¿Qué es una persona?

Por Eva Giberti

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Esta es la pregunta con la que se inicia uno de los textos que presenta la Prensa para el Cambio (Press for Change) que se edita en Inglaterra. Esta publicación es un capítulo de la organización política y educativa que lucha para lograr libertades y derechos civiles iguales para la gente transgénero en el Reino Unido, mediante la legislación y cambio social. ¿A quiénes se considera personas transgénero? Si bien existen discusiones acerca de esta nomenclatura, se acepta que tanto los travestis cuanto los transexuales y los “queer” (extraños, raros) constituyen la comunidad transgénero. Algunos autores incluyen a gays y lesbianas. O sea, se piensa en términos de un género que no responda rotundamente al pensamiento binario que enfatiza la existencia de dos sexos, hombre y mujer.

La decisión de quienes crearon la Press for Change es concreta: “La Prensa para la campaña de Cambio trabajará hasta lograr la concreción de los derechos de la transgente para vivir en su papel apropiado de género sin el acosamiento, la ridiculez o la discriminación”.

El intento de elaborar una respuesta a la pregunta inicial se localiza en la siguiente afirmación: los transgéneros son gente, es decir, se trata de gente transgénero o la “transgender” gente. Esa sería la traducción aproximada del “transgender” y sus derivaciones semánticas. No obstante, quienes forman parte de los grupos constituidos por personas que se consideran transgénero advierten que el hecho de formar parte de dicha categoría no define a una persona como tal, dado que la riqueza constitutiva de cada ser humano trasciende mucho más allá de tal condición.

Fue necesario contar con el concepto de género para incluir esta categoría que se considera abarcativa de todas las opciones que excluyen el binomio hombre-mujer. Entonces, dado que existen varias descripciones de género, diferenciándolo de sexo, elijo dos de ellas:

Marta Lamas (1986), una estudiosa del tema género y sus resonancias sociales, escribió: “El género, como simbolización de la diferencia sexual, se construye culturalmente y aparece diferenciado en un conjunto de prácticas, ideas y discursos entre los que se encuentran los de la religión. También hemos visto, aunque sea someramente, cómo los procesos de significación tejidos en el entramado de la simbolización cultural producen efectos en el imaginario de las personas”. Añadió una conceptualización clave: “Lo que define al género es la acción simbólica colectiva”.

Por su parte, Judith Butler (1990 ), una de las principales investigadoras del tema, sostuvo que más allá de las influencias sociales que coadyuvan en la construcción de nuestras subjetividades, nosotros/as también nos construimos. El género es “el resultado de un proceso mediante el cual las personas recibimos significados culturales, pero también los innovamos”. Elegir el género significa que una persona interprete “las normas de género recibidas de tal forma que las reproduzca y las organiza de nuevo”.

Se trata de planteos internacionalmente avalados por análisis e investigaciones rigurosas que reformulan la idea tradicional de sexo femenino y sexo masculino. Formando parte de estas concepciones surge la distinción entre identidad de género y rol de género.

Según diversos autores, la identidad de género es la experiencia personal del género, la conciencia de que uno es hombre o mujer. El rol se refiere a “las expectativas normativas definidas culturalmente que van asociadas con el género”.

La sociedad se ha construido sobre la suposición de la existencia exclusiva de dos sexos, es decir, una simbolización binaria y a partir de la percepción de que nosotros somos nuestra identidad de género.

Quienes redactan Press for Change sostienen que no hay razón para que “una pizca intangible del sujeto (su identidad) y la gama entera de componentes físicos (sus genitales, sus órganos reproductivos internos y los cromosomas ) necesariamente se desarrollen en sincronía. Identidad y componentes físicos disponen de tanta capacidad de variación, que pueden modificarse fácilmente superponiéndose o tomando direcciones opuestas”.

La gente puede encontrarse con que las sobre-simplificadas normas contemporáneas de la sociedad en la que viven la conducen a discriminaciones, porque no se reconocen las diversidades sexuales.

El uso de los términos para referirse a estas personas difiere y ha evolucionado durante el transcurso de los años en conformidad con una sofisticación creciente de la transconciencia de la gente. Recientemente la aparición del término “transgender” proporcionó un lugar para quienes se sienten en otra dimensión diferente de la que abarca el binomio hombre-mujer.

Prensa para el Cambio y las organizaciones convocantes en el mundo han dado un paso adicional y abogan por el uso del término “transgender” para describir a quienes, al expresar su sentido de identidad, entran en conflicto con las normas de género según las convenciones contemporáneas que regulan los comportamientos de cada sociedad. Lo más grave de esta situación reside en que aún resulta difícil comprender y asumir esta nueva complejidad humana, lo cual desemboca en discriminaciones de diversa índole. Y discriminar, recordemos, constituye un delito susceptible de ser sancionado.


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