Perpetua por el crimen del policía de Añelo

Los Ruíz, padre e hijo, fueron hallados culpables por un jurado popular.



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Emilio Ruíz Valdebenito, a la izquierda de la foto, y su hijo Héctor Hernán Ruíz Herrera, en una de las audiencias.

Archivo

NEUQUÉN (AN).- Mary pasa los dedos lentamente por la fotografía de su hijo, el subcomisario Víctor Fabián Garro.

Lo hace casi como si pudiera tocarlo, y es que el veredicto de prisión perpetua para el padre e hijo que lo asesinaron durante un operativo en Añelo fue para ella como “una caricia al alma”.

Ayer al mediodía el juez de Garantías Martín Marcovesky condenó a Emilio Ruíz Valdebenito(63) y a su hijo Héctor Hernán Ruíz Herrera (32) a la pena de prisión perpetua por el crimen ocurrido el 5 de octubre del año pasado en la localidad de Añelo.

Para Marcovesky, según el veredicto del jurado popular la calificación del crimen es la de homicidio calificado por ser cometido contra un miembro de las fuerzas de seguridad y por ello “contempla una pena única que es la de prisión perpetua”.

No hubo gritos ni aplausos cuando el juez terminó de leer su veredicto. Las lágrimas y el dolor se fusionaron en un abrazo entre la familia de Garro y sólo se oyó decir “se hizo justicia”.

Es que el crimen de Garro fue brutal, dado que el efectivo acudió a un llamado por disparos en el barrio de Añelo.

Como no había patrullero, él y sus dos compañeros fueron en un vehículo particular. En la toma constataron que habían disparado contra dos viviendas, hiriendo con roces a dos chicas.

Fue por ello que tras dar la voz de alto Garro pateó la puerta de la casa desde la que los vecinos gritaban que los estaban apuntando. Pero tres disparos atravesaron la puerta.

Dos fueron frenados por el chaleco antibalas de Garro, pero el tercero se coló en la axila y le robó la vida en los brazos de uno de sus compañeros.

“El dolor lo voy a llevar toda mi vida, pero ahora vas a poder descansar en paz mi amor, porque se hizo justicia”, dijo ayer su madre, y agradeció al gobierno provincial por el acompañamiento.

En tanto que su mujer, Sandra Palomeque, remarcó que “la vida ya no es igual, pero esto es un poco de justicia para toda la familia policial, para tantos policías que han dado su vida, y varios aún no encontraron justicia, como nosotros que tenemos la suerte de que los responsables no van a volver a hacer daño”.

Mary se paró ayer en la puerta de los tribunales. Apretó fuerte contra el pecho la foto de su hijo como atesorando el recuerdo y con lágrimas en los ojos repite: “Vean esta cara, éste era él. Mi hijo. Y espero que no haya más fabianes que lamentar en la policía”.

Perpetua por el crimen del policía de Añelo

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