Pulseada
Por Arnaldo Paganetti
stá comprobado. No todos en el gobierno de la Alian- za -hecha jirones tras la renuncia del frepasista Carlos «Chacho» Alvarez a la vicepresidencia y el alejamiento inducido del jefe de la SIDE, Fernando de Santibañes- cantan el mismo himno. En la sociedad moderna, y en la argentina hasta el hartazgo, la intranquilidad social es una peculiaridad. La capacidad del hombre común de asimilar información se ve superada por el gran número de nuevas informaciones.
Todo es vertiginoso en un esquema pesimista, de escaso trabajo, mucha marginalidad y crecimiento cero. Hace dos años, el país discutía la re-reelección de Carlos Menem. Doce meses después, nacía la ilusión de un cambio, de la mano del maridaje electoral entre radicales y fuerzas de centroizquierda que venían a imponer otra impronta ética. Hoy, con un peronismo despedazado por las ansias de poder de sus diri- gentes pero que aún así afila sus dientes, se discute la fragmentación de la Alianza.
En medio de los intentos por zurcir lo roto y llenar los casilleros que quedaron vacantes con la recomposición del gabinete que se vio forzada a hacer el presidente Fernando de la Rúa, el ministro del Interior, Federico Storani, se sinceró y habló descarnadamente.
Utilizó una parábola. «Antes del escándalo desatado por las denuncias de Alvarez, el gobierno -dijo- venía volando a 10.000 metros de altura, en un avión de línea. Había tormentas, con una estabilidad relativa. Cuando «Chacho» tira el bombazo y abandona, se nos rompe una turbina y la máquina empieza a descender de costado. Por unos minutos cae en picada, pero a 30 metros del suelo, prende la turbina que andaba mal, el aparato se recupera y logra planear a 100 metros de la tierra».
«Lentamente, el avión vuelve a tomar potencia y el objetivo del piloto es subir por lo menos a 7.000 metros para pasar la cordillera, a la que se prevé llegar en el 2001. Si no alcanzamos ese nivel -vaticinó-, nos estrellamos. Por ahora, sobrevivimos a 100 metros».
El dramático ejemplo da por descontado que ya no hay doble comando en la conducción de la nave y que será necesario el esfuerzo del partido radical para que las elecciones legislativas del año próximo no tengan el aditamento adicional, como presagia el gobernador justicialista Carlos Ruckauf, de un llamado de emergencia para buscar otro conductor… de otro avión… y otro vuelo…
Fuera del Poder Ejecutivo, Alvarez prosigue la pulseada con De la Rúa. Se mostró dispuesto a colaborar con la administración, no obstante lo cual llamó a constituir un movimiento para luchar contra la corrupción, que enojó al radicalismo y al titular de la UCR, Raúl Alfonsín, con quien al mismo tiempo se malquistó el p´residente, a través del flamante jefe de gabinete, Chrystian Colombo -en quien espera hallar un gerente eficaz-, por hablar mal de la convertibilidad, el instrumento que garantiza la estabilidad monetaria.
La gobernabilidad tiene un cauce natural en el Congreso. Abrochados los aliancistas detrás del «chachista» Darío Alessandro, y con el apoyo de diputados cavallistas, el gobierno consiguió las leyes de emergencia económica y de antievasión. Intenta dar señales tranquilizadoras a los inversores, que no son tan tontos para dejarse seducir tan rápido.
¿Rupturista yo? Ni De la Rúa, ni Alvarez quieren cargar con ese mote. El presidente pretende llenar los casilleros libres con frepasistas, pero reservarse la última palabra a la hora de los nombres concretos. Habría aceptado ya que Marcos Makón pase a ser el segundo de Colombo en la jefatura de Gabinete y que Santiago Díaz Ortiz, interventor en el Frepaso de Río Negro, acceda al viceministerio de Justicia. Para este puesto desecha a Nilda Garré.
Es que la desconfianza persiste. La movida de Rafael Bielsa, titular de la Sindicatura General de la Nación que responde a «Chacho» Alvarez, fue la que desató la ofensiva contra su íntimo amigo Santibañes. Un informe de la SIGEN responsabilizó a la SIDE de la distribución de «plata negra», supuestamente para pagar sobornos en el Senado.
«No hay nada como un buen susto para curar a un mamado», fue la frase (afortunada para algunos, desafortunada para otros) a la que apeló la ministra Graciela Fernández Meijide, al presagiar que la Alianza se recuperará.
Las manifestaciones televisivas que hizo Santibañes desnudaron que en el seno de la coalición conviven dos filosofías, una ortodoxa en lo económico y otra progresista, con componentes cruzados y heterogéneos.
Santibañes, que finalmente dio el paso al costado, comparó, salvando las distancias, el caso argentino con lo que pasó en Alemania, donde el socialdemócrata Gerhard Schroeder, aliado de las empresas, empezó a gobernar con eficiencia cuando desplazó al izquierdista Oskar Lafontaine.
La Argentina tiene su propia paranoia. Alfonsín no puede ni ver a Cavallo, pero «Chacho» Alvarez elogió al padre del 1 a 1 y tendió lazos, cuando dijo públicamente que es bueno que aquél haya reconocido la «frustración social» que dejó la década menemista.
De la Rúa necesita de las huestes parlamentarias de Cavallo, pero no acepta que éste se integre a su gobierno. Hay incompatibilidad de caracteres.
«Estoy sacando al país de la varadura en que lo dejó Menem», sobreactuó De la Rúa cuando su predecesor lo acusó de no tener dotes de líder. Antes había negociado con él en secreto y luego lo recibió en la Rosada.
Las incógnitas persistirán. El presidente se va el lunes a España, donde estará cinco días y dejará en suspenso varios temas, mientras se desarrollan las discusiones por el presupuesto para el 2001. Espera contar con esta ley en diciembre, haciendo concesiones a los reclamos de las provincias tabacaleras y patagónicas, siempre y cuando los recursos se distribuyan racionalmente y se consigan mejores resultados en la batalla contra la evasión fiscal.
Se sabe. Cuando se produce una crisis de envergadura, como la presente, concluye un proceso con una lápida o se sale del mismo con mayor empuje. La Alianza tiene una oportunidad -la sociedad no tiene vocación suicida- y si la desaprovecha, luego se lamentará de su mala suerte. Y no será mala suerte. Si radicales y frepasistas no saben gobernar sus propias pasiones, fieles al mandato del 24 de octubre de 1999, no podrán gobernar a 35 millones de argentinos.
Arnaldo Paganetti