Pesada cruz

Redacción

Por Redacción

Desde su nacimiento hace algo más de dos décadas, Invap sobrelleva una cruz: los vaivenes que signaron la política exterior argentina en gran parte de ese lapso.

No resulta incluso aventurado afirmar que quizá sea la única empresa nacional exportadora de tecnología crítica cuya existencia ha estado en juego debido a esos vaivenes.

Un caso. Hace dos años, al inaugurarse el reactor experimental construido por Invap en 20 kilómetros al este de El Cairo, poco se apostaba por el futuro de la empresa.

En aquel «98 ya hacía tiempo que la política nuclear argentina estaba desarticulada, iba en dirección a reducir drásticamente sus expectativas.

El mensaje que se extraía era claro: Invap no podía contar con ella para crecer.

En consecuencia, estaba ávida de ganar licitaciones en el exterior, nutriente de significativos recursos. Además, un crecimiento sistemático de experiencia, prestigio y aliento para competir en un mercado internacional dominado por corporaciones que facturan en menos de una quincena lo que costó el reactor de Egipto: 100 millones de pesos.

Algo así como un Boeing frente a un ultraliviano.

Pero no es competir lo que temían ni temen los cuadros gerenciales y técnicos del Invap clavados por aquel entonces en ese desierto armado que es Egipto.

Es el humor de la política exterior lo que inquieta.

O en otros términos, la debilidad intrínseca que esa política expresa como herramienta de un país poco abundante de recursos de poder para incidir en el campo internacional.

Porque detrás de Westinghouse persiguiendo una licitación, siempre está el respaldo firme de los intereses permanentes de los Estados Unidos, sea demócrata o republicano el signo del gobierno de turno.

Lo mismo prima para Siemmens de Alemania, por tomar sólo dos casos.

Pero además, Invap pertenece a un país que durante años había seguido una política exterior impredecible. Una línea de acción que sobrestimó el poder propio y subestimó reglas.

Una curso de acción que incluso se tornó agresivo durante la dictadura última.

Política que cambió con la administración Alfonsín. Pero que sin embargo mantuvo un protagonismo exterior excedido en la medida de los recursos de poder del país. Período de mucha sobreactuación.

Política que de una u otra manera sirvió para que -aun logrando con la administración Menem un patrón más racional para el manejo de las cuestiones exteriores- la Argentina siguiera siendo blanco de presiones externas, los Estados Unidos concretamente, destinadas a amortiguar la dinámica de su desarrollo nuclear.

Porque aun con democracia, por largo tiempo seguimos siendo imprevisibles. Y cuando lo nuclear no va de la mano de lo previsible, el costo es alto.

Y el Invap, atrapado en esa maraña.

Carlos Torrengo


Desde su nacimiento hace algo más de dos décadas, Invap sobrelleva una cruz: los vaivenes que signaron la política exterior argentina en gran parte de ese lapso.

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