Por qué la Camorra quiere muerto a Saviano
El libro generó polémica y desde entonces, el autor tiene que vivir oculto.
Claudio Andrade candrade@rionegro.com.ar
Ya no son las drogas, las armas o la prostitución los principales negocios de la mafia siciliana. No lo son tampoco la usura, el hurto o el asesinato a la carta. Y esto no significa que la Mafia del sur, la Camorra como suele llamársela popularmente, se haya reconvertido hacia los negocios legales, esos en los que se requiere una boleta mediante la cual el Estado se cobra el IVA. No. La mafia no hace este tipo de cosas. Hace otras tan o más lucrativas acorde a los tiempos que corren. Ellos también han aprendido como moverse en los laberintos de la economía del libre mercado. Todo lo contó Roberto Saviano en su sorprendente libro “Gomorra”. Al principio, el propio Saviano no entendía porque algunos de los clanes lo habían marcado con el signo de la muerte. Una suerte de fatwa mafiosa –como le sucedió a Salman Rushdie después de la publicación de sus “Versos Satánicos”– cayó sobre la cabeza del periodista italiano y desde entonces éste ha debido vivir oculto y bajo constante vigilancia. Sin embargo, en la obviedad se encuentra la respuesta a tanta ira hacia su persona. Saviano, quien trabajó en el transcurso de su investigación en actividades muy menores que estaban bajo el control de la Camorra, reflejó en su libro una cotidianidad a la que el público masivo nunca había tenido acceso antes. Saviano cometió la imprudencia de describir con especial detalle cuáles son y cómo se desarrollan los negocios actuales de los mafiosos, tan poco románticos pero muy lucrativos, como el contrabando de zapatillas deportivas llegadas desde China. O, incluso, de cómo los clanes manipulan a los jóvenes de las poblaciones marginales del sur y cuál es la triste paga por sus esfuerzos que en ocasiones les roban la vida. Sólo por mencionar dos datos “menores” incluidos en su libro. Saviano actuó como un verdadero periodista, como un gato, curioso y un temerario. “Gomorra” explica los emprendimientos que hoy ocupan la atención de la Camorra. El puerto de Nápoles es el origen de la mayoría de ellos vinculados al tráfico de una gigantesca lista de productos como ropa deportiva y zapatillas, artefactos electrónicos, entre otros. Nápoles, explica el autor, es la puerta de entrada de este tipo de artículos a Europa y la mafia usufructúa con la primicias. Porque los clanes que manejan distintas áreas del puerto siempre llegan antes que los demás. El verdadero negocio de la Camorra consiste en vender en volumen productos muy diversos y evadir todos y cada uno de los impuestos. Nunca como hoy la mafia fue un micro Estado dentro de un Estado mayor. La Camorra se ha apropiado de la comercialización mayorista. Y este es sólo uno de sus tantísimos rostros. Los clanes también controlan el fluido de dinero en efectivo y de este modo operan indirectamente sobre una de las piezas más preciadas del engranaje de la moda: los talleres. Resulta que la Alta Costura, aquella que lucen las estrellas de Hollywod, se lleva a cabo, verdaderamente a cabo, en talleres clandestinos compuestos por familias de italianos quienes fabrican los exquisitos vestidos que alcanzarán en las boutiques precios exorbitantes. Pero estos talleres, que a su vez obtienen sus encargos en una suerte de remates de los que participan muchos otros talleres ofreciendo cada cual su precio más bajo, funcionan en la ilegalidad. Ninguno de sus empleados tiene obra social o planes jubilación. Todo es en negro. Entonces, cuando han obtenido alguna despampanante tarea necesitan dinero en efectivo y no son los bancos justamente quienes se los facilitan –jamás lo harían– sino la Mafia y a una tasa de interés ¡más baja que la de las entidades bancarias! Los mafiosos se sintieron despojados de sus ropas por la pluma afilada de Saviano. Se ha dicho en ocasiones que el relato del escritor está poblado de lugares comunes, que no hay nada nuevo bajo el sol. Tal vez. Pero Saviano estuvo allí, trabajó, sintió aromas, mantuvo charlas de lo más variopintas con personajes que trabajan para la mafia. Y, ante todo, vivió para contarlo. Si “El Padrino” Mario Puzo, y la versión cinematográfica de Francis Ford Coppola, mostraron a una mafia glamorosa, obsesionada por el poder y en la búsqueda constante de la perfección criminal, “Gomorra” describe a una organización terrenal, acosada por los inspectores de impuestos internos, dedicada a un amplio abanico de negocios (desde el tráfico de personas a las transacciones bursátiles, pasando por el comercio de telas exóticas, las flamantes promesas de internet y la “administración” de productos industriales contaminantes), y cuyo brazo armado puede resultar igual de letal aunque que, en términos generales, se aleja de la violencia y la exposición tanto como puede. Es que la guerra y los servicios de los sicarios, son una mala inversión. Tal como ya se lo había advertido el consigliere de los Corleone, Tom Hage, a Sonny el hijo mayor de Vito en la famosa segunda parte de la saga de Coppola, tener hombres armados en la calle cuesta dinero. El filme Matteo Garrone, basado en el libro y con el propio Saviano colaborando en el guión, capta la esencia del libro. Una gris urbanidad es el telón de fondo permanente de las andanzas de los mafiosos sicilianos. Son grises los cielos de las playas donde sepultan a los díscolos, como es gris el horizonte de los negociantes de la mafia que mueven enormes volúmenes de material contaminante fuera de los límites de las ciudades. También son grises las paredes de los talleres donde los trabajadores de la moda se queman las pestañas 16 horas por día para que luego Angelina Jolie asista a los premios Oscar con un vestido de 8.000 dólares. Y una curiosidad. La Camorra no se llama jamás a sí misma como “mafia” sino como “El sistema”. Nada más adecuado porque ¿qué es sino un sistema aquello que las organizaciones criminales han diseñado para su beneficio a costa de la salud de los Estados y la de sus ciudadanos que sin otras alternativas deben acogerse o soportar sus proyectos delictivos?
Saviano reflejó en su libro una cotidianidad sobre la mafia a la que el público masivo nunca había tenido acceso antes.