Las Grutas: quién es Lili Molinas, la gran cocinera que «se destapó» en los últimos tiempos

"Olvidate de las milanesas ni bien llegues a Las Grutas", recomienda esta figura de la gastronomía rionegrina.





Liliana Molinas (47) cocina como los dioses (o las diosas). Es de Las Grutas y a cada lugar que viaja va con los frutos de mar de sus pagos, para mixturarlo con los productos frescos que va encontrando. Es así como surgen comidas sorprendentes, como la paella de corderito y mariscos que hizo días atrás. Esto fue en La Pulpería, la estación de la Trochita en el paraje Ojos de Agua, a unos 36 kilómetros de Jacobacci, en plena estepa rionegrina.

Así se la conoció siempre, haciendo paellas.


Fue justamente en este lugar que conocimos a “Lili”, como la conocen todos, más en profundidad. Ella parece andar liviana por la vida, suelta, sin cargas más que las ollas y sartenes. Dispuesta a compartir tanto la comida recién hecha como las recetas. “Paella de mar y tierra con aromas de Jacobacci: así llamamos a esta comida que tanto gustó. La hicimos entre varios: el cocinero principal fue Pato Chifflet, mi marido, junto con Ailin Dani Fogwell. Andrés fue el ayudante de lujo que tuvimos”, comenta.

Ni bien lleguen a Las Grutas olvíndese de las milanesas fritas, de las papas rústicas… aprovechen nuestros frutos de mar fresquísimos, las variedades que tenemos… hagánlos en sus casas de vacaciones o vayan a algún restaurante conocido o recomendado. Hay recetas fáciles y exquisitas.

Lili Molinas, cocinera de Las Grutas


El gran secreto para hacer una rica paella es contar siempre con un buen caldo y productos frescos; de ahí en más es ir haciendo magia, como decimos nosotros. Comenzamos colocando los mariscos que más tardan en cocinarse como los pulpitos y los calamares. Después agregamos las cebollas, los morrones verdes, ajos y condimentos. Luego incorporamos los trocitos de cordero. Vamos incorporando el caldo a medida que avanza la cocción. Finalmente vertimos el arroz junto al resto de los mariscos y cocinamos por unos 20 minutos más. Decoramos con morrones asados, aceite de oliva, perejil fresco picado y rodajas de limón”, explicó. Tremendo. Y sumando un vaso de vino de Humberto Canale, el festín estuvo completo.

Sus dos grandes amores: Pato, su marido y su hija Fiore, de 16 años. «Ellos son mi mundo», confiesa con emoción y gratitud.


Lili usa mucho la cerveza a la hora de cocinar. “En Las Grutas tenemos dos grandes amigos que elaboran cerveza y nos encanta trabajar con ellas (Sea Hops y Dos Pulpos). En Jacobacci me encontré con dos grosos como son Pablo y Danilo y de hablar con ellos nació la idea de combinar cerveza negra con chocolate. Me gusta innovar e inventar y descubrir sabores nuevos. Ahí nomás armé unos shots que me parecieron mágicos, lo decoré con chantillí y flores comestibles”.
Lili hizo primero una base de crema pastelera donde reemplazó la leche por la cerveza y una parte de la maicena por cacao amargo. Una vez lista la dejó enfriar para agregarle luego crema chantillí batida.

Felicidad, esto es lo que transmite Lili Molinas en cada intervención gastronómica suya. El disfrute es la invitación permanente que hace.


“También hago unos mini panes de cerveza que completo con un revuelto de huevos y jamón de capón; unos muffins de chocolate y cerveza con aceitunas…”, cuenta. Locura total. Muere por la cerveza pero una comida o una tarde frente al mar con amigos prefiere un buen vino blanco o rosado de Río Negro.


Ella no se dedica a la cocina en forma profesional. “En Las Grutas tenemos un vivero y en la temporada estival me dedico más a los alquileres y la limpieza. Con mi marido arrancamos con la cocina de modo solidario. Hemos hecho cantidades enormes de empanada y paellas gigantes de pollo al disco para ayudar a diferentes instituciones”, aclara Lili.

