¿Quiénes son los responsables?



INVESTIGACIÓN ESPECIAL

A la hora de mirar responsabilidades, nadie debería hacerse el distraído.

Organizadores de carreras -sobre todo de corta distancia-, un sector de los veterinarios que no dignifica su profesión, criadores y dirigentes de clubes que hacen mucho por desarrollar un hipódromo pero poco por controlar su mundo oscuro, tienen una cuota-parte de pecado.

Una buena porción de los clubes hípicos de la región parece estar más interesada en lograr un gran espectáculo con la mayor cantidad de caballos y espectadores posibles que en involucrarse en la intimidad del circuito del dopaje e intentar ponerle coto. Hay, sin embargo, dirigentes que trabajan para que haya entes reguladores y para que las provincias presten atención a lo que está pasando. En especial ahora que se ha puesto la mira en las carreras de galgos, más cerca de regularse que las de caballos.

El problema de los clubes suele ser su falta de recursos económicos, hoy lejos de solventar laboratorios de control. Las carreras les representan un fuerte gasto, con la preparación de las pistas y la contratación de boleteros, vigiladores, ambulancias, médicos, fiscalizadores de remates, pago de seguros de vida para los jockey (si lo hacen), etcétera. Con el caballo, directamente no se meten: es un problema del cuidador. Si se muere, se le murió al cuidador.

En definitiva, no hay antidoping. A lo sumo, algunos clubes hacen control de identidad del animal, para que no haya engañosos cambios.

Se hace entonces la “vista gorda”. En ese sentido, hay actores del turf que merecerían especial atención: ciertos organizadores de las competencias, que operan dentro del sistema más habitual que se conoce aquí, que es de las “carreras por anotación”. Son los que salen a buscar caballos y los que proponen competidores. Arman la lista. Y junto a ella supervisan el nivel de apuestas y cobran su buena tajada. Por caso, en una típica “a cuarto y medio” con “200.000 pesos en la raya” se suele estimular la impudicia del criador y se sella el destino insalubre del animal con la oferta de anabólicos para que se desviva en la pista.


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