Prioridad absoluta
Merced a políticos de concepciones arcaicas, el camino de la recuperación del país será más largo y sinuoso de lo esperado.
En algunos países afortunados, el que una gama amplia de dirigentes políticos apoyara un plan económico motivaría cierta satisfacción, pero por razones evidentes la Argentina no se encuentra entre ellos, de suerte que la recepción entusiasta que han brindado a las nuevas medidas dispuestas por Domingo Cavallo prohombres como Eduardo Duhalde y Leopoldo Moreau debería considerarse preocupante. En opinión de éstos, las innovaciones anunciadas por el «superministro» significan que el Estado -es decir, la clase política- está por retomar su papel tradicional de gerente general de la economía del país, interviniendo a cada momento a fin de ayudar a sectores con dificultades, manipulando a su antojo la tasa de cambio, modificando continuamente una larga serie de variables de todo tipo y mofándose de cualquier «ortodoxia» existente. Si bien no es demasiado probable que Cavallo mismo comparta dicha interpretación de su nuevo paquete de medidas, las sonrisas satisfechas de los comprometidos con un orden arcaico que está en la raíz de muchas dificultades actuales no pueden sino recordarle que el camino de la recuperación será decididamente más largo y más sinuoso de lo que había anticipado cuando aceptó regresar al ministerio que encabezó con tanto éxito en los años noventa del siglo pasado.
Por motivos comprensibles, Cavallo, acompañado por buena parte de la clase política y, si bien sin entusiasmo, por la mayoría de los economistas, ha optado por hacer de la reactivación su prioridad absoluta, lo cual lo ha obligado a reconciliarse con el statu quo, postergando hasta nuevo aviso las reformas estructurales profundas que, como sabe mejor que nadie, serán necesarias para que la Argentina pueda convertirse en un miembro pujante de la comunidad internacional. Sin embargo, sucede que lo que para muchos políticos es una forma de reivindicar las convicciones de siempre también refleja la incapacidad del país para adaptarse a las circunstancias imperantes. Aunque no cabe duda de que sería mejor una versión un tanto más vigorosa del «modelo» híbrido que se ha constituido que la variante débil y deprimida que se ha conformado en el curso de los años últimos, esto no quiere decir que de producirse la reactivación deseada no será necesario que Cavallo reanude el mismo proceso que se ha interrumpido. No le será fácil hacerlo: si a raíz de las medidas que ha dispuesto últimamente la economía disfruta de algunos meses, acaso años, de crecimiento, políticos como Duhalde, Alfonsín, Moreau y muchos otros lo atribuirán a la decisión de abandonar lo que llaman «neoliberalismo» para entonces insistir en que los problemas cada vez más graves que surjan se han debido a los intentos de reencontrar el «rumbo» del cual hablaban Carlos Menem y Fernando de la Rúa.
En un país en el que la economía ha funcionado sumamente mal durante más de medio siglo no es nada probable que las medidas requeridas para transformarla cuenten con el respaldo de la mayoría de los dirigentes políticos y empresarios, porque casi todos estarán consustanciados con el «modelo» no viable. Por cierto, a esta altura nadie en sus cabales podría creer que a los populistas locales les ha sido confiado el secreto del crecimiento sostenible o de la justicia social. Puesto que la Argentina de nuestros días es el producto de las corrientes que representan, el cambio que desean tantas personas no puede sino ser el fruto de una forma muy distinta de afrontar los problemas planteados por el mundo actual. La ciudadanía en su conjunto es vagamente consciente de esta realidad, de ahí el desprestigio de una clase dirigente que no ha podido ocultar el desconcierto que siente al enfrentarse con la evidencia de su propia incapacidad para entender lo que está ocurriendo, motivo por el que es comprensible que la aprobación general del «plan» más reciente de Cavallo ha provocado más inquietud que confianza en los mercados porque, a juicio de los interesados en el destino a mediano plazo de la Argentina, un paquete que complazca a los responsables de sus retrocesos señalará el comienzo de lo que equivaldría a lo mejor a una retirada táctica, a lo peor a una negativa consensuada a intentar avanzar un paso más.