Paul Auster, un poeta
Entrevista con el escritor norteamericano que por primera vez publica en español su obra poética. La intimidad de la escritura de uno de los autores imprescindibles.
“Escribir es lo más cercano a la música que conozco, música y lenguaje son fuerzas físicas y las palabras articuladas en la literatura pueden percibirse como una sinfonía, tienen su propio ritmo”, dice el estadounidense Paul Auster en el marco de la primera edición bilingüe de su “Poesía completa”. La publicación de Seix Barral reúne por primera vez la obra poética que el renombrado novelista, autor de “Leviatán”, “La música del azar” y “Mr. Vértigo” entre otros, escribió durante la década del 70, aunque el apéndice del libro va más adelante, “Notas de un cuaderno de ejercicios” fue escrito en 1967. El libro traducido y prologado por Jordi Doce está construido con ocho poemarios ordenados cronológicamente: “Radios”, “Exhumación”, “Escritura mural”, “Desapariciones”, “Efigies”, “Fragmentos del frío”, “Aceptando las consecuencias” y “Espacios blancos”. Acá están los poemas de “Groundwork (cimientos): Selected poems and essays 1970-1979”, señala Doce en la introducción, y es ese título de esa primera selección que “da la idea de una poesía como preparación, trabajo preliminar, cimiento” de las ficciones en prosa que Auster desarrolló hasta el presente sin volver a la poesía. –¿Qué hay de ese joven Auster y de éste ya maduro? ¿Qué variaciones sufrieron sus composiciones? –Dirás el viejo Auster (corrige). Hay más similitudes que diferencias, creo que los dos son bastante parecidos pero éste posiblemente tenga más cosas que decir y sea un poco más profundo. Mi manera de pensar hoy las cosas quizá sea la misma, pero tal vez más amplia y eso viene de la experiencia, aunque no creo haber cambiado de manera drástica a través de los años. En mis poemas trabajaba a conciencia un terreno muy restrictivo, con un vocabulario muy pequeño intentando expresar mis intereses desde muy adentro. Creo que lo que me pasó según iba haciéndome mayor fue que ese territorio se expandió y así llegué a los terrenos de la ficción, era una forma de abarcar más mundo. –¿Volvería a escribir poesía? –Nunca puede preverse qué pasará en el futuro pero no he escrito poesía en los últimos 30 años y no espero hacerlo por ahora, aunque nunca se puede estar seguro. –¿Qué significan las palabras para usted, siguen exigiendo un esfuerzo captarlas, colocarlas en el lugar indicado, imponen condiciones propias a sus textos? –Por supuesto que sigue siendo difícil, en eso consiste escribir, si no todo el mundo sería escritor. Uno como escritor sabe cuando se ha equivocado e insiste en encontrar lo que realmente quiere escribir aunque no sepa aún qué es. Y cuando decís “sí, así es exactamente como tenía que ser” sentís una satisfacción inmensa que se esfuma a la frase siguiente. De niño quiso ser bombero, luego beisbolista, tripuló un barco, fue traductor en París… El escritor nacido en Nueva Jersey en 1947 captó la atención de los lectores, no de los editores, a mediados de los 80 con “La ciudad de cristal”. Tuvo que pasar por más de 15 sellos para finalmente publicar el volumen que dio pie a la “Trilogía de Nueva York”, que se completó con “Fantasmas” y “La habitación cerrada”. Auster fue guionista y codirector de “Cigarros”, “Humos del vecino” y “Lulú en el puente”. En el prólogo de “Poesía completa”, Doce recupera parte de una entrevista donde el escritor define a la poesía como una fotografía y a la narrativa como una película; y en el mismo movimiento que marca su obra y personajes, el novelista cambia el ángulo y el objeto se transforma. –Cada obra de arte es un espacio prefabricado, ninguna puede abarcarlo todo, cuando elegís hacer algo empezás a tallar ese espacio y lo explotás lo más y mejor posible. Si tuviera que explicarlo, si todo se expusiera o aclarara, sería otra cosa. Para mí lo más maravilloso de una obra de arte son los espacios vacíos, los silencios, porque uno mismo puede completarlos, y en ese sentido ya no es como una fotografía, es una sinfonía. Escribir es lo más cercano a hacer música que conozco, música y lenguaje son fuerzas físicas. Estoy hablando ahora y las palabras salen de mi garganta y aunque no puedas verlas las escuchás. Estoy haciendo un esfuerzo con mis pulmones, con mi lengua, mi boca… es algo físico y las palabras articuladas en la literatura pueden percibirse como una sinfonía, tienen su propio ritmo, su melodía y pueden encontrar entendimientos más allá de los diccionarios, como en la música. Aunque creo que la literatura no sale de mi ser abrazable, de la persona que usa medias, lleva el suéter en la espalda, saca la basura y paga impuestos. El escritor es algo dentro de ese ser biológico, otra cosa. –¿Se encuentran en algún momento ese escritor que habita su cuerpo y el hombre que habita el mundo? –Sí, creo que los dos se juntan en algún lado pero no sé dónde. Posiblemente en el trabajo físico de escribir, sentado frente a una mesa, escribiendo palabras sobre el papel. –¿Se puede leer su obra como una continuidad de obsesiones que mantienen una coherencia estética? –Estoy ocupado con ciertas obsesiones que me habitan desde que empecé a escribir poesía. Desde hace años trato de empezar todo de nuevo con cada novela, dejar atrás el pasado y reinventar un futuro, pero siempre me encuentro en lo mismo. –¿Así llegó usted a la prosa? –Tenía diez años y escribía historias, toda mi vida leí de todo, mi primera ambición fue convertirme en novelista pero de joven lo sentía muy difícil, no podía ver el final. Recientemente me puse a mirar papeles escritos entre los 19 y 23 años, hay casi mil páginas de ficción que nunca publiqué porque nunca terminé, pero gran parte de ese material fue el que dio forma a lo que luego serían “La ciudad de cristal” y “El palacio de la luna”. En esa época no estaba listo para hacer ficción y ahí decidí concentrarme en la poesía, pero cuando maduré descubrí que podía hacerlo y eso es lo que he estado haciendo desde entonces. (Télam)