Para el juez fue el portero, pero quedan otras dudas
Procesamiento y preventiva para Mangeri por el crimen de Ángeles.
BUENOS AIRES.- El portero Jorge Mangeri quedó ayer procesado y con prisión preventiva por el asesinato de la adolescente Ángeles Rawson. La resolución del juez Javier Ríos dejó al descubierto la macabra sucesión de hechos que sufrió la joven pero no pudo despejar otras dudas, como cuál fue el lugar exacto en el que interceptó a la chica, cuál fue el motivo del ataque, a qué hora se produjo o cómo se deshizo del cuerpo, más allá de está probado que logró ingresarlo al circuito de recolección de basura de la ciudad de Buenos Aires.
El fallo revela que el cuerpo de Ángeles, al ser hallado en la planta de residuos con una bolsa en la cabeza, atada de pies y manos y envuelta con otra bolsa, presentaba 34 lesiones, la mayoría de ellas producidas en vida. Las principales eras fracturas en la columna y en la base del cráneo cuyo “mecanismo probable de producción fue a consecuencia del aplastamiento progresivo de la superficie corporal” dentro del camión compactador al que fue introducida cuando aún estaba viva.
El juez le imputó a Mangeri el delito de homicidio calificado por alevosía, que tiene pena de prisión perpetua. La alevosía requiere el estado de indefensión de la víctima y la actuación “sobre seguro” del atacante. Eso se probó, según el juez, porque Mangeri “contaba con la factibilidad de perpetrar el homicidio: resultaba conocido de la víctima para vulnerar cualquier resistencia natural (…), contaba con acceso irrestricto a las dependencias de edificio en el que vivían” y porque “la contextura física del incriminado (1,78 metros de estatura y 108 kilos) es mayor a la de la víctima (1,65 metros y 51,2 kilos), de manera que bien pudo lograr vencer su eventual resistencia física una vez que su propósito fue manifiesto”. Además, contempló que la víctima estaba “atada de pies y manos cuando fue sometida al procedimiento insidioso que la llevó a la muerte”.
El juez no mencionó la autoincriminación que hizo el portero cuando declaraba ante la fiscalía y basó el fallo en la evidencia científica: el ADN de Mangeri bajo las uñas de los dedos índice, medio y anular de la mano derecha, “situación permite concluir que una de sus últimas acciones en vida, fue la de defenderse contrayendo su mano y dedos con el fin de arañar a su agresor”. Graficó que las pericias genéticas demuestran que la posibilidad de que el atacante haya sido otra persona “es de 1 (una) en 1.690.000.000.000.000 (mil seiscientos noventa billones)”. (Redacción central)