Por debajo de la mesa
Hay aprestos reformistas en los fragmentados partidos, pero las cartas no se conocerán ahora.
Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
Todos esconden las cartas debajo de la mesa. No es tiempo de exhibirlas sino de hacer picardías. Maldades, más bien, que provocan situaciones embarazosas no sólo en ámbitos políticos sino también en altas esferas religiosas, como quedó visto con la nota (primero calificada de “trucha” y producto de “la mala leche” de algunos, según dijo antes de rectificarse el argentino Guillermo Karcher, secretario de protocolo del Vaticano) que el papa Francisco envió a la presidenta Cristina Fernández con motivo de la celebración patriótica de hoy. Los nobles principios contenidos en la misiva (¿quién no predica de la boca para afuera la solidaridad, la concordia y la justicia?) fueron pisoteados con interpretaciones capciosas por los bandos en pugna mientras se desenvuelve la compleja transición que culminará con la renovación general de 2015. Las internas cruzan por igual a los partidos (fragmentados en extremo) y a la Iglesia, cuyo principal pastor (por estas horas embarcado en un viaje espiritual por Tierra Santa) tiene un norte: “cuidar a Cristina”, sin privarse por ello de exigirle responsabilidades por los actos de gestión y demandarle amplitud dialoguista para aliviar las tensiones, que son muchas y recurrentes. Las delicadas cuestiones sucesorias, pese a estar todavía lejanas, desvelan a los dirigentes. Sin un candidato propio fuerte, el kirchnerismo concentrado, como lo notificó Ricardo Forster en nombre de los intelectuales de “Carta Abierta”, está sembrando “miguelitos” para desgastar y/o condicionar la anticipada proyección de Daniel Scioli. El gobernador de Buenos Aires, al que apoyan las principales estructuras del peronismo tradicional, confía en poder comer la uva cuando madure, incluso con el apoyo de las huestes juveniles de La Cámpora, hoy por hoy empeñadas en integrarse al Partido Justicialista. Por orden de Cristina y mediación del secretario legal y técnico Carlos Zannini. Se insinúan los competidores. Sergio Urribarri no trasciende los límites de su provincia, Entre Ríos. Florencio Randazzo ató su suerte a la cruzada ferroviaria y a la pulseada con los sectores de trabajadores de izquierda capitaneados por el intransigente Rubén “Pollo” Sobrero, cuyas medidas de fuerza tienen a maltraer a la población humilde. Hay otros postulantes (el diputado Julián Domínguez es uno de ellos) que se desviven por desafiar al excampeón de motonáutica. Los gobernadores asumen un perfil bajo porque no se pueden apartar de la Rosada, por lo menos hasta octubre o noviembre cuando la carrera se hará más franca aunque no definitoria. “Esto se resuelve en la recta final”, explica con lenguaje burrero un observador que reconoce tanto los aciertos de la administración cristinista como deplora sus errores. Entre éstos contabiliza la ofensiva para incidir en la futura composición de la Corte Suprema de Justicia tras el deceso de Carmen Argibay. Por ahora no habrá asalto K, pero si se producen otras deserciones en el alto tribunal Ricardo Lorenzetti está dispuesto a resistir la atropellada. No son un secreto el grave estado de salud de Enrique Petracchi, la avanzada edad de Ricardo Fayt y la decisión de Eugenio Zaffaroni de renunciar al cumplir 75 años, en enero. Quizá en el peronismo el principal rival de Scioli sea Sergio Massa, líder del Frente Renovador, un conglomerado opositor que debutó exitosamente en las legislativas del año pasado. “El problema es que crece hacia los costados y no hacia arriba”, admite uno de sus sostenes en alusión a la captación de intendentes y al rechazo momentáneo de los mandatarios provinciales que dependen de la ayuda del tesoro nacional. Con la anuencia de algunos connotados radicales (Ernesto Sanz, entre otros) y de exponentes de UNEN y del PRO, Massa promueve una reforma que no sólo contempla la modificación las reglas de las PASO para permitir que quien resulte ungido postulante presidencial tenga libertad para designar a su vice. Eso posibilitaría integrar distintas fuerzas y garantizar instituciones sanas y la gobernabilidad en tiempos difíciles. De eso, seguramente, empezará a hablarse después del Mundial de fútbol de Brasil. No habría que descartar una propuesta para cambiar la duración del mandato del Ejecutivo: en lugar de habilitar dos mandatos de cuatro años, se volvería a seis sin reelección. Mantener el equilibrio, como exhorta Francisco, será tarea de titanes. Para muestra basta un botón. El nuncio en Buenos Aires, Emil Paul Tschering, afectado por el escándalo de la carta o telegrama papal, en un intento por aclarar la gran confusión sentenció: “No aumentemos la pelea, porque no hay pelea”.
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