Propios y ajenos
Pero la intransigencia gremial y la estrechez financiera son los obstáculos principales que enfrenta el gobierno.
HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar
Sapag puede estar relativamente tranquilo. En una entrevista con este diario, el jefe de su partido, su antiguo socio y también viejo adversario, acaba de decir que no opina sobre la re-reelección porque por ahora es abstracta, ya que el interesado aún no ha dicho que la quiere. En otras palabras, Sobisch no se ha pronunciado a favor de que Sapag siga cuatro años más pero hasta el momento tampoco se ha puesto en la vereda de enfrente. Una cosa es cierta, si Sapag necesitara la re-re en forma perentoria, ya habría lanzado su candidatura. Hasta el día de hoy, en cambio, se ha limitado a insinuar el tema. Todo indica que el propósito inmediato del ‘operativo clamor’ no es la re-re sino disciplinar y encolumnar a la fuerza propia para poder seguir gobernando sin sobresaltos. Y esto parece que Sapag lo ha logrado. Teniendo en cuenta que la objeción de la vicegobernadora a la re-re es más que nada un planteo casi testimonial, porque Pechen, a diferencia de Sobisch, tiene buena imagen en las encuestas pero también, al contrario de éste, carece de una mínima fuerza propia. Vista así la cosa, se podría decir que en la etapa presente Sapag tiende a consolidarse como jefe único –a la vista no hay otro, ¡bah!– del Movimiento Popular Neuquino. Es interesante ver a un Sobisch medianamente prudente, moderado, que invoca a cada rato el “sentido común”. Aunque es difícil precisar si está realmente ‘amortizado’ como solía decir Perón y adivinar si es verdad que se reserva un papel de “hombre de consulta” como dice, el exgobernador y presidente del partido más poderoso de la provincia está lejos de situarse en un papel provocador o desafiante característico del adversario. Esto habla no sólo de su debilidad relativa, del acoso judicial del que todavía es objeto por sus muchas desprolijidades o de su último ¿definitivo? revés ante Sapag cuando la candidatura a gobernador en el 2011. Habla, también, de un pensamiento al fin y al cabo político; dice que este hombre que estuvo tres veces en la gobernación y hasta llegó a delirar con la presidencia entiende al fin y al cabo las relaciones de fuerza. Con la tropa propia por ahora disciplinada, Sapag puede decir que el escenario político es medianamente favorable y, con la actividad petrolera consagrada a esa panacea que es Vaca Muerta, el gobernador puede alegar que el futuro de las finanzas provinciales es alentador. Pero hoy no puede decir lo mismo del escenario social, donde la relativa “paz” conseguida en los últimos cuatro años está siendo puesta a prueba por la intransigencia gremial ante la falta de recursos. Precisamente, lo único que despeinó un poco al mandatario provincial esta semana fue la esgrima con los sindicatos estatales, que hicieron el jueves una gigantesca demostración de fuerza. Sapag les recordó que en democracia el presupuesto lo manejan los poderes elegidos por el pueblo y no los sindicatos. Y, dado el caso, les recomendó presentarse a elecciones para disponer a gusto de los dineros públicos. Más aún, los desafió (un poco) al advertirles en la cara que no les tiene miedo y que por más violencia que desplieguen no lo van a “amedrentar ni coaccionar”. Pero todo el mundo sabe que ésta es una apuesta difícil. A pesar de los enormes trastornos ocasionados a la gente que nada tiene que ver, los cortes y piquetes fueron por ahora relativamente “light”. Los gremios prometen endurecerlos, sin contar con que la semana que comienza se sumará a la ofensiva el sindicato docente, el más poderoso de la provincia, cuyas divisiones internas el gobierno había ayudado a profundizar alentando al sector más dialoguista, en defecto de los ultras, que se comen a los chicos crudos. “Esta película ya la vi, ahora estamos entrando en la protesta dura”, resumió Sobisch con un dejo no exento de resentimiento, y dejó flotando en el aire el recuerdo de aquellos días de hogueras y rabia que siguieron al asesinato de Fuentealba. En todo caso, Sapag parece tener en claro que una cosa es la esgrima verbal y otra muy distinta andar a los palos con los revoltosos. Tal la interpretación que hizo el gobernador de las cáusticas apreciaciones sobre los cortes de su principal competidor, Horacio Quiroga. Como quien hace leña del árbol caído –un deporte arraigado en la política nacional–, el intendente había salido a criticar al gobernador señalando que “si hay cortes es porque se los permite”. “Pechi” acaso olvidó que durante su último gobierno estuvo un mes ausente del municipio porque el gremio, en una de sus muchas protestas, tomó el Palacio Municipal. Sapag salió a replicarle que en un Estado de derecho la cosa no es tan sencilla: “No se puede llamar al gobernador por teléfono (y decirle) ‘che, sacame a la gente de acá a los palos porque me están molestando’. Esto raya con lo ridículo, antidemocrático y antirrepublicano”, le espetó. Claro que más allá de los alardes discursivos, el intendente busca posicionarse de cara al 2015 y, como explicó también Sobisch, “para plantarse en el escenario tiene dos alternativas: parecerse a Sapag o a mí y, como si hay re-re lo más probable es que la gente se quede con el que está, eligió parecerse a mí”. Claro que los gremios son agresivos y violentos. Si no, que venga Peressini y lo diga. En los hechos, los estatales han sido funcionales al plan que ostensiblemente busca eyectar al intendente de Plottier del cargo para el que lo eligieron los vecinos, como si se tratara de un cuerpo extraño que perturba la oscura connivencia de años entre el MPN y el PJ para manejar a su antojo esa ciudad. Pero también es cierto que la inflación aprieta y que el 17% que Sapag dio a los sindicatos a comienzos de año no alcanza. ¿Podrá el gobierno sobrellevar la embestida gremial sin hacer grandes concesiones y sin que pase nada grave? Éste es, junto con las golpeadas finanzas provinciales –para el caso el mismo problema–, el principal obstáculo que enfrenta el gobierno.