Paz en el Pacífico

En América Latina, los nacionalistas de los diversos países siempre han sido propensos a hacer de la supuesta necesidad de defender su propia idea de la integridad territorial la base de su prédica, ya que, a diferencia de sus homólogos europeos, no les serviría para mucho concentrarse en cuestiones étnicas, lingüísticas o religiosas. Así, pues, disputas que en otras latitudes interesarían sólo a los cartógrafos han cobrado tanta importancia que han brindado a los más exaltados pretextos a su juicio legítimos para ir a la guerra con un vecino a fin de confirmar la soberanía local sobre lugares inhabitables, pero es posible que tales actitudes estén moderándose. Si bien, como era de prever, algunos chilenos y peruanos dicen sentirse sumamente indignados por el fallo –que se difundió el lunes– del Tribunal Internacional de La Haya que modifica a favor de éstos la frontera marítima entre sus países respectivos, aunque no tanto como habían reclamado, parecería que ambos gobiernos están dispuestos a acatarlo. Según el fallo, que en opinión de los observadores es “salomónico”, Chile conservará las aguas del Pacífico que administra hasta 80 millas de la costa, pero tendrá que ceder un triángulo que se extiende hasta las 200 millas. Por ahora, se trata de una zona pesquera rica, pero no hay ninguna garantía de que siempre lo sea. De todas maneras, cuando de los diferendos territoriales se trata, es habitual subordinar los intereses concretos en juego a factores más emotivos. Un tanto más importante que el eventual impacto económico del fallo del Tribunal será su incidencia política en la región. Como en otros países latinoamericanos, en Chile y Perú hay fracciones nacionalistas que quisieran subordinar todo, comenzando con la paz, a sus pretensiones territoriales; a veces, sobre todo en tiempos de crisis, logran enfervorizar a sectores sustanciales de la población local y plantear la posibilidad nada remota de que en cualquier momento estalle un conflicto armado de proporciones. Puesto que nadie en Perú –o en Bolivia– ha olvidado el resultado de la Guerra del Pacífico de hace más de 130 años que fue ganada por Chile, desde entonces siempre ha estado latente el peligro de una reanudación de las hostilidades. Aunque el fallo de La Haya logre satisfacer a la mayoría de los peruanos, el mandatario boliviano Evo Morales podría tomar la voluntad de ceder del gobierno chileno del presidente Sebastián Piñera por una señal de que le convendría redoblar los esfuerzos, que forzosamente tendrían que ser judiciales y propagandísticos, por recuperar la tan ansiada salida al mar que le fue arrebatada a Bolivia por Chile. El que a pesar del transcurso de tanto tiempo sigan provocando enfrentamientos las enrevesadas cuestiones fronterizas de América Latina se debe no sólo al ingenio de los juristas comprometidos con la causa de su propio país sino también a que muchos sienten que los problemas económicos y sociales están de algún modo relacionados con los territoriales. Por cierto, en Bolivia casi todos los políticos parecen creer que el atraso de su país es una consecuencia de la pérdida hace más de un siglo de una salida al mar; los argumentos en tal sentido serían convincentes si no fuera por el hecho de que Suiza, otro país sin un litoral marítimo, está entre los más prósperos y más avanzados del mundo entero. Sea como fuere, a esta altura debería sernos evidente que el subdesarrollo que sigue siendo común a todos los países latinoamericanos, aunque Chile parece estar por dejarlo atrás, tiene mucho menos que ver con las particularidades geográficas de la región que con las culturales y políticas, pero mientras que es muy difícil identificar, para entonces superar, tales obstáculos, los conflictos nacionales hacen que todo parezca más sencillo. He aquí una razón por la que tantos políticos caen a menudo en la tentación de asumir posturas agresivamente nacionalistas. Los conflictos nacionales no sólo sirven para distraer la atención de la ciudadanía de problemas más urgentes pero mucho más complicados, sino que también brindan a ciertos políticos una oportunidad para dar prioridad a temas que son mucho menos complicados que los supuestos por el atraso económico, las divisiones sociales y lo difícil que siempre es reconciliar las expectativas de la gente con las posibilidades reales.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA - Viernes 31 de enero de 2014


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