Que se mueran los feos


Los feos (y las feas) siguen siendo discriminadas económicamente a la hora de conseguir trabajo por más ideología políticamente correcta que domine.


En 1965 el grupo español Los Sírex lanzó una canción que los ubicó en el primer puesto, tanto en España como en América Latina: “Que se mueran los feos”. Era un rock en castellano muy pegadizo que se cantó desde La Coruña hasta Punta Arenas y desde Monterrey hasta Algeciras. Gran parte de la canción solo decía eso: “¡Que se mueran los feos!”. Posiblemente hoy sería inadmisible que una canción semejante fuera tan popular porque vivimos bajo la dictadura de lo políticamente correcto y no está bien decir en público lo que mucha gente piensa en privado. Pero sin embargo, los feos (y las feas) siguen siendo discriminadas económicamente a la hora de conseguir trabajo por más ideología políticamente correcta que domine la época.

Un estudio publicado en PLOS One (una publicación científica con revisión de pares que edita la Public Library of Science y que está considerada la revista científica que más artículos difunde en el mundo) ha investigado que existe una relación entre la forma del cuerpo de una persona y sus ingresos familiares. Los resultados aportan más pruebas de la llamada “prima de belleza”, un fenómeno en el que las personas físicamente atractivas tienden a ganar más que sus homólogos menos atractivos. Lo interesante de esta investigación es que se diferencia de todas las anteriores sobre cómo la belleza influye en los salarios y en la posibilidad de acceder a los mejores puestos. Mientras que todas las anteriores se basaban en encuestas de opiniones, esta se basa en la medición con escáner de los cuerpos de las personas.

Desde hace unos 40 años se viene investigando la relación entre la belleza, la simpatía y los rasgos físicos de una persona y su posibilidad de acceder a un puesto mejor pago e, incluso, de conseguir el trabajo frente a otra persona con rasgos físicos que no se adapten a las normas de belleza. No hacía falta ser demasiado “feo” (o “fea”) para quedar fuera de la selección laboral. Entre dos personas, todas los estudios basados en encuestas mostraban que los empleadores preferían a aquellas que eran más bellas, más rubias, “con mejor sonrisa”, más simpáticas, “más agradables”. Incluso las preferían aunque tuvieran algunos puntos menos en cuanto a idoneidad y a desempeño que sus oponentes menos “agraciados”.

El estudio publicado en PLOS One se basa en la medición de los cuerpos de los postulantes a los empleos. “El reto fue cómo definir las formas corporales a partir de las medidas corporales, ya que estas medidas son demasiado simples para proporcionar una descripción completa de las formas corporales. En este estudio, en el que colaboré con uno de mis coautores (Stephen Baek, de la Universidad de Virginia), utilizamos datos novedosos que contienen escaneos tridimensionales de todo el cuerpo. Utilizando una técnica de aprendizaje automático de última generación, denominada autoencoder gráfico, abordamos estos problemas”, dijo Suyong Song, profesor de la Universidad de Iowa que participó del estudio. Ellos escanearon el cuerpo entero de 2.383 participantes en la muestra.

Los datos para comparar los cuerpos procedían del proyecto Civilian American and European Surface Anthropometry Resource (CAESAR), un estudio realizado por la Fuerza Aérea de Estados Unidos entre 1998 y 2000. “Los resultados mostraron que existe una relación estadísticamente significativa entre el aspecto físico y los ingresos familiares, y que estas asociaciones difieren entre los géneros”, dijo Song. “La estatura del varón tiene un impacto positivo en los ingresos familiares, mientras que la obesidad de la mujer tiene un impacto negativo en los ingresos familiares”.

Cada centímetro extra de estatura en el varón fue asociado en el estudio con un aumento de 998 dólares más en los ingresos familiares. Mientras que una unidad de disminución de la obesidad (vista en la masa corporal) de la mujer se asoció con un aumento de 934 dólares en la renta familiar. Ambos para gente que pertenece a familias que ganan 70.000 dólares anuales.

Los investigadores proponen que las empresas y los organismos estatales hagan audiencias a ciegas (sin ver a los candidatos a los puestos, valorando solo sus antecedentes y las respuestas a preguntas) para disminuir el sesgo de belleza. Lo importante de este estudio es que no se basa en lo que la gente opina sobre los candidatos a un puesto (como hacían los estudios anteriores) sino que muestra cómo le fue a cada candidato a un puesto según su altura, su delgadez y sus rasgos físicos medidos antes de la entrevista laboral.

Tenemos un problema de discriminación que es mucho menos fácil de solucionar si no comenzamos por admitirlo: la belleza nos fascina y la gente más linda nos cae mejor, pero los “feos” muchas veces son más idóneos y mejores trabajadores; y siempre son injustamente discriminados.

No, que no se mueran los feos.


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