una serie de realineamientos novedosos en el Congreso, además de la UCR, el Frepaso y el PJ, rupturas y encuentros que, es de suponer, tendrán repercusiones notables en el futuro político del país, pero le sería sumamente difícil ocasionar modificaciones mínimas en el mapa ideológico. Es que esta reliquia de tiempos idos se basa en prejuicios que se desvincularon hace mucho de la realidad concreta del país y desde entonces goza de una vida autónoma.
Rozas es gobernador de una provincia en la que la oligarquía política se las ha ingeniado para acaparar una proporción de los recursos disponibles que es mayor que aquélla de cualquier otra provincia, con la única excepción de Formosa, jurisdicción que, para enojo de sus políticos bien remunerados, a su modo simboliza la voluntad cínica de tantos «dirigentes» de aprovechar en beneficio propio las penurias de sus comprovincianos. Si la lógica tuviera algo que ver con las ubicaciones ideológicas, pues, Rozas se situaría en el extremo derecho del abanico como representante cabal de un sistema intrínsecamente inequitativo, pero, felizmente para él, en nuestro país las palabras siguen pesando mucho más que los hechos y gracias a un discurso resueltamente progresista ha podido ufanarse de sus sentimientos humanitarios sin que nadie lo haya acusado de hipócrita.
Aún más exitoso cuando de la defensa de credenciales progresistas inmerecidas se trata ha sido el ex presidente Alfonsín. En el curso de una gestión dominada por la inflación galopante, que pronto se transformaría en hiperinflación, los ya pobres se depauperaron y una franja ancha de la clase media vio desplomarse su nivel de vida, caída que continuaría hasta que Cavallo iniciara su primer período en el Ministerio de Economía. Por eso, en términos objetivos sería legítimo calificar a Alfonsín de «derechista» -además de negarse a tomar las medidas necesarias para impedir que la inflación devorara los ingresos de los ya «excluidos», no pudo, no quiso o no supo llevar a cabo las reformas estructurales que tal vez les hubieran permitido mantenerse a flote-. Pero parecería que nada de esto importaba un ápice al lado de la retórica nacionalista y moralista de Alfonsín, político que gracias a sus ataques verbales contra distintas tendencias internacionales sigue figurando entre los líderes «izquierdistas» más respetados.
Radicales de opiniones tradicionalistas como el ex presidente Raúl Alfonsín, el gobernador chaqueño Angel Rozas y sus muchos allegados en el aparato partidario aún no han logrado digerir la reentronización de Domingo Cavallo como superministro. Tampoco han entendido el significado de lo que el nuevo responsable de manejar la economía se ha propuesto hacer. Como Rozas subrayó hace un par de días, estos radicales se creen "progresistas" y por lo tanto adversarios naturales de Cavallo, quien, según el gobernador, siempre ha representado a "sectores de privilegio, sectores financieros", no a "la gente". Sin embargo, a esta altura nadie puede ignorar que el conjunto de medidas que está impulsando Cavallo lo ubica bien a la "izquierda" no sólo de su antecesor inmediato Ricardo López Murphy, sino también de José Luis Machinea, funcionario que hasta los días finales de su gestión disfrutó del apoyo de los alfonsinistas. ¿Se sentirán impresionados los progresistas radicales por este pormenor? En algunos casos, puede que sí, pero a juzgar por las aseveraciones un tanto rencorosas de sus jefes, la mayoría lo tratará como un detalle anecdótico.
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