Pobreza, la deuda trasversal a todos los gobiernos y épocas

Durante los últimos 30 años, al menos uno de cada cuatro argentinos fue pobre. La comparación con otros países y las proyecciones de cara al futuro.



Las discusiones sobre los principales problemas de la economía suelen dejar su huella en las diferentes épocas, en base a la dinámica de la política y a la alternancia de los diferentes espacios ideológicos en el poder. Pero cuando a lo largo de tres décadas se discute sobre una misma problemática, bajo diferentes conducciones políticas y con modelos económicos antagónicos, esa problemática puede definirse como ‘estructural’. Tal es el caso de la pobreza en Argentina.
Los datos revelan que siempre durante los últimos 27 años, al menos uno de cada cuatro argentinos fue pobre. Ningún gobierno, cualquiera sea su color político o su orientación ideológica, logró perforar ese piso.
En la actualidad, habiendo transcurrido ya dos décadas del Siglo XXI, y cuando el mundo debate acerca de los efectos de la cuarta revolución industrial sobre el trabajo y el modo de producción que regirá en los próximos 50 años, en Argentina hay 14 millones de personas sumidas en la pobreza, y según un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), hay 3,8 millones de habitantes que padecen ‘inseguridad alimentaria severa’, lo que equivale a decir que casi un 9% de la población ‘pasa hambre’.

Tres décadas perdidas
Hay una discusión siempre vigente, respecto a la mejor forma de cuantificar un flagelo social complejo como la pobreza. Si bien en la actualidad existe consenso respecto a que se trata de un problema ‘multidimensional’, la forma más extendida de cuantificar la pobreza en todo el mundo, es la capacidad de las personas o familias para reunir cierta cantidad de ingresos, lo que se conoce como ‘canasta básica’.
Asimismo, la utilización de series continuas de medición es compleja en países como Argentina, donde en los últimos 30 años el organismo oficial de estadísticas cambio al menos dos veces la forma en que se toman las muestras (Encuesta Permanente de Hogares), cambio la conformación de la canasta básica y la metodología de medición (en el 2016) y por mucho tiempo utilizó parámetros distorsionados para la medición (IPC oficial entre los años 2007 y 2015).
Un extenso trabajo publicado recientemente en conjunto por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) y el Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (Cedlas), logra salvar las dificultades metodológicas y presentar una serie continua para el periodo 1992-2018, arribando a notables conclusiones.
El primer aspecto que surge del estudio, es que la evolución de la pobreza en dicho lapso puede dividirse claramente en tres periodos, los cuales pueden apreciarse en el primer gráfico que acompaña la nota.


El primer periodo va desde 1992 hasta 2002, en que se observa un notable incremento de la pobreza que en apenas diez años pasó del 29,7% al 65,5% en el epílogo de la crisis. El segundo va de 2002 a 2013 donde se aprecia una drástica reducción que llevó la pobreza hasta el 26,1%. El tercero va de 2014 a 2019, en que se advierte una pobreza estabilizada en torno al 30% (el último dato oficial de Indec registra 32%). De allí surge una conclusión tan dura como real: nunca en las últimas tres décadas la pobreza fue menor al 25%.

En contraste con la región
Suele afirmarse livianamente, que Argentina tiene más pobres que otros países de América Latina. El error que se comete, es no considerar que las varas que se utilizan para medir la pobreza, son muy diferentes en los diferentes países.
El reconocido sociólogo Daniel Schteingart da un sencillo ejemplo que ilustra el punto: “ Si en Chile se considera ‘petizas’ a las personas que miden menos de 1,4 metros y en Argentina se considera ‘petizas’ a las personas que miden menos de 1,7 metros, una persona que mide 1,6 metros es alta en Chile y petiza en Argentina”. Algo similar sucede con las canastas básicas que se utilizan en cada país para cuantificar la pobreza por ingresos.

“Por la meta que quiero que se me juzgue, es por si mi gobierno logró o no reducir los niveles de pobreza en Argentina”.

