Plata para simular que falta muñeca


El virus se instaló con fuerza en el Alto Valle, cuya integración con la Confluencia neuquina le juega paradójicamente en contra en este especial trance.


Más del 50% de los casos activos de coronavirus de la provincia (casi 2.000) se concentra en la docena de ciudades que van desde Cinco Saltos hasta Villa Regina. Un río separa el Alto Valle rionegrino de la capital neuquina, en cuya área los contagios superan los 5.000. En 30 kilómetros, desde Cipolletti a Barda del Medio, hay cuatro puentes sobre ese río, un modelo de integración regional con virtudes notables que hoy es una autopista para el virus.

Desde esa zona de la provincia llegarán los turistas con los que Bariloche intentará demostrar que se puede reactivar la economía de la ciudad. Serán solo 500, algo que para la oferta es casi insignificante. Pero el valor de esta decisión no está en la cantidad, sino en lo simbólico:

• El primer destino turístico del país que ensaya una apertura.

• La cordillera del norte de la Patagonia tiene todo lo que se necesita en las vacaciones de verano: espacio de sobra y protocolos que en reglas generales se cumplen.

Para Las Grutas también será un desafío que regresen los que viven en otros lugares y tienen en la villa balnearia su segunda residencia.

Y de paso pueden aparecer alternativas: el fin de la pavimentación de la ruta 23 le permitirá a la provincia vender un producto único en el país, un mar sin frío y montañas con paisajes de encanto, en un viaje en auto, aislados de los demás, apenas mayor a medio día.

No será la primera llegada de turistas a Bariloche desde que comenzó la pandemia.

Aunque muy pocos (de gran poder adquisitivo), algunos esquiadores estuvieron en el cerro Catedral este invierno de manera furtiva, con permisos especiales y vuelos privados. “Pero no aumentaron los contagios; ese es un buen dato”, dicen en la intendencia.

La provincia precisa que Bariloche vuelva a generar riqueza. Y a aportar Ingresos Brutos, el impuesto que grava las facturaciones. El gasto del Estado creció para atender la pandemia y para evitar con más plata que muñeca cualquier conflicto sindical.

Los policías presionaron primero sin dejar las armas y los uniformes en sus casas y consiguieron un aumento, pero los estatales hicieron un acuerdo mucho mejor.


Bariloche intentará demostrar a todo el país que el turismo puede regresar, sin tanta masividad y con muchos cuidados. Será una experiencia clave con la mirada en el verano.


Las paritarias de los sindicatos municipales estaban frías, pero cuando ATE logró hasta un 40% anual de aumento salarial, el reclamo a los intendentes tomó una temperatura que nadie había calculado, ni siquiera los sindicalistas.

Para cuando la gobernadora Arabela Carreras se dio cuenta del error, la única maniobra posible fue desacoplar los sueldos de sus funcionarios de la mejora concedida.

Desequilibrios

Es complejo desagregar sectores cuando se discute un aumento salarial, pero está claro que una mucama de un hospital tuvo este año condiciones de trabajo inéditas, con una exposición al riesgo de gran magnitud y una carga horaria enorme, y que los porteros de las escuelas hace medio año que no trabajan. Ambos cobran su salario íntegro.

Varios directores de hospitales pidieron que los porteros de escuelas se ocuparan de la limpieza de los hoteles donde están internados los pacientes contagiados pero casi sin síntomas. Pero los sindicatos estatales se resisten. La carga, evidentemente, no es igual para todos.

El ministro de Economía de la provincia, Luis Vaisberg, ya avisó que seguirá haciendo girar la rueda del endeudamiento como fuente financiera, algo que heredó de su antecesor.

El acuerdo por la refinanciación de la deuda en dólares (300 millones del Plan Castello) no ha llegado, pero el avance que logró Mendoza (530 millones de dólares) el mes pasado es un caso testigo. Después de todo, los acreedores son más o menos los mismos, y en el caso de Río Negro dos grupos de inversión son tenedores de la inmensa mayoría de los papeles.


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