Puja de “relatos”

RÍO NEGRO

Por Redacción

A medida que se prolonga, la crisis político-institucional que vive el gobierno de Río Negro se muestra como una puja de “relatos” acerca de la realidad. El senador Miguel Pichetto, los legisladores y dirigentes que coinciden con sus críticas dicen cosas ciertas cuando describen que el gobierno de Alberto Weretilneck destina de otro modo el tiempo y los recursos que el fallecido gobernador Carlos Soria imaginaba orientados a un cambio rotundo en el Estado. Es evidente que no ha prescindido de decenas de exfuncionarios que fraguaron su pase a planta permanente ni denunciado presuntos hechos de corrupción que él mismo objetó. Ha ratificado por acción u omisión el statu quo que heredó en enero. Por su parte, el gobernador, los legisladores y los funcionarios que lo respaldan –hablando o callando, pero de su lado– también aciertan cuando dicen que han sido objeto de críticas descarnadas, propias de una oposición virulenta y con un tono que Pichetto jamás empleó para dirigirse a gobiernos anteriores a los que, sin ser parte, ayudó a gestionar. Tal vez esa posesión parcial de la verdad en ambos contendientes contribuye a consolidar la fractura profunda –y para algunos insanable– que afecta al oficialismo a apenas nueve meses de asumir. Y tironea a una gestión que aún no define su perfil político ni administrativo y que es la única víctima de su virulencia. Que gira en círculos sin alzar la vista, como un perro que se muerde la cola con saña. Mientras eso pasa, el aumento de los impuestos provinciales, la pérdida de los subsidios nacionales, la inflación, la drástica reducción de obra pública, la crisis de la fruticultura, la pérdida de ganado y fuentes de trabajo en la Región Sur y unos cuantos etcéteras afectan la vida cotidiana de quienes miran azorados desde el público este teatro de enredos. Esta semana, varias cuestiones pusieron en evidencia esa falta de rumbo político. • Los legisladores identificados con el “pichettismo” lograron en las comisiones parlamentarias un dictamen conjunto con la UCR para derogar aspectos sustanciales de la “ley insignia” de la gestión que Soria y Weretilneck iniciaron en diciembre: la 4735 de Emergencia, que declaró sujetos a disponibilidad a 20.000 empleados públicos. Según el “relato” que se elija, podrá decirse que actuaron con demagogia o que, de modo inteligente, “primerearon” a Weretilneck, aspirando a obtener rédito político por derribar una ley que, inspirada en una austeridad que no se produjo, resultó desde un comienzo exagerada y antipática y a la cual el paso del tiempo y la falta de decisión convirtieron hace meses en letra muerta. • El gobernador Weretilneck fue por más: anunció un proyecto para derogar la emergencia administrativa, sanitaria y educativa, lo que implica derogar de hecho la ley 4735, que lo facultaba a rescindir contratos y a revisar la estructura organizativa de la Administración Pública Provincial. En una palabra, buscó bloquear el proyecto del “pichettismo” volviéndolo innecesario. • Al hacerlo, el Ejecutivo cayó en una trampa que puso en jaque su propio “relato”: derogar la emergencia administrativa del Estado sin declarar el fin de la emergencia económica y financiera no alcanza para desestimar la necesidad de revisar la planta de personal. Ni otorga sustento ético al último pase a planta “de apuro” de la gestión radical, en el cual exfuncionarios y punteros radicales ingresaran por la ventana al Estado. • Si, para guardar coherencia, declarara el fin de la emergencia financiera y económica –un escudo que desde 1989 el sector público rionegrino usa para eludir parte de sus obligaciones–, perderá el argumento esencial para pedir dinero a la Nación. Y la Provincia no puede garantizar por sí sola su funcionamiento. • Declarar el fin de la emergencia haría temblar el “relato” de que hace nueve meses el Frente para la Victoria recibió un Estado devastado por 28 años de desmanejos radicales y relajaría todo intento por hacer más austera y eficiente la Administración. • La emergencia fue invocada también para justificar el aumento notable de impuestos que el gobierno insiste en llamar “reforma tributaria” y que obliga al sector privado a un sacrificio, justo cuando el Estado anuncia el fin de la estrechez, de la crisis y de todo imperativo de ahorro. Las contradicciones y retrocesos no quedaron en eso. Esta semana, un proyecto presentado por legisladores “albertistas” impulsó declarar de interés provincial la reforma de la Constitución para hacer posible la re-reelección presidencial, que la Constitución prohíbe si no es con el intervalo de un período. Que un grupo de legisladores promueva que se viole la Constitución resultó llamativo. Pero más lo fue que, tras un “telefonazo” del jefe de Gabinete, desistieran de su propósito un día después. El ejercicio de la adulación K se muestra como la única estrategia gubernamental para reemplazar la pérdida de influencia que genera el distanciamiento de Pichetto. Pero fue tal la sobreactuación que hasta la Casa Rosada consideró que “no le harían un favor a la presidenta”. En la semana que se inicia tres temas concentrarán la atención: • Los legisladores disidentes del Frente para la Victoria pedirán a la Presidencia de la Legislatura ser reconocidos como bloque independiente. “Pedro Pesatti no nos representa”, afirman, reclamando tener delegado propio en Labor Parlamentaria. Aun cuando no les autoricen la autarquía administrativa, políticamente la ruptura es un hecho y el oficialismo –en lugar de disfrutar de una mayoría comodísima– se verá obligado a debatir y negociar cada iniciativa importante. • El jueves, el “albertismo” buscará desplazar a los críticos de la presidencia de las principales comisiones. No le será fácil ni ventajoso. Ana Piccinini es la única abogada del bloque y privarse de su experiencia en Asuntos Constitucionales afectará la capacidad de maniobra del gobierno. Menos complejo será el reemplazo de Alejandro Marinao en Sociales y Luis Esquivel en Presupuesto y Hacienda. • El martes, el jefe de Gabinete nacional, Juan Manuel Abal Medina, intentará mediar entre el gobernador y Miguel Pichetto. Weretilneck llevará los números de la provincia para defender su tesis de que no está tan mal y que sus críticos exageran para perjudicarlo. Su única concesión fue no avanzar en los cambios de gabinete hasta que se produzca el encuentro. El senador invocará las ofensas recibidas por él y su sector, contradicciones entre las acciones de gobierno y promesas de campaña y vínculos políticos que –a su juicio– privilegian la continuidad y la impunidad. En un país que baila al ritmo del gobierno nacional, será difícil para ambos negarse a un pacto de convivencia. Tan difícil como cumplirlo luego. Mientras tanto, en el gobierno, el área de Producción cumplirá tres semanas sin ministro, decenas de funcionarios carecen de “paraguas” político, temen firmar hasta una simple resolución y no saben si mañana amanecerán en el cargo. Son tiempos extraños y complejos en Río Negro.

ALICIA MILLER amiller@rionegro.com.ar

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