Relaciones

Redacción

Por Redacción

Isidoro Reyes admira a Woody Allen pero no está de acuerdo en todo con el prolífico director. Por ejemplo, no cree que la vida “se divide entre lo horrible y lo miserable”. Igual, piensa que lo más importante no es coincidir, sino aportar una mirada que estimule la reflexión. Reyes recuerda “Annie Hall”, en la que Allen –en el papel de Alvy Singer– cuenta: “Comprendí que ella era una persona estupenda y lo agradable que había sido conocerla. Y me acordé de aquel viejo chiste del tipo que va al psiquiatra y dice: ‘Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Cree que es una gallina’. El médico le contesta: ‘¿Por qué no hace que lo encierren?’. Y el tipo dice: ‘Lo haría pero es que necesito los huevos’. Creo –continúa Singer– que eso expresa lo que siento acerca de las relaciones personales. Son completamente irracionales, disparatadas y absurdas. Pero creo que las seguimos manteniendo porque la mayoría de nosotros necesitamos los huevos”. A sus 31 años, Reyes encadenó –casi sin respiro– más de una docena de “frustraciones amorosas”. Es como si necesitara una pareja para sentirse completo. Hace unos días un amigo le dijo que le contará a sus nietos que conoció a un tipo que “se llamaba Isidoro y tuvo mil novias”. –Invierto mucha energía para que mis relaciones funcionen –le dijo Reyes a su amigo. –¿Y aprendiste algo? –Mucho. Por ejemplo, descubrí que en el último tramo de mis relaciones me seco, después de haber hecho lo imposible para que no se derrumbara todo. Me esfuerzo por plantear lo que no me hace bien, pero es como si ya no me pudieran escuchar. Un día digo “no va más” y me siento liberado. Ahí me recriminan que no la peleo, que abandono el barco… –enumera levantando la voz. –Bueno, no te calentés. –¡¿Y qué querés?! –¡Sos vos el que las deja! Ellas también se frustran –intenta tranquilizarlo el amigo. –¿Y a quién le tengo que reclamar yo mi frustración? –El enojo y la frustración son fabricaciones propias. –Ok, y las expectativas las generamos nosotros mismos. Entonces, ¿por qué se responsabiliza al otro cuando no se cumplen? –pregunta Reyes. –Pasa que no todos tenemos procesos profundos de reconocimiento de lo que hay adentro. Lo importante es que no te pelees con lo que sentís –aconseja el amigo. –Puede ser que tengas razón –se calma Reyes. –Qué sé yo. Igual, si dos personas están siempre de acuerdo en todo, estoy seguro de que uno de los dos piensa por ambos.

Juan Ignacio Pereyra


Isidoro Reyes admira a Woody Allen pero no está de acuerdo en todo con el prolífico director. Por ejemplo, no cree que la vida “se divide entre lo horrible y lo miserable”. Igual, piensa que lo más importante no es coincidir, sino aportar una mirada que estimule la reflexión. Reyes recuerda “Annie Hall”, en la que Allen –en el papel de Alvy Singer– cuenta: “Comprendí que ella era una persona estupenda y lo agradable que había sido conocerla. Y me acordé de aquel viejo chiste del tipo que va al psiquiatra y dice: ‘Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Cree que es una gallina’. El médico le contesta: ‘¿Por qué no hace que lo encierren?’. Y el tipo dice: ‘Lo haría pero es que necesito los huevos’. Creo –continúa Singer– que eso expresa lo que siento acerca de las relaciones personales. Son completamente irracionales, disparatadas y absurdas. Pero creo que las seguimos manteniendo porque la mayoría de nosotros necesitamos los huevos”. A sus 31 años, Reyes encadenó –casi sin respiro– más de una docena de “frustraciones amorosas”. Es como si necesitara una pareja para sentirse completo. Hace unos días un amigo le dijo que le contará a sus nietos que conoció a un tipo que “se llamaba Isidoro y tuvo mil novias”. –Invierto mucha energía para que mis relaciones funcionen –le dijo Reyes a su amigo. –¿Y aprendiste algo? –Mucho. Por ejemplo, descubrí que en el último tramo de mis relaciones me seco, después de haber hecho lo imposible para que no se derrumbara todo. Me esfuerzo por plantear lo que no me hace bien, pero es como si ya no me pudieran escuchar. Un día digo “no va más” y me siento liberado. Ahí me recriminan que no la peleo, que abandono el barco... –enumera levantando la voz. –Bueno, no te calentés. –¡¿Y qué querés?! –¡Sos vos el que las deja! Ellas también se frustran –intenta tranquilizarlo el amigo. –¿Y a quién le tengo que reclamar yo mi frustración? –El enojo y la frustración son fabricaciones propias. –Ok, y las expectativas las generamos nosotros mismos. Entonces, ¿por qué se responsabiliza al otro cuando no se cumplen? –pregunta Reyes. –Pasa que no todos tenemos procesos profundos de reconocimiento de lo que hay adentro. Lo importante es que no te pelees con lo que sentís –aconseja el amigo. –Puede ser que tengas razón –se calma Reyes. –Qué sé yo. Igual, si dos personas están siempre de acuerdo en todo, estoy seguro de que uno de los dos piensa por ambos.

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