Palimpsestos: Chifri
Néstor Tkaczek
ntkaczek@hotmail.com
Datos
- El Alfarcito. Un lugar único. De aquel lado de la ruta un pequeño caserío; de este lado unas construcciones mucho más modernas todas hechas con materiales de la zona como el adobe, la paja, cañas, cardones, piedras; una singular casa circular hecha con botellas de plástico y piedra impacta al bajarnos.
- El cartel que nos recibe habla del porqué del nombre de este pequeño pueblo armado no hace mucho tiempo. Un atado de alfalfa es su imagen, y su símbolo: “un tallo de alfalfa es fácil de quebrar, muchos juntos, es imposible”. Esa es la idea rectora de un hombre que aquí es una leyenda, una especie de semidiós en estos cerros olvidados de todos. Se llama Sigfrido Maximiliano Moroder, aunque muy pocos lo conocen por este nombre, para todos los habitantes de esta zona es “el padre Chifri”.
- Desde 1999 hasta el 2007 este hombre revolucionó para siempre la vida de las veintisiete comunidades de la imponente Quebrada del Toro. En muy pocos años hizo una obra inmensa. Llegó donde nadie llegaba, ni siquiera el brazo de los gobiernos de turno, se metió montaña adentro, en mula, a pie, en cuatriciclo y les habló del evangelio pero también les habló de su identidad, de la necesidad de unirse, de la educación. Revolvió cielo y tierra hasta que logró fundar aquí, en El Alfarcito, el primer colegio secundario de montaña, “en el cerro y para el cerro, con el objetivo de evitar el desarraigo, preservar la identidad y cultura andino puneña”. Asisten actualmente 168 chicos de diferentes comunidades, la mayoría de ellos se quedan en el albergue.
- El padre Chifri hizo mucho más, aglutinó a todas esas comunidades, les proporcionó radios para que estuvieran conectados entre sí, les creó un lugar para que cada uno de los artesanos pudiera vender aquí sus producciones. Como me dijo una mujer de la quebrada: “él nos dio el sentido de unidad, nada será igual ya para nosotros; lástima que el padre se nos haya ido”. En el 2004, Chifri buscaba mitigar las distancias entre las comunidades con su parapente, un viento lo precipitó a tierra y quedó paralítico; sin embargo siguió andando y andando por los cerros. En el 2007 se lo llevó la muerte a los 46 años, eso dice su tumba en la iglesia de El Alfarcito.
Néstor Tkaczek
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