Presidente Mauricio Macri en conferencia de prensa a fines de 2017


Para salvar tal dificultad en la comparación entre países, el informe de Cippec utiliza la medición del Proyecto Sedlac, que establece una canasta básica de u$s 5,5 diarios a Paridad del Poder Adquisitivo (PPP) de 2011. De esa forma, se cuantifica el porcentaje de pobreza ‘con la misma vara’ en todos los países. Al hacerlo, resulta que Argentina es el tercer país con menos pobreza en todo el continente (8,5%). Solo Uruguay (3,7%) y Chile (6,7%) presentan mejores indicadores, a la vez que países como Brasil( 21,4%), Ecuador (23,9%) o Perú ( 24,3%), se encuentran en una situación mucho más deteriorada en términos sociales.


Al mismo tiempo, el informe revela que si bien hoy Argentina reviste una mejor situación que la mayoría de los países de la región, la performance de nuestro país en cuanto a la velocidad en la reducción de la pobreza entre 2006 y 2016, fue mala en relación al resto. En dicho lapso Bolivia logró una reducción promedio del 23,1%, Perú del 22,5% y Paraguay del 19,4%. Argentina en cambio, solo redujo la pobreza en un promedio del 9%.

Pobreza y crecimiento
Otro lugar común en los que suele caer el análisis, es que ‘para erradicar la pobreza es necesario que la economía crezca’.
El informe de Cippec compara el PBI per cápita y la tasa de pobreza en Argentina entre 1980 y 2018. El análisis completo de la serie de datos, confirma una casi perfecta relación indirecta entre crecimiento y pobreza. Significa que en general, a medida que la economía crece la población mejora su capacidad de generar ingresos, y como corolario se reduce la incidencia de la pobreza.


El estudio de Cippec incorpora un indicador muy valioso en la interpretación de la situación actual y en la proyección futura del flagelo, que se denomina ‘elasticidad-crecimiento’, y mide en qué porcentaje se reduce la pobreza cada vez que la economía crece un 1%.
Sobre esta base, el informe estima que si la economía nacional crece al 1% promedio en los próximos 20 años, la pobreza llegaría al 20% en el año 2038. Asimismo, sería necesario crecer a una tasa promedio del 3% para alcanzar en 2038 una pobreza del 10%, y a una tasa del 5% para reducirla hasta el 5% en dos décadas.

La excepción a la regla
Los pronósticos a los que arriban los modelos econométricos, encuentran por delante la barrera que interpone la dinámica social y política. Difícilmente se verifique en la práctica una tasa de crecimiento promedio constante a lo largo de dos décadas, mucho menos si se tiene en cuenta la turbulencia a la que está habituada la macro argentina.
Pero aun si el pronóstico fuera asequible, la relación inversa entre PBI per cápita y pobreza que surge del informe de Cippec, muestra una excepción que resalta de cara a lo que puede venir desde 2020 en la economía nacional. Sucede que si se considera el periodo comprendido entre 1994 y 2000, se advierte que el PBI per cápita se incrementa desde los u$s 7.900 a los u$s 10.000, y al mismo tiempo la pobreza crece del 26% al 37%.
Significa que en el apogeo del modelo neoliberal aplicado durante la década de los 90, y mientras la economía crecía al calor de privatizaciones y apertura indiscriminada al comercio y a la entrada y salida de capitales, el proclamado ‘derrame de riqueza’ no solo no se verificó, sino que lejos de servir a una mejora en las condiciones de vida, implicó el empobrecimiento de millones de personas.
Paradójicamente, en aquellos años se aplicó una fuerte reforma laboral y una profunda reforma previsional. Son los dos principales ítem que figuran en la agenda del FMI, una vez finalizado el proceso electoral.
Podrá señalarse con cierto grado de certeza que existen elementos concretos para diferenciar aquellas políticas, de estas que pretende implementar el mayor acreedor del país. Aún así, el núcleo de ideas que moviliza las reformas, es el mismo: achicar del peso relativo del estado en la economía, reducir los costos laborales, flexibilizar las condiciones de contratación, y/o reducir el peso fiscal de las partidas previsionales.
La verdadera incógnita es entonces, cuáles son los motivos para pensar que aplicando una receta similar, los resultados esta vez, puedan ser distintos.

En números

25%
El piso estructural de la pobreza que nunca pudo ser perforado en los últimos treinta años.
El lugar que ocupa Argentina en el continente entre los países con menos pobreza.

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