Perfil propio

Redacción

Por Redacción

Le generó disgustos a Raúl Alfonsín cuando solía confesar su admiración por Arturo Frondizi. Por “las ideas y la pasión con que reflexionó al país ese hombre tan incomprendido”. Disgustos que incluso implicaron que con rostro agrio aquel forjador de la transición le dijese: “Qué es esto Oscarcito de dorarle la píldora a los desarrollistas”. Oscar Aguad siempre ha construido su trayectoria por la política reservándose espacio propio en la UCR, una forma de tener perfil propio en un marco signado desde siempre en la historia por la gravitación de verticalismos y personalismos en los planos de conducción, liderazgo. Parte de ese camino lo hizo siendo mano derecha de otro radical con igual perfil: Ramón Mestre. Un radical de humor cabreado y decidido, distante de los estilos burocráticos de silencio de sacristía con que ordenar el partido. Ambos –Mestre gobernador– fueron esenciales en reformular el racionalizar y poner en marcha el aparato de Estado de Córdoba tras el tercer mandato de otro radical, Eduardo Angeloz. Una gestión que terminó en escándalo.


Le generó disgustos a Raúl Alfonsín cuando solía confesar su admiración por Arturo Frondizi. Por “las ideas y la pasión con que reflexionó al país ese hombre tan incomprendido”. Disgustos que incluso implicaron que con rostro agrio aquel forjador de la transición le dijese: “Qué es esto Oscarcito de dorarle la píldora a los desarrollistas”. Oscar Aguad siempre ha construido su trayectoria por la política reservándose espacio propio en la UCR, una forma de tener perfil propio en un marco signado desde siempre en la historia por la gravitación de verticalismos y personalismos en los planos de conducción, liderazgo. Parte de ese camino lo hizo siendo mano derecha de otro radical con igual perfil: Ramón Mestre. Un radical de humor cabreado y decidido, distante de los estilos burocráticos de silencio de sacristía con que ordenar el partido. Ambos –Mestre gobernador– fueron esenciales en reformular el racionalizar y poner en marcha el aparato de Estado de Córdoba tras el tercer mandato de otro radical, Eduardo Angeloz. Una gestión que terminó en escándalo.

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