El año pasado en plena pandemia, Joel Zapata, un vecino del balneario, “nos propuso hacer un plato caliente para las personas que nos estaban cuidando. Fue así que dos veces por semana realizamos diferentes menúes tanto para personal de salud, bomberos como para policías y pulperos, entre otros… Ayudaron comerciantes y amigos como Adrián, Juan Pablo, Leo, Dai, mi ahijada y Fiore, nuestra hija”.

Lili con Juan Solorza (izq.), Juan Carlos Izaguirre (centro) y Carlo Puricelli (der), sus colegas que tanto la respetan en un encuentro regional que la organización Enbhiga realizó meses atrás, en Río Colorado.


De cocinar en este plano, el solidario-comunitario, este año dieron un salto cualitativo y pasaron a ser más conocidos en el mundo gastronómico. “A mi no gustaba figurar; por lo tanto, el que siempre sale es Pato, mi pareja. Quienes nos conocen saben que siempre estamos juntos en esta gran locura de la cocina”, asegura. De amateur a profesional, el gran salto que dio en los últimos tiempos; la gente, agradecida.


Lili nació y se crió en Rosario, en el seno de una familia numerosa. De madre paraguaya, heredó el gusto por la buena comida. Estudió y trabajó desde muy chica. Por lo tanto “pasaba poco y nada de tiempo por la cocina”. Un verano que viajó a Las Grutas a visitar a su padre fue cuando conoció a Pato, hoy su marido. Tuvieron un año de noviazgo a la distancia, hasta que se decidió a venirse a vivir con él. “Formamos nuestra pequeña familia: él, nuestra hija que hoy tiene 16 años y yo. Este es nuestro mundo desde hace 20 años”, cuenta.

«Aquí estoy, esta soy yo»


La pasión por la cocina la descubrió con Pato y sus suegros. “Ellos cocinan mucho y muy bien. Los fuegos son su fuerte. María Luisa, mi suegra, es mi ayuda incondicional. La especialidad de ellos son las paellas, las empanadas, las carnes y los escabeches. Yo amo las masas, las pastas y todo lo dulce. He ido haciendo cursos de cocina y pastelería y desde un tiempito atrás empecé a estudiar gastronomía profesional. Mientras vamos terminando de armar nuestra cocina, cocinamos para amigos y conocidos. Ofrecemos catering si la oportunidad lo amerita. También empezamos a participar en ferias, como las que organiza Enbhiga en todo Río Negro”.


Lili ama Las Grutas, es el lugar que la adoptó y que ella eligió para armar su familia. Por lo tanto siempre lo recomienda como destino de relax con un consejo fundamental: “ni bien lleguen por acá abandonen las milanesas… Sí, olvídense de ellas y de las papas rústicas”. Probá los pulpitos y las rabas bien fresquitas, dice. “Pasá por Tajamar de Franco Corsi o por Azul Bistró de Leo Perazzolli, andá al Puerto donde vas encontrar las mejores marisquerías. O llamanos a Pato y a mi o a Ailin Dani Fogwell, Matías Aedo, Adrián Fuentes… te vamos a sorprender ricamente”.

Concentrada, Lili Molinas, cocinera profesional.


Y si querés cocinar en casa recomienda ir a alguna pescadería y conseguirte mariscos frescos y armar un buen ceviche con mucho limón, naranja, alguna fruta fresca como manzana o frutilla, jengibre, cebollita morada y dale un toque de sabor con salsa inglesa. “Si tienen la suerte de conseguir algunas de nuestras tres especies de almejas -la púrpura, la navaja o la panopea- no duden en probarlas, son exquisiteces que tenemos en nuestro Atlántico y que se exportan al mercado asiático”, aseguró.


Amo cocinar… ¿se dieron cuenta? Este año, gracias a Enbhiga participé como cocinera en Las Grutas, en Río Colorado y Jacobacci. Carlos Snaimon, su mentor, me enseñó que a cada cosa hay que darle una oportunidad y dejarla fluir. Fue lo que hice y me siento feliz. La vida enseña cosas a cada instante. Así como me gusta la soledad amo estar en familia y con amigos. Tengo la dicha de tener una hija hermosa, un amor, una familia por partes de mi marido y mía, buenos amigos, hermanos y a mi madre con vida. ¿Qué más puedo pedir? Que no se apague nunca el fuego de nuestras cocinas porque son las llamas que nos iluminan”, cerró.


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