Recurren a la Justicia para que les dejen ver a su hermanito
Son dos adolescentes de 13 y 16 años que quieren compartir con su medio hermano de 4 pero los adultos no las dejan.
FAMILIA
Es más sencillo de lo que parece. Dos chicas de 13 y 16 años crecen con proyectos, ilusiones y el entendible deseo de compartir momentos con su medio hermano de 4 años. Pero hace meses que no pueden porque hay adultos que les niegan ese derecho.
Con lágrimas en los ojos contaron por qué les parece descabellado perderse esos instantes felices que disfrutaron hasta hace poco y que ya no tienen. Y cómo fue que se quedaron sin más opción que recurrir a la Justicia. Dejan en claro a cada rato que para ellas las relaciones humanas tienen sinsentidos que les resulta imposible asimilar.
El caso tramita en la Justicia de Familia de esta ciudad. Las adolescentes se presentaron por primera vez en octubre de 2015 y fueron recibidas por el defensor de menores Manuel Cafferata, quien encontró válido el reclamo y buscó alguna instancia de conciliación con el padre biológico de las chicas y su nueva pareja, progenitores ambos del pequeño con quien les impiden el contacto.
Ya hubo cinco mediaciones frustradas y no les quedó otra alternativa que iniciar el juicio. El planteo es de los primeros en su tipo porque invoca derechos de los niños y adolescentes que no estaban contemplados hasta la entrada en vigencia del nuevo Código Civil y que les permiten “ser escuchados” y litigar por su cuenta, sin la tutela de un mayor.
Alma tiene 16 y estudia en la Escuela de Hotelería. Su hermana Leila tiene 13, va al colegio Castex y le gusta mucho el atletismo (los nombres son ficticios).
Sus padres están separados y hace unos años el papá formó una nueva familia y tuvo otro niño, Nehuen. Las chicas lo tuvieron en sus brazos desde bebé y mantuvieron estrecha relación hasta mediados de 2015, cuando un entredicho con la madre del pequeño complicó todo.
“Hasta ese momento estábamos mucho tiempo juntos, íbamos a la plaza, Nehuen se quedaba en casa. Pero todo se cortó”, aseguró Alma.
Desde entonces se limitan a verlo de lejos y alguna vez han compartido instantes en el jardín al que concurre, porque una maestra las conoce y les permite pasar.
Alma dijo que para ella fue especialmente triste el último 29 de marzo, día de su cumpleaños: “lo llamé a mi papá porque quería ver a Nehuen, pero me dijo que no”
Ella y su hermana admiten que todo es muy doloroso, pero están resueltas a pelear por algo que consideran justo. Dijeron que el último contacto con su hermano fue en enero, promovido por la mediación, pero se vieron en la casa actual de su padre. Ellas reclaman que la Justicia ordene encuentros periódicos en un lugar distinto y neutral, como un parque o una plaza, porque si la madre está presente “se burla, y todo es muy difícil”.
Las chicas sufren porque sienten que su hermano crece y se pierden cosas que será imposible recuperar. “Nehuen era muy cariñoso con todos y ahora apenas te saluda”, se lamentó Leila.
La madre de las adolescentes estuvo presente en la entrevista con este diario pero casi no inetervino. Sólo dijo que “la Justicia no da respuesta, los tiempos son muy largos y en las mediaciones se pactan cosas que nadie controla”. Entendió que “estar con sus hermanos es un derecho de cualquier chico”.
Una amiga suya también dio su opinión: “es muy feo verlos sufrir y que usen a los hijos como revancha. No hay violencia física pero la situación es violenta de por sí”.
Alma y Leila preferirían caminos más simples y no entienden por qué deben conseguir un abogado y transitar pasillos de Tribunales por cuestiones que deberían resolverse de otra forma. Su abogada les explicó que el reclamo que sostienen hubiera sido impensable sólo un año atrás, cuando todavía regía l antiguo Código Civil.
Entre otros aspectos novedosos, el nuevo texto establece que los niños y niñas dejan de ser “incapaces”, según explicó un especialista en derecho de familia.
Refirió que la niñez y la adolescencia tienen un “lugar central” en todo el Código, que les garantiza el derecho a ser escuchados y el respeto a su “autonomía progresiva”. También valora especialmente “el interés superior del niño” y le permite hacer valor su opinión con asistencia jurídica aun en situación de conflicto de intereses con sus progenitores.
DeBariloche
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